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Análisis

Deshumanización de la vivienda: Habitabilidad vs. reducción de costos

Opinión Caribe

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El modelo de vivienda de interés social que se aplica en Colombia dejó de lado las condiciones de habitabilidad y no es acorde con los patrones culturales de cada territorio. Estas características influyen en la calidad de vida de los beneficiados y su interacción social. Según los expertos, se hace necesario el replanteamiento de la política de vivienda y los modelos arquitectónicos con los que se construyen los proyectos de interés social.

En este mes se entregaron 209 nuevas casas en la Urbanización Santa Helena y se cerró la convocatoria que se había ampliado para que más municipios se postularan a ser beneficiarios de 3 mil viviendas en el departamento. A partir del recorrido que ha hecho por el país el Ministerio de Vivienda otorgando estas casas, OPINIÓN CARIBE analiza la calidad de las mismas y su influencia en quienes la habitan.

Los constructores con quienes ha contratado el Gobierno aplican la misma tipología edificatoria en la región Caribe y en el interior del país; los espacios son reducidos y teniendo en cuenta la alta temperatura del Caribe, esta variante influye en el nivel de satisfacción y la calidad de vida que puede llevar el habitante, porque en términos económicos, la reducción de costos resulta eficiente, pero es contrario a lo que merece un ser humano.

En la Urbanización Santa Helena, a pesar de que hay vías de acceso amplias, el desarrollo vial no es coherente con el tipo de vivienda. Solo tienen dos habitaciones cuando las familias del Caribe tienden a ser numerosas, no hay separación entre una vivienda, lo cual impide la privacidad de cada familia, en general, son edificaciones de espacios reducidos.

Estos modelos que hoy se aplican en ciudades como Santa Marta, Barranquilla, Cúcuta y Valledupar se han utilizado en Bogotá desde los años 90. Alberto Saldarriaga Roa, arquitecto y decano de la facultad de la Universidad ‘Jorge Tadeo Lozano’ inició una investigación después de 1990 cuando el expresidente César Gaviria acabó con el Instituto Nacional de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana- Inurbe, lleva a cabo una revisión de qué se había ofrecido como vivienda social desde 1918 hasta 1990 en Bogotá, Medellín y Cali.

En su momento, esta investigación planteó que a partir de la Ley 3 de 1991 por la cual se creó el Sistema Nacional de Vivienda de Interés Social, se privatizaba la acción en vivienda, “lo que se iba a hacer era un subsidio a la demanda, lo cual se resumiría en que la plata del Estado iba a pasar directamente a las instituciones financieras, que asociadas con los constructores iban a dar respuesta a la demanda de vivienda económica, de ahí en adelante la privatización aceleró un proceso de deterioro de la calidad de la vivienda que fortalecería al sector privado, puesto que a este lo único que le interesaba era captar los recursos del Estado y ofrecer un producto de mala calidad”, expresó Saldarriaga Roa.

Estos postulados mantienen su vigencia, porque las constructoras elegidas por el Ministerio son empresas privadas que desarrollan la política de vivienda de acuerdo con sus parámetros. Olga Ceballos Ramos, quien desarrolló proyectos con Alberto Saldarriaga, magíster en Urbanismo y actual directora del Instituto Javeriano de Vivienda y Urbanismo, explica acerca de las condiciones que no se han tenido en cuenta a la hora de construir viviendas sociales.

Manifiesta, que hace falta una reflexión sobre la vivienda adecuada y las circunstancias de vida sujetas a las condiciones de los hogares en los que influye el clima, por ejemplo, “prevalece el interés por tener mayor captación de ganancia en los proyectos, por encima de la calidad habitacional para los hogares. Muchas constructoras tienen un tipo de vivienda que saben que les funciona en términos económicos, pero no les preocupa que les funcione a los hogares, tampoco hay una exigencia que los lleve a cambiar o a replantear sus modelos”.

Desde su experiencia señala, que es fundamental que las normas municipales en cada caso exigieran para las viviendas unas características particulares, de esta manera, los constructores estarían obligados a replantear sus diseños y no guiarse por un solo modelo para aplicar en todo el país. “Las normas municipales no son explícitas en ciertas exigencias de estándares relacionados con las características propias de ese territorio y de los tipos de familia de su municipio, por esto el constructor sigue aplicando el modelo que sabe que a él le funciona para sus intereses económicos”, puntualizó la arquitecta Ceballos.

