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¿Y los social-demócratas qué?

Opinión Caribe

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Por Cecilia López Montaño

Definitivamente nosotros los social-demócratas, no vemos media. Primero fue la izquierda dura la que nos desplazó en el debate; después vinieron los neo-liberales los que se adueñaron de todas las decisiones económicas; y ahora, cuando era nuestra oportunidad ante el fracaso de los anteriores, resulta que surge con fuerza el populismo de derecha. Pero, además, este grupo está encabezado por un multimillonario -no tiene una fortuna sino de 11 billones de dólares- y además, es nada menos que el Presidente de Estados Unidos, el país que sigue siendo el más poderoso del mundo. Es decir, se nos sigue escapando el famoso cuarto de hora de éxito al que supuestamente todos se tenemos derecho, según Andy Warhol.

Lo más doloroso de esta realidad es que las razones por las que fracasa una y otra escuela económica y política, es precisamente por el tema que hemos planteado permanente como lo que debería ser la prioridad. Se trata de la exclusión, de la existencia de sectores de población y de países, que van quedando atrás de toda posibilidad de progreso como resultado de la acción del Estado y del mercado. No puede negarse que este mal es el que, en última instancia, tiene al mundo hoy en una situación de incertidumbre.

Baja la pobreza que se creía el peor problema de todos y de hecho lo es, pero no es suficiente cuando un exceso de beneficios se acumula en el 1% más rico.

Si se olvidan las necesidades de sectores vulnerables y de las clases medias con estas políticas sociales que han despreciado la universalidad y la solidaridad para focalizarse solo en los más desprotegidos, sucede lo que estamos viviendo en el mundo. Sectores que fueron ganadores porque salieron de la pobreza, reaccionan fuertemente frente a la pérdida de calidad de vida como resultado de las políticas vigentes. Para no mencionar a esa mayoría de vulnerables en América Latina que hoy ven en serio peligro sus pocas ganancias en bienestar, pero que pocos piensan en ellos.

Aquellos que seguimos considerando que llegó la hora de repensar la globalización actual, no para volver al pasado sino para encontrar una integración mundial más incluyente entre países y sectores de población, nos queda una tarea pendiente.

No nos debemos quedar esperando que este populismo de extrema derecha fracase porque los costos serán infinitos. Sería una posición miserable con quienes serán los nuevos y viejos perdedores. Aprendamos lecciones del pasado cuando nuestras voces fueron despreciadas y convirtámonos en los verdaderos veedores de la evolución de estos modelos. Con cifras, con artículos, con investigación contundente, ayudemos a que no se dejen países y sectores de población, por fuera de los beneficios del mucho o poco desarrollo que se logre. Y el reto es que no se desprecien estos esfuerzos por parte de quienes ostenten el poder.

Tal vez la conclusión más importante de lo que ha sucedido actualmente en el Reino Unido y en Estados Unidos y que puede seguir pasando en Francia, Holanda y otros países ricos, es que la economía y la política no andan por caminos separados. Por lo contrario, se unen siempre, no necesariamente para encontrar la solución más conveniente. Con la experiencia que hemos adquirido, en vez de convertirnos en el gueto de los social-demócratas, actuemos como parte de un mundo que también necesita de nuestras voces, porque la exclusión es probablemente el mayor problema del mundo actual. Y nadie tiene la fórmula perfecta ni siquiera nosotros, los social-demócratas. Es la inclusión la tarea pendiente en el mundo.

 

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