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Reencontrar el rumbo

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Saúl Alfonso Herrera

He entendido siempre que el Poder Legislativo está dado para hacer las reformas oportunas. Que los gobernantes deberían llegar a las instancias oficiales investidos de amplias que no pobres minorías, lo que los legitimaría mayormente. Y, que el ejercicio del poder está para alcanzar los propósitos de impulsar el bien común. Aspectos estos junto a otros que me permitiré señalar, que necesitan y necesitarán de personas con pensamientos lúcidos para que reencontremos rumbos ciertos.

Soporto lo antecedente en que la democracia debe crear autoridades con legitimidad, la colectividad sentirse directamente responsable al elegir a sus autoridades y buscar que se robustezcan cohesión social, confianza y credibilidad y no ser cuestionadas, lo que obstaculiza que se preserve la gobernabilidad requerida para alcanzar los fines del Estado. No se debe en las democracias propiciar ambientes de discordia que entorpecen, sino coordinar, armonizar esfuerzos colectivos futuros, generar solidaridad, no creando en sí deseos de venganza, incertidumbre, inseguridad, desmoralización y escepticismo respecto que ella, la democracia, sea o pueda ser el mejor sistema político. Se rompe ciudadanía y política, aumenta el desánimo, aminora la participación.

Otros aspectos a observar tienen que ver con la injerencia del dinero, que permea, compra y tuerce conciencias, compromete a los ‘ganadores’ a devolver favores a quienes los financiaron, potenciando  mayores noveles de corrupción e impunidad. Hacen mutis por el foro las ideas. Los debates desaparecen y cuando se dan la pobreza conceptual y de cultura política es manifiesta. No vemos responsabilidad en los servidores públicos, quedando todo en catálogos de buenas intenciones. No llegan a las instancias electivas pertinentes, lo que es gravísimo, personas con sólidos atributos, falla protuberante de la ciudadanía que vota sin apoyarse en la razón, lo que potencia incertidumbre, regresión, involución.

No se trata de señalar los males muchos que arrastramos, sino resaltar falencias y la necesidad imperiosa de retomar los mejores senderos. Es corregir faltas, recurrir a acuerdos. Velar desde el control social porque se tenga en exacta cuenta el principio fundamental, esencial, sustancial, de la preeminencia del interés general y nacional sobre el particular; y, el robustecimiento del Estado Social de Derecho. Crear mecanismos que permitan consensos amplios. No podemos seguir asistiendo a ser observadores pasivos de confrontaciones y desencuentros que hacen parte de intereses individuales y no a las ideas que deben abrirse paso en la protección y defensa colectiva.

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