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Fentanilo: El medicamento que cura y la droga que mata

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Fentanilo: El medicamento que cura y la droga que mata

Un paciente con una grave lesión cerebral recibe fentanilo en una UCI de Santa Marta. Entretanto, la información divulgada sobre un operativo policial reporta el hallazgo de 500 ampollas en una encomienda que viajaba hacia la ciudad. Dos historias que obligan a distinguir el uso terapéutico de una sustancia y los riesgos de su circulación fuera del control sanitario.

 

Por Víctor Rodríguez Fajardo

La información recibida para esta nota da cuenta de un paciente que permanece en coma inducido en una Unidad de Cuidados Intensivos de Santa Marta, después de una intervención quirúrgica por una lesión cerebral ocasionada por un proyectil. Dentro de su tratamiento recibe fentanilo.

La precisión es necesaria desde el comienzo: el fentanilo no cura la lesión cerebral. Controla el dolor y puede integrar los esquemas de sedoanalgesia utilizados en pacientes críticos.

Esta explicación describe una aplicación médica general. No constituye una valoración del tratamiento particular, cuya indicación, dosis y seguimiento corresponden al equipo responsable.

El nombre puede alarmar. Durante los últimos años, “fentanilo” se ha asociado internacionalmente con sobredosis, adicción y muerte. Esa asociación responde a una realidad gravísima, pero cuenta solamente una parte de la historia.

El fentanilo nació como medicamento.

Desarrollado en 1959 e incorporado posteriormente a la práctica anestésica, es un opioide sintético cuya potencia analgésica puede ser aproximadamente 100 veces la de la morfina. Tiene aplicaciones en anestesia y control del dolor.

EL FENTANILO DE LA UCI

En cuidados intensivos puede emplearse para controlar el dolor y formar parte de esquemas que combinan analgesia y sedación.

Que un paciente en coma inducido reciba fentanilo no permite concluir, por ese solo hecho, cuál es su evolución o pronóstico.

Tampoco significa que el medicamento carezca de riesgos. Incluso en su presentación farmacéutica puede causar depresión respiratoria, por lo que exige dosificación cuidadosa y vigilancia profesional. La supervisión permite controlar esos riesgos; no los elimina.

Existe, por tanto, un uso científico, terapéutico y legítimo del fentanilo. El problema aparece cuando se administra sin las condiciones necesarias o circula por fuera de la cadena autorizada.

500 AMPOLLAS CAMINO A SANTA MARTA

La información divulgada sobre el operativo en la ruta Barranquilla–Santa Marta reporta que la Policía encontró 500 ampollas de fentanilo dentro de una caja transportada como encomienda en un vehículo de servicio público.

Opinión Caribe no dispone del boletín original ni de documentación oficial suficiente para establecer la concentración, autenticidad, origen, destinatario y trazabilidad del producto.

Ese vacío delimita lo que puede afirmarse y abre las preguntas centrales.

¿Quién despachó la encomienda y quién debía recibirla?

¿Qué fabricante, marca y número de lote figuraban en los envases? ¿Tenían registro sanitario? ¿Existían facturas, autorizaciones y documentos de transporte?

¿Se trataba de medicamento legítimamente fabricado que posteriormente fue desviado, o de producto falsificado?

La presentación en ampollas no resuelve esas preguntas. Tampoco basta conocer su volumen: sin la concentración no puede establecerse la cantidad de principio activo contenida en cada envase.

Colombia tiene antecedentes de incautaciones de fentanilo farmacéutico que el Ministerio de Justicia ha relacionado con el desvío de medicamentos hacia mercados ilegales. Ese antecedente orienta una hipótesis de investigación, pero no demuestra el origen de esta encomienda.

LA OTRA CARA

El fentanilo producido clandestinamente puede circular en polvo, mezclado con otras drogas o incorporado a comprimidos falsificados. La incertidumbre sobre su composición y dosificación aumenta el peligro de intoxicación.

Una sobredosis puede disminuir o detener la respiración y provocar la muerte. Ese riesgo también existe con el fentanilo farmacéutico cuando se utiliza de manera inadecuada.

Por eso sería equivocado demonizar un medicamento con aplicaciones esenciales. Pero sería igualmente irresponsable minimizar su desvío, comercialización clandestina o administración sin control.

LA PREGUNTA QUE DEJA LA ENCOMIENDA

La investigación debe establecer qué contenían realmente las ampollas y reconstruir su recorrido.

Si pertenecían al circuito farmacéutico legal, corresponde determinar dónde, cómo y bajo responsabilidad de quién pudieron abandonar la cadena autorizada. Si eran falsificadas, la pregunta se extiende a su fabricación y distribución.

Incautar la caja es apenas una parte de la historia.

El fentanilo conserva su potencia y sus riesgos. Lo que cambia es quién lo controla, para qué se utiliza, cómo se administra y bajo qué condiciones circula.

Esa diferencia puede ser, literalmente, la que existe entre aliviar el dolor y provocar la muerte.