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Editorial & Columnas

Descentralicemos la tecnocracia

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Por: Iván David Correa Acosta

La tecnocracia colombiana es ese término difuso que siempre hemos escuchado demasiado en las discusiones económicas y política del país, ese término que se ha usado desde hace años para nombrar a esa elite técnica que ha dominado las discusiones macroeconómicas del país y que siempre ha garantizado de cierta forma, la estabilidad financiera del país desde la constitución de 1991. Esta tecnocracia siempre ha dominado las instancias decisorias más importantes a nivel económico, como lo es el Banco de la República, el Departamento Nacional de Planeación y por supuesto, la junta de codirectores del Banco de la República.

Esta tecnocracia tiene su génesis en la reforma constitucional de 1968, llevada a cabo en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, que crea y consolida el Departamento Nacional de Planeación, comienza a fortalecer la planeación de políticas públicas como eje fundamental de los programas de gobierno, además de que en la práctica significó también la llegada de economistas a los más altos cargos económicos, dado que la práctica tradicional era que los ministros de hacienda y los directores del Banco de la república, eran, sí, abogados. Esta reforma y los ánimos modernizadores del presidente Lleras Restrepo trajo consigo la llegada de un perfil que ha sido el común denominador de lo que ha significado la tecnocracia colombiana desde entonces: Economistas bogotanos, graduados de la Universidad de los Andes, con posgrados en Estados Unidos, con una visión ortodoxa y totalmente desconectados de la realidad social colombiana. El primer kínder conocido fue el de Lleras Restrepo, con economistas como Rodrigo Botero, Roberto Junguito, Eduardo Wiesner, Armando Montenegro, entre muchos otros. Economistas de la Universidad de los Andes, con perfiles cuasi similares, que dominarían la política económica de Colombia unos 20 y 30 años después.

Precisamente el propio Guillermo Perry, ex ministro de hacienda en el Gobierno Samper, en su libro póstumo “Decidí Contarlo”, (libro que recomiendo), hace una apología y una crítica de esta problemática que afecta precisamente esa conexión entre esa elite económica y la necesidad de que esa tecnocracia sea mucho más amplia y heterogénea. Situación que reconozco que ha denunciado además el propio gobierno Petro, que ha hecho un especial énfasis en las formas de la tecnocracia, haciéndole incluso contrapeso a los tradicionales tanques de pensamiento tecnocráticos como la ANIF y Fedesarrollo. Sin embargo, la solución ha sido la llegada de economistas demasiado heterodoxos, que en vez de aportar un enfoque diferente a la política económica, han decidido destruir el sistema anterior, sin dejar una solución pronta y clara sobre el rumbo de nuestra macroeconomía.

Esta columna no tiene como objeto únicamente denunciar algo que ya es de por sí obvio, sino llevar la discusión hacia los centros de pensamientos regionales, hacia las facultades de economía de las universidades públicas y privadas de las regiones, sacar el liderazgo de los temas macroeconómicos hacia esas aulas, hacia la diversificación de los centros y los tanques de pensamientos, aportar nuevas corrientes y desarrollos económicos, y descentralizarnos como economía, llevar a muchas más mujeres economistas, a muchos más economistas de las universidades públicas del país, conozco de primera mano el trabajo que ha hecho el programa de economía de la Universidad del Magdalena y sé de su impacto en la región en los respaldos en las discusiones y la firmeza en las propuestas que ofrece. La tecnocracia tiene que ampliarse, sin duda, el gobierno aportó al llevar una discusión que estaba en los círculos del poder por años a la palestra pública, pero la idea no es satanizar ninguno de los dos lados, sino poder aportar desde la creación de políticas publicas regionales el por qué, el cómo, el dónde y el cuando hacer una verdadera creación de políticas macroeconómicas desde las regiones, y eso no necesariamente pasa por las aulas uniandinas, pasa por Colombia en su conjunto.