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Editorial & Columnas

UN MAGDALENA CON VISIÓN ESTRATÉGICA (II)

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Es de significar que sería esta iniciativa, fundamentada en una visión estratégica, un enfoque para la creación de nuevos centros urbanos en armonía con la naturaleza, enmarcado en contexto de asentamientos poblacionales y soberanía territorial, concebidos dichos asentamientos como espacios organizados y consensuados entre comunidades y autoridades para desarrollar relaciones sociales, económicas, culturales y ambientales de manera integrada, lo que nos ayudaría en mucho de cara al porvenir, además de afianzarnos y posicionarnos en la línea segura de un óptimo desarrollo social, humano y en cuanto a un bien soportado crecimiento económico, con lo que ello importa, traduce y representa.

 Es esto de los circuitos, círculos o zonas de desarrollo, planteamiento que bien puede inscribirse en un contexto estratégico territorial para la creación de nuevos centros geopolíticos definidos según expresos criterios de ordenamiento territorial y condiciones biofísicas en equilibrio entre la satisfacción de necesidades económicas, la estabilidad sociocultural de las comunidades y la conservación de los recursos naturales, respaldado por soporte técnico y financiero adecuado, en la verdad que, como sostiene John Friedmann, (16- ABR- 1926 / 11-JUN-2017), profesor honorario en la Escuela de Planificación Comunitaria y Regional de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Canadá, y profesor emérito en la Escuela de Asuntos Públicos Luskin de la UCLA, es la planificación regional un proceso político que busca redistribuir oportunidades en el espacio, lo que permite desarrollar un enfoque de planificación innovadora, en el entendido y la comprensión que la planificación es técnica y políticamente un proceso político orientado a la transformación social y territorial.

 Experiencias internacionales en distintos países demuestran que dichas zonas de desarrollo no son para nada fórmulas mágicas, más sí herramientas poderosas si se diseñan con visión territorial, sostenibilidad y equidad, que requerirían -en primer lugar, un marco normativo específico que regule incentivos fiscales, uso de suelo y gobernanza; una coordinación intergubernamental con el nivel departamental y nacional potente, a efecto que no se dificulte la ejecución de proyectos integrales a largo plazo; -como segundo paso, infraestructura estratégica, esto es, caminos, energía, conectividad digital y logística, ya que la falta de caminos y servicios básicos, así como la topografía accidentada y la dispersión poblacional encarecen los costos de implementación de plataformas logísticas; -como tercer paso, es impulsar un plan maestro multiescalar que combine infraestructura, sostenibilidad, formación técnica y eficiencia energética, a la par que se deben tener en cuenta estudios que apunten a la reducción de costos logísticos y de transporte, especialmente si no se cuenta con infraestructura vial adecuada, toda vez que la ventaja competitiva dependerá en gran parte de una inversión integral en conectividad y servicios básicos; de igual manera, entender que la ausencia de un plan de ordenamiento territorial actualizado y consensuado puede generar conflictos entre actores sociales, comunarios y autoridades; -en cuarto lugar, buscar cooperación internacional y alianzas público-privadas para financiar infraestructura y formación, puesto que la planificación estratégica y la gestión de proyectos como las zonas propuestas, requieren capacidades técnicas especializadas que deben fortalecerse en las administraciones municipales; y, -en quinto lugar, robustecer la planificación participativa y el ordenamiento territorial, integrando saberes locales, criterios biofísicos y aprovechar al máximo la desconfianza histórica hacia proyectos que puedan generar resistencia si no se garantiza una gobernanza participativa y beneficios tangibles para las comunidades locales.

 Incluir el componente de capacitación tecnológica es uno de los aspectos más sólidos, en atención a que los ecosistemas de innovación en territorios periféricos, siempre benéficos, requieren no sólo infraestructura, sino también capital humano calificado y redes de colaboración; debiéndose tener presente que para garantizar su efectividad, debe articularse con universidades, institutos técnicos y organizaciones comunitarias, evitando un enfoque exclusivamente top-down, esto es de arriba abajo, como enfoque que desglosa un sistema, problema o diseño complejo desde una visión general hacia los detalles específicos, mismo que se utiliza en gestión para la toma de decisiones jerárquicas. 

 En el expuesto contexto, es claro que un departamento concebido bajo criterios de planificación integral y con un crecimiento urbano articulado a redes viales constituye un elemento decisivo para potenciar y diversificar la actividad agropecuaria y demás otras, consolidando así una plataforma de desarrollo sostenible y resiliente.

 Esta propuesta, considero, posee el potencial de transformarse en un modelo alternativo de desarrollo territorial, siempre que se sustente en una planificación participativa, en una comprensión profunda de las dinámicas del territorio y en una articulación efectiva entre actores públicos, privados y comunitarios; y su seguro éxito, de resolverse previamente aspectos críticos como la delimitación del radio urbano, la definición de competencias intergubernamentales, la disponibilidad presupuestaria y la generación de valor agregado bajo principios de equidad territorial y sostenibilidad ecológica, lo mismo que dependerá de la capacidad de implementar una visión estratégica con enfoque bottom-up, que fomenta una mayor aceptación por parte de los miembros del equipo y mejores relaciones, ya que todos tienen la misma oportunidad de influir en las decisiones y en los resultados del proyecto, independientemente de su jerarquía. *Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público. Analista. Conferenciante. Columnista