Connect with us

Editorial & Columnas

La Sierra Nevada de Santa Marta: región de Paz

Published

on

Por: Ricardo Villa Sánchez

Continúa la iniciativa de diálogo social, para avanzar, de buena fe, a compromisos que permitan transformar el territorio, en el lugar más hermoso del mundo: La Sierra Nevada de Santa Marta. Lugar emblemático del caribe y equilibrio del planeta, matriz fundacional de nuestro país, territorio ancestral, espiritual, energético, en el que han pasado tantas cosas en su historia, que quizás pronto avancemos en esclarecer la verdad, ante diversos, y perversos, cambios de mano en las violencias y en la delincuencia, que le han hecho mucho daño al territorio pero que también han ocasionado choques culturales, holísticos y fenómenos sociales que se han arraigado, y entre las crisis, que, de acuerdo con las voluntades de paz y de reconciliación, y con el apoyo del gobierno y la concurrencia de actores claves,  se generan oportunidades de inclusión productiva, de participación en las dinámicas económicas, por las vías legales y, por defecto, sin armas, para la transformación del territorio.

Es necesario, para estas iniciativas de paz en la Sierra Nevada, por demás justo, tener en cuenta al liderazgo social y político del territorio. Es importante rodear el proceso desde la sociedad civil organizada, que ha sido golpeada por el espiral de violencias en la Sierra Nevada de Santa Marta y, aún así, resiste. También, impajaritable, sea un espacio incluyente en el que desde el diálogo social, sin cálculos políticos y dejando a un lado protagonismos e intereses particulares, se hable con todo el mundo, sin dogmatismos ni ambigüedades, para que la gente quede organizada y con iniciativas productivas que le posibiliten una vida digna. Es un proceso de nosotros. De los que han padecido los efectos de la violencia, de los que quieren invertir, de los que se resisten, de los que quieren dejar la violencia atrás, de los que quieren recuperar el buen vivir, con voluntad de cambio.

Se insiste en esta máxima: no se puede construir paz sin seguridad humana. Las responsabilidades iniciales con los actores armados con presencia en el territorio, deben partir de la disminución de las violencias, de pactos que impliquen aportes significativos a la verdad para el desmantelamiento de las economías ilegales; de comprometerse a no utilizar ni usar a los menores de edad en la delincuencia y en las peores formas de trabajo infantil, que también son delitos, como las violencias sexuales, el abuso y la violación; y de no hostigar a la participación ciudadana.

En ese sentido, es también clave el fortalecimiento de la fuerza pública y, hasta, así parezca un reto o retroceso, sería procedente considerar reducir la jurisdicción del batallón de alta montaña, con asentar bases especificas en los 3 municipios de influencia del proceso: Santa Marta, Ciénaga y Dibulla y sus principales corregimientos de esta zona rural, para proteger a la ciudadanía y de cara al proceso de paz.

Contemplar también establecer como región de paz a la Sierra Nevada de Santa Marta, para un pacto territorial por su desarrollo humano sustentable, ya que cuenta con las condiciones para esto, dentro del marco de la política estatal de paz, previo las reglamentaciones pertinentes, de las que el Pacto por el Catatumbo, nos da la línea: que organizaciones sociales con asiento en territorio concurran en iniciativas de paz; sea una zona con control hegemónico y homogéneo de una estructura armada de crimen de alto impacto; pobreza, atraso y exclusión; y economías ilícitas. Sobre todo: miedo.

En ese marco, con el avance en el espacio socio jurídico de conversación para la construcción de paz, el control social y ciudadano, medidas y garantías de seguridad de la fuerza pública, el compromiso y la voluntad del grupo armado en acogerse a la justicia, tal vez, podría más adelante examinarse una especifica zona geográfica de ubicación temporal de los miembros representantes del grupo, previo a su tránsito a la vida civil, a su desarme, desmovilización y reincorporación.

Pero todo esto, en este devenir, requiere pactos territoriales, que también subrayen la ruta de participación social, de decisión con políticas públicas de la institucionalidad, de la corresponsabilidad de los gremios productivos, de la asistencia técnica de la cooperación internacional, del fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil, de las iglesias, de pactos inter étnicos, de tránsito a la ciudadanía plena de la población civil, de inversiones acertados, como las que se están haciendo en otros tableros de transformación territorial como las obras por impuestos, por ejemplo, en transición energética justa, reforestación, cuidado máximo del agua, cadena del turismo ecológico, para fomentar la economía popular con alianzas público populares, para la agroindustria, para la erradicación del trabajo infantil y sus peores formas, y  para avanzar en dispositivos de paz con la naturaleza. Esa es la potencia ciudadana, para una región de paz en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Bogotá, 9 de marzo de 2025

Adenda: A 35 años del Acuerdo de Paz con el M-19. Idea de la paz con justicia social con la que crecimos, y que en nuestra familia siempre ha sido un hito, como legado de participación de nuestro difunto padre Ricardo Villa Salcedo, quien como Senador por el Partido Liberal fue delegado del Congreso de la República en esta negociación. Esto lo recordamos en este artículo: https://ciudadcaotica.blogspot.com/2017/07/a-veces-llegan-cartas_20.html La paz es el camino. Palabra que sí.