Política Parroquial
En política, más importante que ganar es no perder
Por: Víctor Rodríguez Fajardo
Carlos Caicedo aspiró en 2018 a la Presidencia de la República en la consulta en la que se midió con Gustavo Petro. Aquella vez logró contabilizar 515.309 votos, una cifra importante para un dirigente regional que buscaba proyectarse en la geopolítica nacional y demostrar que podía jugar más allá del Magdalena y de Santa Marta.
Ese antecedente hoy pesa. Porque Caicedo vuelve a presentarse como aspirante presidencial, pero el escenario político ya no parece ser el mismo. Si las mediciones actuales no le otorgan más del 1% de intención de voto, el problema no es simplemente que no gane. El problema es que termine perdiendo valor político. Y aquí viene la opinión disruptiva del man del sombrero: la mejor jugada de tablero para Carlos Caicedo sería desmontar su candidatura esta misma semana y cantar su adhesión a la campaña de Iván Cepeda. No sería una rendición. Sería una jugada de supervivencia política.
Caicedo tiene que leer a tiempo el tablero. Si insiste en una candidatura que no crece, corre el riesgo de ser mal contado, de quedar por debajo de su propia votación histórica y de llegar debilitado ante quien podría convertirse en el nuevo centro de poder de la izquierda. En política, a veces el error no está en perder una elección, sino en exponerse innecesariamente a una derrota que reduce el margen de negociación futura. El riesgo mayor está en su propio territorio. Si Caicedo termina siendo superado por Iván Cepeda en el Magdalena o en Santa Marta, esa no sería una derrota cualquiera. Sería probablemente el golpe más fuerte de su vida política, porque pondría en duda su condición de gran elector local. Ya no se trataría solo de una candidatura presidencial fallida, sino de una señal de desgaste incluso en la parroquia donde construyó su poder.
El Pacto Histórico también tiene sus propias cuentas. Puede llegar al Magdalena y a Santa Marta con candidatos sin ningún compromiso con Caicedo. Puede impulsar nuevas figuras. Puede construir estructuras políticas sin necesidad de pedirle permiso. Y si Caicedo aparece como un liderazgo derrotado, el incentivo para desplazarlo será mucho mayor. Por eso, desmontarse a tiempo puede ser más rentable que insistir hasta quedar disminuido. Una adhesión ordenada a Iván Cepeda le permitiría negociar respaldo para un alfil suyo en el Magdalena o en Santa Marta, mantener interlocución nacional y conservar vigencia durante los próximos cuatro años. La política no solo se juega en las urnas; también se juega en la capacidad de saber cuándo avanzar, cuándo retroceder y cuándo cambiar una derrota segura por una negociación útil.

Ser terco puede salirle demasiado caro. No interpretar el momento puede significar que Caicedo pierda no solo una consulta, sino también el valor acumulado de años de poder regional. La pregunta, entonces, no es si debe tener aspiraciones nacionales. La pregunta es si esas aspiraciones, en este momento, le suman o le restan. El dilema de Carlos Caicedo no es si puede ganar la consulta presidencial. El verdadero dilema es si puede evitar perder. Porque en política, más importante que ganar es no perder. No perder su votación histórica, no perder el Magdalena, no perder Santa Marta, no perder capacidad de negociación y no perder vigencia ante quien podría convertirse en el nuevo jefe del poder nacional. No hay tiempo para #ChiflarIguana, la decisión es YA!
En política, más importante que ganar es no perder
Carlos Caicedo aspiró en 2018 a la Presidencia de la República en la consulta en la que se midió con Gustavo Petro. Aquella vez logró contabilizar 515.309 votos, una cifra importante para un dirigente regional que buscaba… pic.twitter.com/9hvQa0OIGI
— Victor Rodriguez Fajardo (@by_vicro500) May 18, 2026