En Bogotá se ha dado un proceso de reducción de áreas lo que se vuelve paradigmático para otras regiones, en el caso de la capital, se han encaminado proyectos a la verticalización, multifamiliares; años atrás se habían hecho viviendas unifamiliares cada vez más pequeñas.

Ceballos Ramos menciona, que en casos como Corea donde hay una alta densidad, se trabaja con modelos multifamiliares, que trae como consecuencia conflictos de convivencia entre los hogares, “en el caso de hogares de población desplazada que han llegado a la ciudad, vivir en estructuras verticales en medio de condiciones de copropiedad es un cambio difícil y la adaptación genera conflictos”.

Recordemos que en el caso de Colombia la mayoría de personas beneficiadas por el programa ‘100 mil viviendas gratis’ son desplazadas, asimismo, los modelos de construcción corresponden a multifamiliares verticales en ciudades como Barranquilla, Montería, Medellín, entre otras.

La habitabilidad debe ser la principal condición para tener en cuenta a la hora de construir un espacio para familias necesitadas. Este concepto se refiere a que la vivienda tenga un área suficiente, que sea adecuada de acuerdo con el territorio, que haya ventilación, que no haya hacinamiento de personas por cuarto y se tengan que ver obligadas a usar la zona social como dormitorio, porque no hay suficiente comodidad y que dentro de la vivienda haya privacidad.

La tranquilidad que genera vivir en un espacio donde el que está alrededor no conoce los problemas en el interior de cada familia es un aspecto que produce satisfacción de estar en ese espacio. Las condiciones físicas de una vivienda tienen influencia en la integridad de una persona, por esto la arquitecta asegura, que la habitabilidad incide en la salud. “Nosotros hemos hecho investigaciones relacionando habitabilidad con salud y encontramos problemas de violencia intrafamiliar y hacinamiento, porque los niveles de tolerancia bajan; los riesgos sociales de abuso sexual a menores aumentan. También si las personas viven en espacios oscuros se presentan problemas de depresión, es un asunto serio, porque afecta la salud. La vivienda debe tener unas características no solo para que la gente no viva expuesta sino en condiciones que dignifiquen su existencia”.

El acceso para personas en condición diferente es otro rango que no se cumple. Hay casos en los que integrantes de la familia ya sufren esta condición o se dé el caso que una persona sufra un accidente y pierda movilidad y no existen características simples como rampas, puertas más anchas, entre otras, no son puestas en consideración al momento de construir.

PÉRDIDA DE CULTURA

Wilson Annicharico Bonnet, arquitecto decano de la facultad de la Universidad del Atlántico, magíster en Proyectos de Desarrollo Social, argumenta, que los nuevos modelos de vivienda no son pensados en la cultura e identidad de la región Caribe. Afirma, que debe haber una lugarización de los espacios de la vivienda de interés social, es decir, que el espacio en que se habita, la persona debe sentirse identificada con las condiciones humanas y físicas de su región. “El país no se puede uniformar, Colombia es un país de regiones y los patrones culturales que pesan más que los físicos, son totalmente diferentes”.

Un ejemplo de este planteamiento lo aterriza en la forma de comunicación de los costeños, en la forma en cómo se hacen las fiestas en las terrazas de las viviendas a diferencia del interior, en que es adentro de las casas, una interacción más cerrada. Annicharico Bonnet, quien también se desempeñó como gerente del extinto Instituto de Crédito Territorial- ICT le apuntó a la recuperación de este espacio de terraza en los modelos de vivienda. Además de que la vivienda de interés social no debe ser símbolo de pobreza, es saber racionalizar los espacios como lo materiales que den identidad y que se brinden comodidades.

Desde su enfoque de desarrollo social, Annicharico Bonnet asegura, que se cree que el desarrollo es crecimiento, pero se debe hacer un decrecimiento para el desarrollo, porque los seres somos ilimitados en el consumo en un mundo que es limitado, se da una producción y despilfarro a grandes escalas. Por esta razón se debe reconceptualizar y entender que la persona de escasos recursos tiene los mismos derechos, se debe hacer un modelo de políticas de vivienda que se proyecten hacia lo humano.

