Connect with us

Columnistas

Desafección intelectual

Avatar

Published

on

Alfredo Pertúz

Bajo el imperio de las campañas electorales y su inmediata consecuencia, el debate, ha quedado evidenciada una situación a la que nunca hemos sido ajenos, pero por conducto de la intensidad de la contienda, se ha incrementado.  Se podría pensar fácilmente que aludo a la coyuntura sociopolítica llamada ‘polarización’, pero no es a esto lo que me referiré, sino a lo que esta ha logrado acercar.

Es apenas lógico, que, en democracia, las opiniones se fraccionen, y más aún que estas lo hagan entorno a una idea, por principio general, y/o a una persona, por vía de excepción. Lo que no es normal, es que la sociedad, constituida en opinión pública, pueda tener argumentos tan pueriles y tan vacíos como con los que en la actualidad se discute, no solo el tema electoral o político, sino cualquier otro que sea puesto a disposición de la masa.

Es cierto que el típico debate, propio de la filosofía política, entre izquierda y derecha, nunca había sido tan expuesto a la sociedad, o no por lo menos en sentido tan palmario; pero no por ello se justifican argumentos tan aberrantes y simplistas como los que hoy gravitan sobre nuestra sociedad. Si algo ha implicado este clímax político y su discusión, ha sido la renuncia total a la inteligencia y fundamento, la razón.

Se podría apresuradamente denunciar al debate presidencial, como el inmediato responsable de esta situación; pero adentrándonos en el estudio de la historia reciente, empezaremos a considerar la idea de que esté presente, es producto de un pasado alejado de la cultura, lectura, educación, arte, moral cívica, ética y de la simple inquietud e incluso del sentido común. Colombia, como nunca en los últimos 50 años de vida republicana, se ha regodeado en la ignorancia con imperturbable serenidad, y absorta de la más mínima capacidad de abismarse, logrando no con mucha dificultad posicionar una élite política no menos perversa que la criticidad actual.

La conciencia al igual que la inteligencia no están reservadas para unos cuantos, por lo contrario, están disponibles a todos; solo que el número de aventureros que se precipitan arriesgadamente en su búsqueda es cada vez menor. Es evidente que no se puede tener una posición científica para todo, y no podría ser ese el fin de la sociedad, pero si es una obligación moral el cuestionar, con un mínimo de razón, lo que a todos nos compete.

No es esta una invitación al activismo, ni a la militancia, pero si a la reflexión. Nadie ha dicho que no se puede ser Conservador, Liberal, de Centro, de Izquierda, Derecha o simplemente tener una opinión independiente ante el intríngulis político, lo que sí debe estar prohibido éticamente, es tener una opinión intelectualmente desvergonzada.

Como si fuera poco, el panorama desolador acelera el paso, pues en días pasados el Icfes anunció que la calidad de los resultados de las pruebas de Estado había disminuido en relación con años anteriores y déjenme decirles, ¡va uno a hablar con un primíparo y se nota!

Click to comment

You must be logged in to post a comment Login

Leave a Reply