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Pensar el progreso y repensarnos

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Rubén Darío Ceballos Mendoza

Creen y argumentan importantes como demostrados analistas nacionales y extranjeros, que nos desgastamos y perdemos mucho tiempo en vanos fanatismos. Que posamos de intelectuales y pensamos en romanticismos estériles. Que juramos a pie juntillas que todo cuanto provenía de lo denominado como progresista y de vanguardia era lo bueno, mejor y conveniente para las mayorías, mientras que las realidades eran otras.

Mientras tanto, en distintas otras latitudes, pies en tierra, se preocupaban por aplicar fórmulas prácticas que permitían avanzar, crecer las economías, generar empleo y mejorar la infraestructura en un tiempo relativamente corto, tal como aconteció en países que en esos mismos lapsos y con un desarrollo menor que nosotros, son hoy, potencias en producción industrial, tecnológica y están colocados sus bienes en todos los países del mundo, lo cual genera envidia de la buena. En síntesis, tenemos que decir que por andar pensando ilusoriamente estamos en ‘modo fracaso’.

El problema, arguyen igualmente, estriba en que no se toman las decisiones correctas ni adecuadas para salir de los asuntos que más han de interesar en contexto de progreso, sino que centran su preocupación en halagar a incautos y mantener su dominio con peroratas insustanciales, retórica y huecas palabras, generando un populismo insostenible, que nada aportan ni construyen y por ende, no ayudan a develar los entuertos que amenazan con dañar cualquier mínima mejora que se pudo haber podido construir a través de los tiempos.

Somos temerosos de enfrentarlos y cautivos estamos de una ideología que estropea cualquier intención que realmente ponga las bases de un desarrollo sostenible y sustentable. Desvían los senderos mejores y adoptan prácticas que restan recursos al emprendimiento y a la iniciativa. Miran todo desde aristas equivocadas, desviando la posibilidad de ir hacia aquello que signifique prosperidad y riqueza en manos de los particulares; pero lo que es peor, hacen creer abiertamente que se preocupan por las reivindicaciones de la base societaria cuando en realidad su fanatismo los conduce a la miseria. No son sinceros ni transparentes, sino engaña bobos y mentirosos que apegados a formas caducas e inservibles estancan por entero todo atisbo de integral progreso, en contra de los intereses Distritales, Municipales, Departamental y del Orden Nacional.

No podemos creernos que repartiendo la pobreza vamos a alcanzar desarrollos importantes, ni crecimientos mayores, sólo escasez y miseria. Nuestra aspiración como Nación tiene que apuntar a lo moderno y de avanzada, sobre todo, cuando el mundo así lo exige, De no hacerlo, estaremos irremediablemente condenados a seguir viendo el decurso del mundo en la vera del camino, en detrimento de un buen Vivir, como lo merecemos.

 

 

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