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Análisis

4 comunidades: Una historia, un territorio

Opinión Caribe

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En la actualidad, alrededor de 100 mil indígenas habitan el relieve montañoso más alto del Caribe

El mayor homenaje erigido en honor a los indígenas, llamado ‘Monumento a la deidad Tayrona’, permite que sobresalga un aspecto en común entre las únicas 4 etnias que sobreviven y cohabitan en la Sierra Nevada de Santa Marta: no se sienten representados por la estatua que, en 1993, el escultor Héctor Lombana, dona a la ciudad en honor a esta gran comunidad indígena. OPINIÓN CARIBE se adentra en la cultura de estos 4 grupos étnicos para conocer en detalle lo que comparten entre sí, su historia y sus costumbres.

Por Íngrid Alvarado

Además de contar con más de 600 especies de aves, 70 de murciélagos, 50 de ranas, centenares de mamíferos, que conviven a su vez con lagartos, tortugas, caimanes y serpientes, la Sierra Nevada de Santa Marta también acoge en sus frías faldas a 4 comunidades indígenas (arhuacos, wiwas, kogi y kankuamos) que, hace cientos de años, buscaron en la complejidad geográfica y topográfica de esta montaña, la salvación al exterminio de su cultura.

Julio Torres Villafañe, líder perteneciente a la etnia arhuaca, explica, con la gentileza propia de quien se siente orgulloso de sus raíces, las particularidades de su comunidad, las semejanzas que tiene con las demás y cómo los ha marcado la historia a través del tiempo.

Los 4 pueblos de la Sierra comparten entre sí la Ley de origen, esta es el principio organizacional, espiritual y material, es decir, este término abarca todos los conceptos: salud, política, educación, economía, ambiente, sociedad y autonomía. Para estas poblaciones la Sierra es una sola y todo el orden de la cultura está contenido en esta ley.

Los únicos que pueden y tienen la facultad de decodificar la Ley de origen, son los mamos, los únicos entendidos del conocimiento milenario ancestral y responsables de su pueblo. A través de la ‘reparación’ de las personas en el mundo espiritual, buscan el equilibrio del universo para evitar plagas, sequías, epidemias y enfermedades. Los mamos restablecen el equilibrio entre el mundo material y el espiritual, cumpliendo las normas que dictó la Madre Universal para habitar la Sierra Nevada.

Debido a la importancia de su rol en la sociedad, los mamos cuentan con una educación propia, mucho más especializada. Desde pequeños empiezan una formación espiritual, intelectual y física. Incluso su alimentación se compone solo de verduras y hortalizas. Existen varias líneas de estudio, cada especialidad puede durar de 5 a 10 años, unos se dedican a lo político, a la medicina, a los aspectos sociales, de resolución de conflicto y/o rituales principales: bautizos, mayoría de edad, matrimonios y mortuorios.

Se puede asegurar que las comunidades indígenas son una cultura sólida y fuerte en Colombia, gracias a la psicorientación y acompañamiento que han brindado los mamos de cada etnia a su grupo.

Antes de la llegada de los españoles, la población indígena era de un millón, afirma Julio. Este número se redujo drásticamente debido a las persecuciones, lucha y aniquilación de nativos por parte de los europeos, donde incluso, algunos grupos que decidieron enfrentarse en lugar de huir, desaparecieron, tal es el caso de los Tayronas, los Caribes y los Chimilas.

Según esto, el antropólogo Reichel- Dolmatoff, argumentaba que los grupos que subsistieron y que prevalecen en la actualidad son descendientes de los Tayrona. Por otro lado, comenta Julio, los mamos manejan dentro de sus enseñanzas la versión de que son primos hermanos, debido a que, al evitar enfrentarse, ellos decidieron subir a la Sierra y buscar refugio para impedir la desaparición. Y añade: “Fuimos los primeros desplazados históricamente, los indígenas que, miedosos, nos escondimos en la Sierra”.

Este hecho desarma la creencia de que estos pueblos siempre hayan habitado la Sierra, estas comunidades indígenas son cultura de la Costa, en otras palabras, no son serranos. Poniendo una imagen nítida de estas poblaciones en el siglo XVI viviendo en sus asentamientos de origen ancestral y territorial, se ha de mencionar que ellos solían hallarse en las zonas de Taganga, Mamatoco, Bonda, Gaira, Neguanje, Cinto, Ciénaga, Río Frío.

En esa época, la Sierra era como un templo sagrado adonde se iba a ciertas misiones, a las partes medias bajas. Había ciertos puntos estratégicos para los mamos, pero no era para habitar y mucho menos en el páramo como están ahora por desplazamiento forzado.