La misma situación se vive en el campo en el que los tipos de vivienda son pensados por citadinos, “le llevamos al campo lo que el ciudadano de la mal llamada civilización cree que le va a servir al campesino; no van y le preguntan al campesino lo que para él tiene que ver con calidad de vida; ejemplo, un citadino está pensando en tener un control que le permita levantar la estera del parqueadero, la calidad de vida en movilidad para un campesino podría ser, tener una estaca en la puerta donde pueda amarrar el burro donde se transporta”, puntualizó el Decano.

El confort está conceptualizado en cada región de acuerdo con sus costumbres, en la ciudad pueden ser ciertas condiciones y en el campo totalmente diferentes. Para el arquitecto, se planifica sin consultar y hacer participación ciudadana, se fomenta la selva de concreto, mientras que al campo se introducen conceptos de tecnología no acorde con su modus vivendus.

MODELOS ANTERIORES

En el barrio Los Almendros, el Instituto de Crédito Territorial- ICT entregó un buen número de viviendas sociales que no se parecen en nada al modelo que se desarrolla actualmente, se podría decir que estas son ‘mansiones’ en comparación con los espacios que tienen las viviendas de la Urbanización Santa Helena. Son viviendas dotadas de todos sus espacios sin reparo, con buena ventilación, iluminación, y zonas de terraza.

En Venezuela, el caso es similar, las casas que entregó el gobierno de Hugo Chávez en el programa ‘Gran Misión Vivienda Venezuela’ son edificaciones espaciosas, donde hay mayor coherencia entre el territorio y su caracterización. Un joven colombo- venezolano que vivió varios años en el país vecino asegura, que son casas cómodas las que entregó el gobierno, dotadas de tres habitaciones, dos baños, cocina, comedor y sala. Comparadas con las nuevas casas de interés social en Colombia, hay una gran diferencia.

¿HABRÁ CUMPLIMIENTO?

El Ministerio de Vivienda afirmó, que establecieron requisitos mínimos para las viviendas del programa relacionados con espacios, área construida, y acabados. Dentro de las condiciones que deben garantizar la habitabilidad de las viviendas ellos han estipulado: primero, dar cumplimiento a las normas urbanísticas de acuerdo con el POT de cada municipio (creación de espacios públicos y privados y la construcción de las obras de infraestructura de servicios públicos y de vías, andenes y sardineles); segundo, el área construida mínima se estableció en la primera fase en 40 metros cuadrados, en la segunda,se definió en 40 metros cuadrados para municipios de categoría fiscal 3 y 4, y en 42 en municipios de categoría fiscal 5 y 6.

Los programas anteriores de vivienda exigían mínimo una alcoba, el actual exige dos independientes. Sin embargo, en el Caribe la tendencia es de familias numerosas lo que produce hacinamiento. En cuanto a las características por clima, tienen parámetros orientados a garantizar la sostenibilidad energética de las viviendas que incluyen: altura libre de las cubiertas diferenciadas por clima, mayor altura de la vivienda en climas cálidos (2.40 metros), iluminación y ventilación natural y elementos de protección solar externa para climas cálidos.

Según esta dependencia del Gobierno introdujeron estándares de construcción sostenible para promover la eficiencia energética y el uso racional de agua en las nuevas edificaciones, en aras de contribuir de manera significativa a la reducción de emisiones de CO2 de las ciudades y comprometernos en la transformación hacia el desarrollo sostenible.

En el conjunto residencial de viviendas de interés social ‘Parque de Bolívar’ en Soledad, Atlántico, la constructora Bolívar, la misma que edificó la Urbanización Santa Helena, prohíbe el uso de aire acondicionado porque la capacidad de carga eléctrica calculada y aprobada no lo permite. En la región Caribe, donde la temperatura un día normal supera los 30°, el uso de aire acondicionado pasa de ser un lujo a una necesidad.

Las medidas que establece el Ministerio las han catalogado como necesarias para que haya una construcción sostenible, según los planteamientos de los arquitectos consultados y la comparación con la realidad, aún falta un enfoque que piense en la real calidad de vida que están llevando quienes habitan en estas urbanizaciones. Con situaciones palpables como esta, sigue el cuestionamiento al enfoque bajo el que se dan las construcciones de interés social para cada región del país, de acuerdo con sus características.

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