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Juan Carlos Vives Menotti: Su huella queda en el nombre de Santa Marta

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Juan Carlos Vives Menotti: Su huella queda en el nombre de Santa Marta

El Magdalena despide a uno de sus hijos ilustres. Hombre público y cercano, llevó las aspiraciones de su territorio al Congreso e impulsó la iniciativa que convirtió a Santa Marta en Distrito Turístico, Cultural e Histórico. Su partida deja dolor entre quienes lo quisieron y un legado que merece permanecer en la memoria regional.

Por Víctor Rodríguez Fajardo

Hay hombres cuya huella permanece en las instituciones y en el afecto de quienes los conocieron. Juan Carlos Vives Menotti deja ambas: un lugar en la historia pública del Magdalena y un recuerdo cercano entre las personas que compartieron su camino.

Hoy su despedida reúne esas dos dimensiones. La del dirigente que asumió responsabilidades regionales y nacionales, y la del hombre cuya presencia formaba parte de conversaciones, encuentros y vínculos construidos a lo largo de una vida.

Fue un hombre público y cercano. En nuestra tierra, esa cercanía tiene un significado profundo: los nombres de la política también son rostros conocidos, personas con las que se conversa y se comparte, más allá de las circunstancias del cargo.

Hijo de José Ignacio «Nacho» Vives Echeverría y de Silena Menotti, Juan Carlos perteneció a una familia profundamente vinculada con la historia del Magdalena. Recibió ese legado y construyó su propio recorrido como congresista, superintendente de Servicios Públicos, gobernador del departamento entre 1998 y 2000 y viceministro del Interior.

Pero uno de sus aportes más significativos sigue presente cada vez que pronunciamos el nombre institucional de Santa Marta.

Como representante a la Cámara, impulsó la iniciativa para elevarla a Distrito Turístico, Cultural e Histórico. En la exposición de motivos del proyecto de 1988 defendió las razones históricas, culturales y turísticas de la ciudad, su patrimonio y su riqueza natural. Buscaba un régimen especial que reconociera esas condiciones y facilitara su desarrollo.

Aquella aspiración se convirtió en realidad mediante el Acto Legislativo 3 del 29 de diciembre de 1989. Posteriormente, la Constitución de 1991 conservó el régimen y carácter del Distrito en su artículo 328.

Ese aporte merece un lugar central en su memoria. Juan Carlos llevó al Congreso una aspiración de Santa Marta y contribuyó a darle expresión jurídica. Ayudó a abrirle a la ciudad un espacio institucional acorde con su identidad y sus posibilidades.

La condición de Distrito es parte de su legado: una conquista que permanece más allá de los gobiernos y que sigue planteando responsabilidades frente al patrimonio, la cultura y el desarrollo turístico de nuestra ciudad.

Su vínculo con la memoria samaria también tuvo expresión durante su paso por la Gobernación. Solicitó al Ministerio de Cultura la declaratoria del antiguo Hospital San Juan de Dios como bien de interés cultural de carácter nacional, reconocida en 1999. En ese edificio, como en tantos lugares de Santa Marta, la arquitectura conserva una parte de lo que somos.

Sin embargo, ninguna relación de cargos y gestiones alcanza a expresar por completo lo que significa esta despedida.

Para su familia y sus amigos, la ausencia tiene otra medida. Está en la conversación que hará falta, en el encuentro que ya no podrá repetirse, en los recuerdos que adquirirán un valor todavía mayor con el paso de los días. Allí permanece el Juan Carlos cercano, el ser querido, la persona cuya vida estuvo entrelazada con la de otros.

El Magdalena despide a un dirigente que formó parte de su historia. Quienes lo quisieron despiden a alguien que formó parte de sus vidas. Ambas memorias merecen respeto y un lugar en estas palabras.

Desde Opinión Caribe expresamos nuestras condolencias a sus familiares, amigos y a todos los que hoy sienten su partida. Los acompañamos con solidaridad y afecto en este momento de dolor.

Descanse en paz, Juan Carlos Vives Menotti.

Su huella queda en el nombre de Santa Marta. Su recuerdo, en quienes lo llevaron cerca.