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Geopolítica Parroquial

El día después: el Pacto Histórico ya empezó a preparar su regreso al poder

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La izquierda pierde la Presidencia, pero el comunicado del 23 de junio revela algo más que una derrota: revela una decisión.

Por Víctor Rodríguez Fajardo

El Pacto Histórico no felicitó al presidente electo. Eso no es un olvido: es una decisión.

El comunicado emitido el 23 de junio de 2026 merece una lectura que vaya más allá de su contenido declarativo. Formalmente se presenta como una declaración de agradecimiento al electorado que respaldó la candidatura de Iván Cepeda y Aída Quilcué. Sin embargo, una lectura política más profunda permite observar algo más relevante: no estamos ante un simple balance poselectoral, sino ante el primer documento de reorganización de la izquierda colombiana después de perder la Presidencia.

La pregunta central es sencilla: ¿el Pacto Histórico está reconociendo la derrota o está preparando la oposición? La respuesta es ambas cosas al mismo tiempo.

La derrota se admite, pero no se entrega políticamente

Uno de los aspectos más llamativos del documento es aquello que omite. No habla de derrota. No felicita al presidente electo Abelardo de la Espriella. No reconoce expresamente su victoria ni formula un llamado a la colaboración institucional con el nuevo gobierno.

Por el contrario, el texto desplaza el protagonismo desde el ganador hacia los cerca de trece millones de ciudadanos que respaldaron el proyecto político del Pacto Histórico. La intención es evidente: evitar que la derrota presidencial se convierta en una derrota política general. El mensaje interno es claro: perdimos la Presidencia, pero seguimos siendo una fuerza nacional. La construcción narrativa busca transformar una derrota electoral en una demostración de fuerza social.

La aceptación del resultado viene acompañada de una reserva política

El párrafo más importante del comunicado es probablemente aquel donde el movimiento afirma que ejercerá plenamente los recursos y reclamaciones contemplados por la ley electoral y que respetará los resultados definitivos del escrutinio. La formulación es cuidadosamente calculada. Por una parte reconoce la institucionalidad y evita cualquier llamado a desconocer el resultado; por otra, mantiene viva la narrativa de inconsistencias y reclamaciones presentadas durante el proceso. El resultado es una aceptación con reserva política: no alcanza la ruptura institucional, pero tampoco constituye una rendición.

Es una posición diseñada para preservar legitimidad ante la opinión pública sin desmovilizar a la base militante.

El adversario deja de ser Abelardo y pasa a ser el establecimiento

Otro aspecto relevante es el desplazamiento del conflicto político. Durante la campaña el adversario era Abelardo de la Espriella. Después de la elección, el documento dirige parte de su atención hacia factores externos: la referencia a congresistas estadounidenses que expresaron respaldo a su candidatura, así como las denuncias sobre presiones políticas y judiciales contra Gustavo Petro, cumplen una función narrativa específica.

La derrota deja de explicarse exclusivamente por la decisión de los electores y pasa a interpretarse, bajo esa lectura, dentro de un marco más amplio de confrontación entre proyectos políticos. La narrativa implícita es: no enfrentamos únicamente a un candidato, enfrentamos una estructura de poder. Esta construcción discursiva busca preservar la cohesión interna y evitar procesos de fractura o búsqueda de responsabilidades dentro del movimiento.

La segunda página revela el plan

La primera página explica el pasado. La segunda define el futuro. Allí se encuentra el núcleo del documento.

El Pacto Histórico anuncia construcción de un Frente Amplio, desarrollo de asambleas territoriales, creación de comités políticos, convocatoria de una Convención Nacional, campaña de afiliación, fortalecimiento de la bancada legislativa y preparación de candidaturas para las elecciones territoriales de 2027.

Traducido al lenguaje político, esto significa una sola cosa: el movimiento ha entrado oficialmente en modo oposición.

