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Política Parroquial

El debate que delata el poder (2027 ya empezó)

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Columna de opinión

Por: Víctor Rodríguez Fajardo

#ColumnaOC El Magdalena ya entró en campaña. No lo dicen las encuestas. Lo delatan las palabras. El cruce reciente entre María José Navarro y Carlos Caicedo no es un debate técnico sobre educación. Es algo más profundo: la disputa por el relato que definirá el 2027. De un lado, cifras que golpean. Del otro, contexto que intenta explicar. Pero hay una frase que atraviesa todo el ruido y deja al descubierto el fondo del problema:

Si después de más de una década en el poder, el debate sigue siendo si mejoramos o no… entonces el resultado ya es una respuesta. Porque el poder no se mide por la intención. Se mide por lo que cambia. Y ahí es donde el Magdalena queda expuesto. Hoy, cuando se revisan indicadores clave como educación, permanencia escolar o tránsito a la educación superior, la región sigue rezagada frente al promedio nacional. Santa Marta, en particular, no logra consolidar un salto estructural que respalde el discurso de transformación que durante años ha dominado la narrativa política local. Ese es el punto incómodo. No es que no haya inversión. No es que no haya discurso. Es que los resultados no logran cerrar la brecha. Y cuando eso ocurre, el problema deja de ser técnico y se vuelve político. Porque gobernar más de una década no es administrar coyunturas. Es transformar realidades. Por eso el debate actual no gira realmente en torno a cifras puntuales, ni a si el 2020 distorsionó o no los indicadores. Esa es apenas la superficie. Lo que está en juego es otra cosa:

La legitimidad de un modelo de poder que ya no puede explicarse solo desde el contexto porque no tiene resultados. En ese escenario, la aparición del Pacto Histórico en voz de María José Navarro no es casual. Es la construcción de una alternativa narrativa que busca instalar una idea simple pero poderosa: el tiempo ya pasó y las excusas se agotaron. Mientras tanto, Carlos Caicedo defiende una tesis conocida: el territorio arrastra rezagos históricos, condiciones estructurales adversas y choques externos como la pandemia. Todo eso es cierto. Pero también lo es otra verdad:

El poder prolongado no se justifica con diagnósticos, sino con resultados. Y ahí es donde el tablero empieza a moverse. Porque mientras dos bloques se enfrentan —uno defendiendo legado y otro cuestionándolo— hay un tercer actor que observa en silencio, calcula y espera el momento de decidir: la estructura política que no necesita protagonismo en el debate, pero que suele definir el desenlace. Así empiezan las elecciones en el Magdalena. No con votos. Con relatos. Y este ya dejó una señal clara:

El poder dejó de ser incuestionable. #OjoConEl2027 ya el debate comenzó