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Editorial & Columnas

Las madres que mantienen de pie al Magdalena

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Por: Ives Danilo Diaz Mena

En el Magdalena hay una forma de liderazgo que no aparece en los discursos ni

en las campañas, pero sostiene todo lo demás: el de las madres.

 

Se levantan antes que el sol.

Organizan lo que no alcanza.

Multiplican lo que falta y siguen, incluso cuando nadie las está mirando.

No tienen cargo público, pero administran crisis todos los días.

No hacen promesas, pero cumplen.

No hablan de sacrificio, lo practican.

 

En muchos hogares de Santa Marta y del departamento, la madre no solo es

madre. Es también sustento, guía, equilibrio y, muchas veces, la única presencia

constante. Es quien resuelve cuando no hay empleo, quien cuida cuando el

sistema no responde, quien empuja cuando todo parece detenerse.

Y aun así, rara vez aparece en las cifras.

 

Hablamos de desarrollo, de crecimiento, de futuro. Pero pocas veces

reconocemos que gran parte de ese futuro se construye en silencio, en casas

donde una madre decide no rendirse.

 

Hay madres que sacan adelante a sus hijos vendiendo en la calle.

Otras que hacen malabares entre trabajo y estudio.

Algunas que han tenido que ser fuertes demasiado temprano.

Y muchas que han aprendido a sostener a otros sin tener quién las sostenga a

ellas.

Ese es un país que no siempre vemos.

El del esfuerzo que no se mide en indicadores.

El del amor que no se reporta en informes.

El de la resiliencia que no tiene descanso.

 

En el Magdalena, hablar de las madres es hablar de estructura social.

 

De lo que funciona cuando todo lo demás falla.

De lo que mantiene en pie lo que a veces parece caerse.

Por eso este día no debería quedarse en palabras bonitas.

Debería servirnos para hacernos una pregunta más profunda:

¿qué tanto estamos acompañando a quienes siempre han estado ahí?

Porque reconocer no es suficiente.

También hay que corresponder.

 

El futuro del Magdalena no solo se construye con planes y proyectos.

Se construye garantizando que esas madres tengan más oportunidades, más

apoyo y menos carga.

Que no tengan que hacerlo todo solas.

 

Que no tengan que elegir entre trabajar y cuidar.

Que no tengan que resistir más de lo que deberían.

 

Hoy no es solo un día para celebrar.

Es un día para entender.

Que muchas veces, el verdadero liderazgo no hace ruido.

Pero sostiene todo.

Y que si esta tierra sigue de pie…

es, en gran parte, porque sus madres nunca se rinden.

“El verdadero futuro de una tierra se reconoce en cómo viven las madres que la sostienen.”

Por eso, en este día, más que una felicitación, quise hacer un reconocimiento. A todas las madres que sostienen esta tierra en silencio… y de manera muy especial, a la mía, a mí abuela, porque me enseñaron que el carácter también se hereda.