Poder & Gobierno
¿EL TIGRE HARÁ EL MILAGRO DE LA VÍA?
Por segunda vez desde su elección, Abelardo de la Espriella reunió al más alto nivel a quienes construyen, licencian, vigilan y deben destrabar la Vía Milagro. La primera reunión trazó el propósito; esta segunda, ya desde la Presidencia, comenzó a convertirlo en una ruta de ejecución.
Por Víctor Rodríguez Fajardo
El primer milagro fue sentarlos a todos. El segundo fue volverlos a reunir, esta vez con Abelardo de la Espriella instalado en la Presidencia y sus ministros en pleno ejercicio del poder.
La reunión del 3 de septiembre de 2026 no fue un encuentro protocolario ni el nacimiento de una obra. La carretera ya tenía contratos, diseños, licencias y construcción en marcha. Lo nuevo fue la decisión presidencial de juntar nuevamente a quienes tienen capacidad para acelerar, autorizar, ejecutar o frenar uno de los corredores más urgentes del Caribe.
Participaron los ministerios de Transporte y Ambiente, la gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra; Invías, la ANLA, Invemar, autoridades ambientales, contratistas e interventorías.
No estaban contemplando planos. Comenzaron a establecer una ruta común de trabajo.
La segunda reunión
El antecedente es fundamental. El 26 de julio, cuando todavía era presidente electo, Abelardo reunió en Invemar a Elsa Noguera y Fabio Arjona, entonces ministros designados de Transporte y Ambiente; representantes de la Gobernación, Corpamag, Invemar, el concesionario y sus equipos técnicos.
De aquella primera mesa salió el concepto de Vía Milagro y su estrategia ABC: Agua, Biodiversidad y Comunidades. También se planteó la posibilidad de anticipar cerca de dos años la terminación de la doble calzada, siempre que coincidieran diseños, permisos, gestión predial, decisiones ambientales y cumplimiento contractual.
En ese momento, Opinión Caribe advirtió que una fotografía no expide licencias, una mesa no restaura manglares y un comunicado no construye puentes. Era una prevención necesaria: Abelardo aún no gobernaba y sus ministros no podían impartir órdenes administrativas.
La reunión del 3 de septiembre cambia esa condición. Ya no estaban reunidos los delegados de un Gobierno entrante, sino funcionarios posesionados, autoridades competentes, ejecutores e interventores. Lo que en julio fue una orientación política comenzó a convertirse en coordinación técnica.
Una vía, dos frentes contractuales
La Vía Milagro no depende de un solo contratista.
Un frente corresponde a los viaductos contratados por Invías en los puntos identificados del corredor Barranquilla–Ciénaga. El Ministerio de Transporte confirmó el inicio de la construcción de un viaducto en doble calzada en el kilómetro 19, con una longitud cercana a cinco kilómetros.
El otro está a cargo de la APP Sierra Mar, formalizada mediante el Contrato de Concesión APP-001-2023. Comprende la operación, intervención y ampliación del corredor, incluida la doble calzada que deberá conectarse con los viaductos construidos por la Nación.
La APP no nació con Abelardo ni comenzó después de esta reunión. Fue contratada en noviembre de 2023 y ya adelanta una primera fase de 3,2 kilómetros entre la Variante de Ciénaga y Tasajera. El seguimiento de la Gobernación del Magdalena, con corte al 31 de agosto, reportó 652 metros de vía asfaltada.
El nuevo Gobierno recibió los dos frentes y, en lugar de desconocerlos, decidió coordinarlos para que funcionen como piezas de una sola carretera. Esa continuidad también es noticia.
Cuando licenciar se convirtió en un lastre
Durante el Gobierno de Gustavo Petro, distintos proyectos estratégicos enfrentaron demoras asociadas a expedientes, competencias dispersas y decisiones administrativas que no llegaron al ritmo requerido por las regiones.
Proteger el ambiente era indispensable. Condenar las obras a una espera indefinida, no.
La Vía Milagro atraviesa un territorio relacionado directamente con el Vía Parque Isla de Salamanca y la Ciénaga Grande de Santa Marta. Allí no se puede construir como si solo existieran cemento y automóviles. Es necesario conservar los intercambios de agua, enfrentar la erosión costera, recuperar manglares y proteger la relación ecológica entre el río Magdalena, la Ciénaga Grande y el mar Caribe.
La ANLA otorgó en agosto de 2025 la licencia para dos viaductos elevados y paralelos, con una longitud conjunta informada de 10,6 kilómetros. La autorización estableció obligaciones ambientales, incluida la recuperación de más de 231 hectáreas de manglar.
La licencia existe. El desafío consiste en cumplirla sin convertir cada obligación en una nueva estación del viacrucis administrativo.
Abelardo propone una relación diferente entre ambiente e infraestructura. No pretende que la ciencia desaparezca, sino que se siente en la mesa para decir cómo construir y no para explicar eternamente por qué no se puede.
Ambiente y Transporte, por el mismo carril
El ministro Fabio Arjona informó que Invemar y la ANLA aportarán conocimiento científico y capacidad de evaluación para orientar decisiones sobre infraestructura verde y gris. La ministra Elsa Noguera aseguró que el Gobierno está destrabando las obras mediante la articulación entre las entidades.
No se trata de escoger entre carretera y ciénaga. Esa fue siempre una falsa elección. La región necesita ambas: una doble calzada segura y un ecosistema protegido.
La Vía Milagro también funciona como vitrina regional de una política nacional. Transporte anunció seguimiento semanal a las obras estratégicas, con responsables, cronogramas verificables y rutas para resolver obstáculos prediales, ambientales, contractuales y financieros.
El Caribe tiene razones para mirar esta decisión con esperanza. La carretera es urgente para la competitividad portuaria, el turismo, la seguridad vial y las comunidades que durante décadas han esperado entre trancones, accidentes y promesas.
El Tigre todavía no ha hecho el milagro completo. Pero la vía dejó de ser huérfana del Estado: ahora tiene un presidente que convoca, ministros que coordinan y contratistas que deberán responder.
Ahora toca construir.
