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Innovar para sobrevivir: una carta abierta a la nueva ministra de Ciencia

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Por: Gerardo Angulo Cuentas

gerardo@angulo.com.co

 

Señora ministra:

 

Permítame comenzar con una idea sencilla: Colombia necesita dejar de preguntarse únicamente cómo innovar para crecer y empezar a preguntarse cómo innovar para sobrevivir.

 

Durante décadas hemos entendido la innovación principalmente como una herramienta para aumentar la competitividad, mejorar la productividad o conquistar mercados internacionales. Todo eso sigue siendo importante. Pero la historia nos está recordando que, antes de competir, los países deben garantizar su propia viabilidad.

 

Las naciones no innovan solamente porque quieran ser más ricas. Muchas innovan porque no tienen otra alternativa.

 

Ucrania es quizá el ejemplo más evidente de nuestro tiempo. Cuando comenzó la invasión rusa, pocos creían que el Estado ucraniano resistiría más de unas semanas. Sin embargo, cuatro años después, el país no solo continúa defendiendo su soberanía, sino que ha desarrollado una extraordinaria capacidad para innovar bajo condiciones extremas.

 

Lo interesante no es únicamente la velocidad con la que desarrolló nuevas soluciones. Lo verdaderamente revelador es que esas capacidades, creadas inicialmente para sobrevivir, hoy comienzan a convertirse también en una ventaja competitiva internacional. Tecnologías, sistemas, procesos y conocimiento desarrollados en medio de la guerra empiezan a despertar el interés de otros países y a transformarse en nuevas exportaciones, nuevas alianzas y nuevas fuentes de ingreso.

 

La lección es profunda: innovar para sobrevivir puede terminar convirtiéndose en una poderosa forma de competir.

 

Colombia enfrenta una realidad distinta. Nuestro desafío no proviene de una invasión extranjera, sino de amenazas internas que durante décadas han limitado la capacidad del Estado para ejercer plenamente su presencia en todo el territorio. A ello se suma una segunda amenaza: organizaciones armadas ilegales que buscan sustituir o disputar funciones propias del Estado.

 

No son problemas nuevos. Lo nuevo es comprender que también deberían redefinir nuestras prioridades de innovación.

 

Durante años hemos construido políticas científicas pensando, sobre todo, en fortalecer la investigación, promover el emprendimiento o estimular la transferencia tecnológica. Todo ello es necesario. Sin embargo, quizás llegó el momento de formular una pregunta diferente:

¿Cuál es el propósito estratégico de la innovación colombiana?

Responder esa pregunta es mucho más importante que decidir cuáles serán los próximos instrumentos de financiación.

 

El economista Dan Breznitz ha mostrado que los países pueden innovar exitosamente siguiendo trayectorias muy diferentes. No existe un único modelo nacional de innovación. Cada nación desarrolla capacidades distintas de acuerdo con su historia, su estructura productiva y sus ventajas.

 

Por su parte, Mariana Mazzucato ha defendido la necesidad de construir grandes misiones nacionales capaces de movilizar al Estado, las empresas, las universidades y la sociedad alrededor de objetivos compartidos.

 

Ambos aportes son fundamentales. Pero Colombia necesita dar un paso adicional.

Antes de escoger un modo de innovación o diseñar una misión nacional, debemos responder una pregunta anterior: ¿para qué necesita innovar Colombia en este momento de su historia?

Mi respuesta es que necesita innovar, primero, para garantizar su viabilidad como Estado y como sociedad.

 

Eso no significa militarizar la política científica. Significa reconocer que la ciencia, la tecnología y la innovación pueden convertirse en herramientas para fortalecer la presencia institucional, ampliar oportunidades, recuperar territorios, mejorar la seguridad cotidiana y construir confianza entre el Estado y los ciudadanos.

 

Desde esa perspectiva, las grandes misiones nacionales podrían diseñarse con un triple propósito.

 

El primero, resolver problemas cotidianos que afectan directamente la calidad de vida de millones de colombianos.

 

El segundo, fortalecer las capacidades del Estado para enfrentar y reducir las amenazas que ponen en riesgo la convivencia y la institucionalidad.

 

Y el tercero, crear condiciones que hagan posible una paz sostenible, donde negociar deje de ser una señal de debilidad y se convierta en el resultado de una sociedad más fuerte, más presente y con mayores capacidades.

 

No se trata de escoger entre desarrollo y seguridad. Se trata de comprender que ambos pueden construirse simultáneamente mediante innovación.

 

La experiencia ucraniana también deja otra enseñanza valiosa. Las capacidades desarrolladas para responder a una necesidad urgente pueden terminar generando ventajas competitivas inesperadas.

Colombia posee enormes desafíos en salud, biodiversidad, transición energética, agricultura tropical, logística, educación, gestión del agua, prevención de desastres y transformación territorial. Si somos capaces de resolver esos problemas mediante ciencia e innovación, es posible que terminemos desarrollando soluciones que también interesen al resto del mundo.

La competitividad internacional sería entonces una consecuencia del propósito estratégico, no su punto de partida.

 

Quizá ahí reside el principal cambio de enfoque.

No preguntarnos únicamente cómo competir para crecer.

Preguntarnos cómo sobrevivir para después competir.

 

Señora Ministra, usted tiene la oportunidad de impulsar una conversación nacional diferente.

Una conversación donde la política científica no sea vista como un conjunto de convocatorias aisladas, sino como una estrategia de construcción de capacidades para el futuro del país.

Una conversación donde universidades, empresas, Estado y sociedad compartan un propósito común.

 

Una conversación donde la innovación deje de ser una política sectorial y se convierta en un proyecto de nación.

Colombia aún tiene una ventaja que Ucrania no tuvo.

 

Nosotros todavía podemos decidir nuestro propósito estratégico antes de que la historia lo imponga de manera irreversible. Aprovechar esa oportunidad depende, en buena medida, del liderazgo que ustedes construyan desde el Gobierno Nacional.

 

Porque las naciones que sobreviven no son necesariamente las que tienen más recursos.

Con frecuencia son las que descubren, a tiempo, para qué necesitan innovar.