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LO QUE EL FORO MARÍTIMO LE DEJÓ A SANTA MARTA
Por: Capitán de Fragata JULIO MONROY, Capitán de Puerto de Santa Marta.
El Foro Marítimo Colombiano, realizado a comienzos de octubre en Cartagena, reunió al sector marítimo del país. Santa Marta tenía mucho que contar y nadie que lo contara en plural. No fue culpa de nadie: las mesas se arman con quienes ya están sentados, y aquí cada empresa ha navegado por su cuenta. Cómo llegamos a ese punto, siendo un puerto que crece y un mar que da trabajo a tantas familias, y qué podemos hacer para cambiarlo, es lo que explora esta columna.
Conviene empezar por medir de qué hablamos. Santa Marta es uno de los cuatro puertos que concentran el 86,7% de los arribos internacionales de carga del país, y en el primer semestre de 2026 esos arribos crecieron 5,9%. En el último trienio se movilizaron por nuestro mar más de 30 millones de toneladas de carga y más de dos millones de pasajeros. Detrás de cada cifra hay agencias marítimas, lancheros, instructores de buceo, marinas, talleres y gente que madruga para que el mar funcione. Es un sector con peso propio. Lo que le falta no es tamaño.
Pero un sector grande puede hablar bajito. Cuando una decisión pública toca al mar, el sector responde con muchas voces y ninguna que las resuma; si mañana alguien quisiera conocer su opinión, tendría que llamar empresa por empresa. Y sin alguien que cuente la otra parte, las jornadas de operación sin novedad no son noticia, y el accidente sí lo es. Así la imagen del mar se construye con las excepciones y no con la regla.
Cartagena puede servir de ejemplo. En 2015 se instaló allá una asociación náutica; en 2018 nació un clúster marítimo en su Cámara de Comercio que hoy reúne a 41 empresas; y este año cinco organizaciones sacaron adelante, juntas, ese foro nacional. Nada de eso ocurrió de un día para otro: fueron años de reuniones, de ensayo y error, de aprender sobre la marcha. Es probable que nuestro camino sea distinto, porque nuestro mar y nuestras necesidades también lo son. Lo que deja esa experiencia es que, cuando un sector se organiza, aparecen cosas que ninguna empresa lograba por sí sola: una voz común ante las autoridades, estándares compartidos, beneficios colectivos y una manera de contar lo que pasa en el mar.
Quizá la mejor manera de empezar sea pequeña. No hace falta un sector entero ni una estructura formal: bastan unos cuantos operadores de un mismo segmento, sentados alrededor de un problema que les afecte a todos por igual, como la seguridad en temporada alta o el acceso a la formación. Esa primera conversación puede estar abierta a quien quiera sumarse, con o sin gremio de por medio, y sin compromisos grandes al comienzo. De allí puede salir un gremio o una mesa de trabajo. Cualquiera de las dos ya es mejor que el punto de partida. Cada segmento tiene su propio ritmo, y lo sensato es respetarlo.
En todo esto, la Dirección General Marítima tiene el papel de escuchar, aportar datos y orientar sobre la normativa a quien lo pida. Organizarse, y con quién, es decisión de quienes viven del mar; a la autoridad le corresponde atender a todos por igual, estén o no agremiados. Por eso esta columna no trae una propuesta cerrada, sino una invitación abierta: si usted es parte del sector marítimo de Santa Marta, la pregunta quizá no sea si conviene organizarse, sino alrededor de qué problema común empezar. El día en que nuestro mar hable en plural, ninguna mesa tendrá un asiento vacío.