Pero aquí vale detenerse en la pregunta incómoda. ¿O es simplemente el guion habitual de cualquier fuerza derrotada? La hoja de ruta anunciada —asambleas, comités, convención nacional— es casi idéntica a la que cualquier partido colombiano ha prometido después de una derrota y raramente ha ejecutado. La diferencia, si existe, estará en los próximos seis meses, no en el comunicado. Lo que sí resulta llamativo es la velocidad: no parece una reacción improvisada ni una respuesta emocional. Por el contrario, la inmediatez con que se presenta una hoja de ruta sugiere que el escenario de derrota ya había sido contemplado y que existía una estrategia preparada para este momento.

El regreso empieza el mismo día de la derrota

La experiencia comparada muestra que los movimientos políticos exitosos no esperan meses ni años para reorganizarse. Empiezan al día siguiente. El PT brasileño perdió la presidencia en 2016 con Dilma Rousseff y regresó al poder en 2022 con Lula, tras un ciclo de seis años de oposición territorial y movilización social. El MAS boliviano fue desalojado del gobierno en 2019 y lo recuperó en menos de un año. En ambos casos, la reorganización comenzó antes de que terminara el conteo de votos. La velocidad no es un detalle menor: es parte del método.

En este sentido, el comunicado constituye mucho más que un balance electoral. Es el primer documento de reorganización de la izquierda colombiana para el periodo posterior a Petro. La secuencia resulta reveladora: primero se agradecen los votos, luego se reivindica la legitimidad de los trece millones de electores, posteriormente se mantienen abiertos los mecanismos jurídicos y electorales, y finalmente se convoca una nueva estructura organizativa nacional. No estamos frente a un comunicado de cierre. Estamos frente a un comunicado de relanzamiento.

El verdadero horizonte no es 2030: es 2027

Muchos observadores interpretarán este documento como el punto de partida de una eventual campaña presidencial para 2030. Probablemente tengan razón. Pero antes de pensar en la Presidencia, el Pacto Histórico necesita superar una prueba previa: las elecciones territoriales de 2027.

Por esa razón el documento menciona expresamente la preparación de candidaturas regionales. La batalla inmediata no es la Casa de Nariño: son las gobernaciones, las alcaldías, los concejos municipales y las asambleas departamentales. Quien controle el territorio tendrá una ventaja decisiva en la construcción de la siguiente disputa presidencial.

La movilización permanente como estrategia

Quizás la frase más reveladora sea aquella que invita al pueblo a mantenerse en constante movilización, organización y creatividad popular. Ese lenguaje no corresponde a una fuerza política que se dispone a esperar pasivamente el desgaste del nuevo gobierno. Corresponde a una organización que entiende, bajo esa lógica, que entra en una fase de resistencia, oposición y acumulación de fuerzas. Perder el gobierno, en esa lectura, no puede significar perder la calle.

Conclusión estratégica

El comunicado del Pacto Histórico no debe interpretarse como una despedida. Debe leerse como el primer manifiesto de oposición al gobierno de Abelardo de la Espriella. La dirección política del movimiento parece haber llegado a una conclusión estratégica: la Presidencia se perdió, pero el proyecto conserva una base electoral cercana a trece millones de votos y no está dispuesto a replegarse. Por eso el documento opera en dos niveles simultáneos: hacia afuera transmite institucionalidad y respeto por las reglas democráticas; hacia adentro transmite movilización, continuidad y reorganización.

Lo que el comunicado no puede garantizar es que la arquitectura anunciada se construya realmente. Los movimientos de izquierda latinoamericana han demostrado que saben reorganizarse después de la derrota. También han demostrado que saben fragmentarse. El Pacto Histórico tiene la base electoral. La pregunta que el documento no responde —porque ningún documento puede responderla— es si tiene la cohesión para convertir trece millones de votos en una oposición disciplinada, y no en trece millones de razones para disputarse el liderazgo interno.

Porque en democracia el poder nunca desaparece. Simplemente cambia de escenario. El gobierno queda en la Casa de Nariño. La oposición comienza a preparar la próxima batalla. Si lo hace unida o fragmentada: esa es la historia que todavía no está escrita.

ADJUNTO COMUNICADO PACTO HISTORICO