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Columnistas

El Magdalena como debe ser

Opinión Caribe

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Por Rubén Darío Ceballos

Me permitiré escribir en primera persona, porque en estas semanas he caído en la cuenta que quiero, como muchos de nosotros, un Magdalena enteramente diferente al que hoy ofrece su clase política, calificada por propios y extraños de inoperante, corrupta, mediocre, mediana, egoísta e indolente. No quiero ni quieren nuestros coterráneos un Magdalena lleno de supuestos expertos e instituciones ineficientes e ineficaces ofreciendo problemas y no soluciones. Que no luche contra la corrupción. Con instituciones débiles. Quiero y queremos leyes probas. Investigaciones serias, no acomodaticias. Leyes objetivas y con bastantes dientes. Una justicia independiente, no politizada, que se dedique a investigar, prevenir y sancionar todo tipo de corrupción, no sólo el conflicto de interés.

Quiero, queremos y confiamos en que una de las formas mejores para solucionar la crisis de credibilidad que nos colma, agobia y tiene nuestro gobierno, es combatir y sancionar los delitos de corrupción de manera ejemplar.

Exponer abiertamente los casos presentados por los órganos de control interno y externo. Emitir recomendaciones para que las autoridades competentes prevengan la discrecionalidad y el abuso de la autoridad. Corrijan las normas, los procedimientos y los entornos donde la corrupción haya sido observada de manera sistemática.

Ese es el Magdalena que quiero y queremos sus mejores ciudadanos, Un departamento donde sus gobernantes luchen con firmeza y a brazo partido contra la corrupción, Que tenga instituciones fuertes y en el que sus funcionarios no se dejen corromper por mucho que sea lo ofrecido.

El departamento del Magdalena, de querer verse mejor que hoy, debe adentrase en replanteamientos radicales de su sistema educativo y de salud, entre otros; invertir en ellos, asegurarse una base amplia de escolaridad, con una educación articulada a procesos de desarrollo social y humano, de crecimiento económico y grandes metas, creando, como muchos estudiosos sociales sostienen, eslabones tecnológicos que nos permitan nuevas dimensiones de aplicación del conocimiento al trabajo. Y al mismo tiempo, vinculando todo el proceso educativo a la democracia, Educando para la tolerancia, para la solidaridad, para la participación democrática activa. Educando para buscar en el individuo lo mejor de sí mismo, potenciar sus aptitudes creativas, y convertir la inteligencia en la mejor herramienta de la prosperidad, puesto que nuestro mejor patrimonio, desperdiciado, es la inteligencia, lo que sería el mejor camino hacia el bienestar compartido y la convivencia democrática, con el fin de que la violencia sea un asunto del pasado lejano, como el autoritarismo.

Sostienen, además, que los medios de difusión tendrían una agenda diferente, donde la violencia engendrada por la miseria y los graves desajustes sociales y la corrupción engendrada por la falta de controles democráticos en la gestión pública, ya no tendrían cabida. Entonces, parafraseando a Sergio Ramírez, recuperados estarán los fundamentos éticos y humanistas de la sociedad.

Quizás pueda sonar utópico, pero al departamento del Magdalena hay que reconstruirlo en sus fundamentos éticos desde la recuperación de la utopía. Creamos en nuestro departamento a pesar de todo, porqué a pesar de todo, no se puede vivir sin creer.

 

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