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Miremos el censo agropecuario 2014 Por: Cecilia López Montaño

Opinión Caribe

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cecilia_lopezLa triste historia del sector agropecuario le está pasando la cuenta al país de años de indiferencia del gobierno nacional en general, y mucho más de las administraciones departamentales y municipales. Con el argumento de que este país es cada vez más urbano, lo cual es cierto, se dejó de mirar el agro y se dejó crecer el enriquecimiento de los grandes terratenientes. A los ministros de agricultura solo se les tenía en cuenta en el equipo económico, cuándo como ahora, la inflación se explica por el alza de precios de los alimentos. Pero a la hora de repartir presupuesto las prioridades siempre fueron otras. Para no mencionar la politización creciente de las instituciones dedicadas al campo. Un refugio de las cuotas de los clanes de políticos han sido estas entidades con muy pocas excepciones.

Tal vez, lo que nos faltó a muchos, inclusive a aquellos que luchamos porque el estado en general mirara los problemas del campo, es haber sido más enfáticos en que eran las áreas rurales los escenarios de ese cruel conflicto armado que aún vivimos. Probablemente, ese desprecio que la población urbana ha tenido por la guerra que solo tocó algunas veces las ciudades- eso sí de manera muy cruel- podría ayudar a entender por qué el campo colombiano solo ahora se identifica como una prioridad.

Uno de los problemas más serios que ha vivido la actividad del campo colombiano ha sido la carencia de cifras oficiales. Por más de 4 décadas, los únicos datos disponibles sobre producción por ejemplo, han sido los de los gremios agropecuarios que en general se ocupan de las grades plantaciones y no siempre de la producción campesina. Pero finalmente está realidad empieza a cambiar.

Después de más de 4 décadas sin información censal en el área rural, en 2014 se realizó el Censo Agrario que identificó las características de las unidades productivas de la población dispersa (7 u 8 millones de personas). Sin embargo, debe precisarse que este Censo no incluye el resto de población definida como nueva ruralidad. Es decir, quedan por fuera cerca de 6 millones de población que dependen de alguna manera de la vida rural.

Algo muy interesante que ha sucedido, es que sin mucha información los análisis rurales realizados por especialistas colombianos, que solo ahora se valoran, coinciden de alguna manera con la penosa realidad registrada por el Censo. Claro hay una buena noticia que el Gobierno resalta permanentemente, tenemos 7 millones de hectáreas cultivadas y no 5 o 4 como se llegó a decir. Y muchos de los otros datos se interpretan de distinta manera. Por ejemplo, el hecho de que los pequeños campesinos, arrinconados en pequeñas parcelas más parecidas a micro-fundios, produzcan solo para su autoconsumo, ha sido interpretado por algunos como una buena noticia porque según ellos esto significa que se han sobre dimensionado las cifras de pobreza rural. La verdad es que lo que significa es la poca capacidad de estos pequeños productores para ser eficientemente productivos.

Es hora entonces de empezar a examinar los primeros resultados del Censo que después de 45 años se realizó en el 2014, que deben complementarse cuando el DANE siga entregando información censal. Solo para empezar, la conclusión más contundente es que Colombia ha vivido durante los últimos 45 años una gran contra-reforma agraria. Prácticamente el 70% (69,9% para ser exactos), de las unidades de producción agrícola (UPA), tienen menos de 5 hectáreas y ocupan menos del 5% del área censada. Es decir, si no se actúa rápidamente para revertir esa tendencia, los campesinos se ubicarán en micro-fundios y su diario vivir será mucho más precario que hoy. Pero al mismo tiempo, el censo revela que el 0,4% de la unidades de producción agrícola, UPA, tienen 500 hectáreas o más y ocupan el 41,1% de la tierra censada y aún más grave, el 0.2% de las UPA tienen más de 1.000 hectáreas y ocupan el 32,3 % del área censada (López, C. 2015). Este es sencillamente el abrebocas para empezar la discusión.

 

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