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Educación

Unimagdalena y el pueblo Arhuaco sellan su encuentro con la inauguración de la Gaikunamu Uraka

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En la comunidad de Kutunsama, entre palma, madera, barro y piedra, la Universidad del Magdalena inauguró la «Gaikunamu Uraka», una Casa de Diálogo que no es solo un edificio: es una declaración de principios. Un gesto institucional que, en tiempos donde la academia suele mirar hacia afuera para legitimarse, decidió mirar hacia adentro, hacia la Sierra Nevada, hacia la Ley de Origen.

La jornada inició con una armonización espiritual a cargo del Mamo Camilo Izquierdo y Diosnain Villafañe Niño, como apertura simbólica y espiritual a este recinto. Estuvo acompañada por autoridades tradicionales del pueblo Arhuaco, líderes espirituales, el padre de la Economía Azul Gunter Pauli, estudiantes de las asociaciones y directivos de la universidad.

El rector Pablo Vera Salazar lo expresó durante la ceremonia: «El sueño que empezó con Cayetano y luego con Danilo de poder tener un espacio intercultural, se va materializando en el territorio, que es la raíz del pensamiento ancestral. Qué mejor lugar para tener la universidad propia, no la universidad europea ni la universidad norteamericana; sino la universidad latinoamericana, colombiana.» Y agregó que esta Casa de Diálogo «está construida desde la herencia que trajo Europa, pero desaprendiendo lo que no debimos aprender y volviendo aprender lo que habíamos olvidado. Es decir, la Ley de Origen.»

Lo que hace singular este proyecto es que nació del encuentro, no de la imposición. La Casa de Diálogo fue levantada con los saberes de la comunidad, con las manos de Diosnain Villafañe Niño —reconocido por la propia universidad como «Ingeniero Ancestral»— y con el respaldo del Centro de Interculturalidad, Territorio y Sostenibilidad. El Cabildo Gobernador Luis Salcedo, en representación de las autoridades tradicionales y líderes espirituales de la comunidad Arhuaca, reafirmó el valor de este encuentro entre generaciones que se articulan para defender su territorio y construir juntos un mejor futuro.

«Es la primera casa que nosotros tenemos en el territorio. Tiene un significado bastante grande, en sentido de que somos la primera Universidad que tiene una autorización para poder trabajar de la mano en este proyecto. Construir un espacio nuestro, pero que también es de la comunidad y tiene un significado de mutuo respeto», manifestó el doctor Juan Carlos Vargas Ruiz, director del CITS de la Alma Mater.

Diosnain, con sus 43 años y una vida entera de conocimiento tradicional, resumió algo que debería resonar en todas las aulas del país: «Este trabajo nos permite estar juntos, conversar, generar muchas posibilidades con la comunidad y los Bunachi, que son los hermanitos menores, que ahora le decimos a la Universidad del Magdalena. Yo tengo 43 años y apenas estoy logrando que me reconozcan que sí puedo.» Esa sola frase revela cuánto le ha costado históricamente al saber ancestral ser visto como saber legítimo.

Unimagdalena no solo abre una casa. Abre una conversación que el país necesita. Una en la que los «hermanitos menores» escuchan antes de hablar, aprenden antes de enseñar, y reconocen que el equilibrio del que habla Arwawiku U’man Izquierdo Márquez —integrante de la Asociación de Estudiantes Indígenas— no es metáfora: «Entender esas diferencias, ayudarnos y comprender que cada humano cumple un papel importante en la cultura para mantener el equilibrio.»

La Gaikunamu Uraka es, en definitiva, la prueba de que desaprender también es una forma de avanzar. Y de que la universidad más importante del Caribe colombiano está dispuesta a hacerlo.