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Columnistas

Política sin politiquería, ni politiqueros

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Saúl Alfonso Herrera

La gente, es clamor general, no quiere ni resiste más politiquerías, ni politiqueros. Quiere sí, dirigentes dedicados a la buena política, que analicen y observen la realidad social como debe ser y como les corresponde y están obligados; así como a tomar posiciones frente a las problemáticas existentes y las que de continuo surgen.

Honestos. Que no despierten sospechas. Que su poder no sea demasiado, debilitando la sociedad civil, hasta el punto de que han acaparado todas las instituciones, no solo las políticas, sino la justicia, la universidad, la academia, y demás, y de ahí la suspicacia de que detrás de todo hay perniciosas perversiones.

Se percibe una crisis política de grandes dimensiones, todo grandemente politizado, lo que afecta en alto grado al resto de instituciones, entre ellas la justicia, que debería estar al margen de la política, lo que demanda un pacto de Estado para dejar esa y otras cuestiones fuera de la reyerta política, en la concepción que debe haber unos límites, porque al final en esa batalla pierde sin duda nuestro sistema democrático en su conjunto.

Es bajo, sin duda, el nivel de credibilidad de los políticos entre los ciudadanos, lo que es grave a todas luces, ya que los ciudadanos ya no solo ponen en entredicho a los políticos, sino a todas las instituciones y de paso a todo el sistema democrático. El ciudadano de a pie está furioso por la falta de credibilidad de los políticos, no le cree a sus programas y menos a sus promesas. Reclama sinceridad y verdad. Se sienten defraudados y han llegado a la conclusión de que los partidos están en declive, por lo que deben cambiar para bien, remozarse, regenerarse, o en muy corto tiempo el electorado optará por nuevas opciones políticas, como lo estamos viendo en distintos otros países del orbe.

Consciente de lo cual, la ciudadanía está enviando señales directas y cifradas a los políticos en los que les advierte que la democracia no puede reducirse a votar en cada justa eleccionaria y que el resto del tiempo hagan lo que quieran hacer hasta las siguientes elecciones, lo que convierte todo esto en una especie de despotismo ilustrado, todo para el pueblo, pero sin el pueblo, lo que ha hecho que muchos ciudadanos ya no se sienten representados por sus políticos, resultando un evidente distanciamiento  y una clara ruptura entre el cargo político y el ciudadano. Repito, la gente quiere verdaderos políticos, no politiqueros haciendo politiquería. La gente cada vez es menos ingenua, independientemente del nivel educativo que tenga. Tampoco es tan fiel, al ser más crítico y votar en función de las circunstancias. No obstante, este sombrío panorama de los partidos políticos, hay que protegerlos porque cumplen una función social.

 

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