El antropólogo Wilhem Londoño describe los asentamientos producidos por esta migración, por ejemplo, lo que es hoy Nabusímake, capital del pueblo arhuaco en el Cesar, que traduce ‘tierra donde nace el sol’. También hubo hacia el río Palomino, hacia el río Mingueo, con los Kogi. Hacia La Guajira, Aracataca, Sevilla y Río Frío.

Más adelante, a finales del siglo XIX, se empiezan a dar los primeros acercamientos de los indígenas con la sociedad, lastimosamente, este primer contacto se da en un monopolio religioso por parte de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, en su deseo de entrar a los territorios indígenas. Ellos instalan pequeñas escuelas para educar a los pueblos indígenas kogi, arhuacos, wiwas y kankuamos.

Ese fue otro de los factores que debilitó la cultura aborigen. La catequización de los pueblos indígenas ha sido una cicatriz todavía viva en la Sierra, en ese entonces, los religiosos creían que los mamos eran el diablo, que todos hacían parte de una secta diabólica y era necesario evangelizarlos, según los capuchinos tocaba salvarlos con Dios. Por tanto, le cortaban el cabello a los niños, jóvenes y adultos.

Hubo más de 80 años de ejercicio de los religiosos en la Sierra. Hasta que, gracias a una toma pacífica por parte del pueblo arhuaco, lograron expulsar a los Capuchinos en la década de los 40’s. Aún se conservan iglesias que ellos dejaron.

El territorio y la cultura tuvo un periodo de saneamiento después de la expulsión de los Capuchinos. Nuevamente se empiezan a organizar los asentamientos, hay un resurgimiento de los pueblos, empiezan a aumentar un poco, sin embargo, aparece la oleada del conflicto cuando llega la guerrilla de las Farc a finales de 1970, fundan dos frentes en la Sierra, uno por Fundación y el otro por Aracataca. Estos grupos llevaban a sus filas jóvenes y niños de manera forzada.

Esta ola de violencia provocó, en gran parte, la desaparición cultural y simbólica de la etnia de los kankuamos, una vez raptados los jóvenes de este grupo, los hacían volver a su comunidad y asesinar a sus mamos. Fue como una auto aniquilación. Su lengua y vestimenta desaparecieron totalmente. Ahora ellos están en un proceso de recuperación. Están asentados en la región del Cesár, en el río Guatapurí y Atanquez.

Además, en el mismo periodo de tiempo, se da una migración de campesinos que, posteriormente, genera lo que es la bonanza marimbera, cocalera y de narcotráfico. Hechos que ocasionaron tala de bosques, quema, deforestación e incluso, guaquería. Se afectó ambientalmente a la Sierra, todavía hoy se siente ese impacto, por ejemplo, en la falta de agua y la desaparición de especies endémicas. El miedo causado por estos acontecimientos hizo que las familias se desplazaran mucho más hacia arriba. Al estar agrupados por comunidades, evitó que no se desintegraran culturalmente.

En los 80’s, los mamos consultan bajo el liderato de los arhuacos, una causa para liderar sus propios procesos creando organizaciones indígenas. Nace, entonces, en Valledupar, la Confederación Indígena Tayrona. Unos años más tarde, debido a todos esos asentamientos distribuidos en toda la Sierra, se creó la organización autosuficiente Gonawindua Tayrona con su sede en Santa Marta, que cobija los 3 resguardos: wiwas, arhuacos y kogis. Los mamos consideraron que se debían capacitar a unos indígenas, profesionalmente, para que liderarán los procesos de educación, salud, político, económico.

El tema de mayor preocupación y gestión era la colonización por parte de campesinos y la recuperación de algunos sitios sagrados que son considerados sitios arqueológicos, como Teyuna (Ciudad Perdida). El resultado de las negociaciones con el Gobierno por medio de estas organizaciones, fue que se permitió la delimitación de la famosa Línea Negra, llamada así al límite que diferencia el Estado y el territorio que le corresponde por derecho a estos grupos y que, por tanto, se debe respetar.

En acciones paralelas, los indígenas empezaron a dialogar con los campesinos, y así, de forma pacífica, recuperar el territorio ancestral. Tierra que era originalmente de propiedad indígena, comenzaron a comprársela al campesinado para rescatar tierra, de esa forma ir bajando y indígenasrecuperar la Sierra, ambiental, territorial y culturalmente. Trasladaron las familias que están más arriba, para bajar la presión antrópica, de páramo, aún están en eso, es lo que se llama ampliación del resguardo.

En la actualidad, hay un diálogo con el Gobierno que lleva más de 10 años, en esta mesa de concertación se discute desde el ámbito jurídico y legal, lo concerniente a educación, salud, territorio, gobierno, derechos humanos, justicia propia y gobierno propio.

Este hecho ha generado avances al conceder protección constitucional a los grupos indígenas que habitan el territorio sagrado de la Sierra Nevada de Santa Marta.

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