Territorio & Poder
ENCENDAMOS EL CENTRO HISTÓRICO
La alerta de los comerciantes exige un acuerdo de ciudad: servicios que funcionen, seguridad para recorrer el Centro y una programación que mantenga activa su economía, con compromisos públicos y resultados.
Por Víctor Rodríguez Fajardo
Encender el Centro Histórico empieza por hacer que allí se pueda vivir con tranquilidad, trabajar con dignidad y disfrutar de Santa Marta. Los comerciantes necesitan una respuesta que se vea en las calles, se sienta en los negocios y devuelva confianza a quienes llevan el sustento a sus hogares con lo que venden cada día.
La Corporación Centro Histórico reportó, durante el receso escolar de octubre, caídas de ventas de entre el 45 % y el 60 % y una ocupación hotelera del 30 % en la zona. Para dimensionar esa caída, hace falta precisar el período con el que se compararon las ventas. La alerta también incluye dificultades de servicios públicos, inseguridad, deterioro urbano y altos costos operativos. Son problemas que golpean a comerciantes, trabajadores y residentes.
Desde Opinión Caribe proponemos un plan de 90 días, encabezado por la Alcaldía, con la Gobernación, la Cámara de Comercio y la Corporación Centro Histórico, y la participación de prestadores, empresarios y comunidad. En los primeros quince días debe publicarse una agenda con prioridades, responsables, costos estimados y alternativas de financiación. Esta primera fase debe resolver urgencias y programar las intervenciones mayores.
El primer compromiso es recuperar las condiciones para funcionar. Alcaldía y prestadores deben acordar intervenciones en energía, agua, alcantarillado, alumbrado y aseo. Un restaurante necesita agua y energía para abrir; una familia también las necesita para vivir. Por ahí comienza la recuperación.
El segundo compromiso es garantizar seguridad y facilitar la llegada. La vigilancia debe cubrir los horarios del comercio y la programación cultural. Necesitamos recorridos iluminados, transporte y accesos organizados. La seguridad debe sentirse también al cerrar el negocio y durante el regreso a casa de sus trabajadores. Caminar por el Centro debe resultar cómodo para familias, adultos mayores y personas con discapacidad.
El tercer compromiso es construir una programación permanente. Recorridos patrimoniales, jornadas gastronómicas y encuentros culturales pueden convocar a los samarios y darles razones a los visitantes para quedarse y regresar. Hoteles, restaurantes, comercios y gestores culturales deben organizar juntos esa oferta. La actividad económica necesita continuidad entre temporadas.
Los residentes deben participar desde el comienzo en los acuerdos sobre horarios, ruido, residuos y espacio público. La recuperación también se mide en la tranquilidad del vecino, una acera transitable y el cuidado del patrimonio. Quienes habitan el Centro tienen derecho a beneficiarse de ella.
Los empresarios deben ofrecer precios claros, buena atención y oportunidades para proveedores, artesanos y pequeños prestadores locales. La Cámara de Comercio puede acompañar a los pequeños negocios para mejorar sus ventas y orientarlos sobre financiación. Al Distrito le corresponde agilizar los trámites que estén bajo su responsabilidad.
Cada quince días debe publicarse qué se cumplió, qué sigue pendiente y cómo evolucionan las ventas, la ocupación y la experiencia de comerciantes y residentes. Las mediciones deben permitir comparar resultados y corregir lo que falle.
Los samarios también podemos volver al Centro, comprar en sus negocios y disfrutar su gastronomía. Esa invitación debe estar respaldada por condiciones que hagan agradable la experiencia.
Encendamos el Centro Histórico con una tarea concreta para cada actor. Que Pedro Pueblo lo sienta en la caja del pequeño negocio, en el trabajo del mesero, en la venta del artesano y en la tranquilidad de su casa. Ahí debe verse la recuperación.