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Edición Especial

Los 80’s y la lucha por mantenerse en el mercado

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El subsector bananero constituye uno de los renglones más importantes para la economía de la costa Caribe colombiana y en especial para el Magdalena. Tanto así que, según Jaime Bonet, en su documento sobre economía regional “en los años noventa el valor de la producción del banano en el Departamento, representó aproximadamente el 34% del total de la producción agrícola del Magdalena y alrededor del 8% del valor de la producción agrícola de la región”.

[Leer introducción del especial: “Magdalena, enclave bananero”]

El desarrollo de este subsector ha estado enmarcado en una estructura de mercado definida que ha tomado forma desde los inicios de la producción y comercialización del banano en la Zona Bananera del Magdalena.

El banano ha sido el principal producto de exportación del Magdalena desde los primeros años del siglo XX. En este largo período ha tenido diferentes ciclos de expansión, estancamiento y contracción (larga duración), impulsados por empresas extranjeras, así como por empresarios locales.

El banano se consolidó a principios del siglo XX como un cultivo de “plantación” casi monopólica de la mano de la United Fruit Company (UFC), período durante el cual el cultivo y comercio se especializó y tecnificó. Esta empresa ideó campañas promocionales en Estados Unidos, en la que mostraba los beneficios del banano, entre ellos su alto valor nutricional (vitaminas, proteínas y minerales, principalmente el potasio); así como los efectos positivos en la salud de las personas que lo consumían.

[Leer nota: «Los setenta, momento de reinventarse»]

También resaltaba los precios bajos del banano con respecto a las frutas de estación e impulsaba campañas de degustación de la fruta con empresas de cereal. Así, la UFC logró en algunos años que el banano se consumiera tanto en los hoteles de lujo como por los trabajadores norteamericanos (Bucheli, 2005).

[Leer nota:“Potentados bananeros de la United Fruit Company”]

Décadas más tarde, las condiciones del mercado internacional fueron llevando a la necesidad de que se transformaran los cultivos y la manera de hacer negocios. Los productores locales lucharon por sobrevivir ante el auge de Urabá como nueva zona bananera; y la competencia con el café y la palma ayudaron a sobrellevar la crisis económica que sobrevino a algunos años posteriores al cese de labores de la UFC en el Magdalena.

[Leer nota:“Urabá, nuevo escenario de la UFC”]

Joaquín Viloria lo resume, “la Zona Bananera del Magdalena vivió una larga crisis desde la década de 1960 hasta mediados de los años 80, cuando su participación en las exportaciones bananeras se redujo a menos del 10% del total nacional hasta 1986. A finales de esta década y durante la siguiente, la participación de las exportaciones empezó a aumentar hasta ubicarse en el orden del 30% en 1997”.

[Leer nota:“Urabá, nuevo escenario de la UFC”]

Los estudiosos de la dinámica del negocio bananero plantean que Colombia logró mantenerse en el mercado mundial debido al cambio tecnológico introducido en la producción de la fruta, al comportamiento de la tasa de cambio real y las características de cultivo de largo plazo del banano. Ecuador, aunque comenzó más tarde en el cultivo del banano, superó a Colombia en hectáreas cultivadas y en el índice de exportaciones. En general, el país le apostó al café como producto principal de sus exportaciones agrícolas.

En los años ochenta la producción de Urabá sólo creció a un 0,1% promedio anual, mientras que la de Santa Marta lo hizo al 7,5%. Lo anterior permitió que Santa Marta recuperara a finales de los ochenta los niveles de exportación de los años cincuenta y, de paso, recuperar participación dentro del total nacional de exportaciones, aunque sin desplazar a Urabá como principal centro exportador del país. Posteriormente, en los años noventa el volumen de las exportaciones de Santa Marta mantuvo una tasa de crecimiento promedio anual superior a la de Urabá.

El elemento más importante para que se presentara una recuperación de la zona productora de Santa Marta frente a la de Urabá parece ser el deterioro de las condiciones de orden público que llevaron a los productores a trasladarse a zonas que le permitieran tener una oferta más confiable.

[Leer nota:“Choque entre el comportamiento ribereño y el asentamiento de la UFC”]

A finales de 1983 se venció un gran número de convenciones colectivas de trabajo y se iniciaron negociaciones en medio de un gran conflicto obrero patronal, que llevó al desarrollo permanente de huelgas y operaciones tortugas que redujeron la capacidad de producción de la región. La situación se fue complicando a lo largo de los años ochenta y sólo a finales de 1990 las relaciones entre las empresas y los sindicatos mejoraron ostensiblemente.

“El ambiente de violencia que se desata en Urabá, intensificado en 1984, ocasiona la desmotivación de los productores en la inversión en la zona, obligando a definir una estrategia de expansión con la diversificación de las fuentes de abastecimiento, estableciéndose divisiones complementarias en Santa Marta, que reinicia con fuerza la explotación bananera, al igual que en otras regiones como Ecuador y Costa Rica, para garantizar así un suministro seguro y confiable, protegiendo los intereses nacionales de productores, accionistas y clientes” consigna una opinión citada por Jaime Bonet en su trabajo sobre economía regional.
El deterioro en el orden público de Urabá se refleja en el comportamiento que registró el número de homicidios en los municipios del área. A lo largo del período 1988 – 1995, se encuentra una significativa concentración de los homicidios en los municipios que conforman el eje bananero (Apartadó, Carepa, Chigorodó y Turbo). En estas cuatro poblaciones se concentró, en promedio, el 86% de los homicidios de la región de Urabá.

Lo anterior se reflejó en los niveles de crecimiento de la superficie cultivada en la zona de Urabá. Mientras que en los primero cinco años de la década de 1980, la superficie cultivada en esa región creció a una tasa anual promedio del 1,4%, entre 1985 y 1990 sólo lo hizo al 0,8%. Esta reducción en el nivel de crecimiento de las superficies cultivadas de banano en Urabá contrasta con el registrado en la región de Santa Marta, donde se presentó una tasa de crecimiento promedio del 5,4% en el período 1985 – 1990.

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