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De la legitimidad democrática cese a las dañinas manipulaciones

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Rubén Darío Ceballos Mendoza

Hoy en Colombia y en el mundo se cuestionan las dañinas intervenciones manipuladoras de las encuestas interesadas y del indebido manejo de las redes sociales, Facebook; ante ello, es preciso recordar, que el orden democrático constituye una autoridad con sus reglas y valores.

La idea de autoridad democrática, que es el poder de la sociedad sobre ella misma, refiera que por encima de la autoridad política de los gobiernos de turno está la autoridad democrática, que si se cuestiona se pierde el fundamento del orden político, requiriéndose, en consecuencia, un mayor aprendizaje democrático para que la desafección democrática instalada entre nosotros, no permanezca, especialmente por cuanto la escena de la política exige una doble mirada: la de una democracia que resuelva bien el tema crucial de la legitimidad, sin engaños; y, el análisis de las condiciones según las cuales funciona una sociedad que debe llevar a favorecer la institucionalización de las rivalidades y su transformación en conflictos negociables. 

Es ir hacia una cultura de verdadera democracia, inmersa en un vasto campo de tensiones. Tenemos que entender que su progreso no depende únicamente del avance de los derechos y de la aceptación de los principios democráticos, sino también de la forma como pueden ser procesados los conflictos. Una débil estructuración democrática implica riesgos de fondo, ya que aquello que puede resultar beneficioso para la deliberación democrática, puede terminar viciando su funcionamiento, en cuanto la fragmentación de la oposición multiplica los intereses de unos pocos en detrimento de los intereses superiores de la colectividad. 

Importa en todo este proceso, cambios reales en lo político, cambios donde no haya cabida para la personalización del poder, falsos mesías, la disolución partidaria, la abstención, la desconfianza social, la ausencia de políticas de largo plazo que mantiene a millones de los nuestros en la pobreza y la indigencia, el estancamiento económico, la corrupción organizada y reproducida desde redes institucionales que involucran a funcionarios del Estado, empresarios y dirigentes de todo nivel. Esto es serio, la democracia debe primar sin engaños, lo que impone e importa saber, qué haremos entre todos para preservar la misma.

En síntesis, se sostiene que, en democracia, la legitimidad política la confieren los ciudadanos con sus votos sin las indebidas manipulaciones y las instituciones que, a través de mayorías, tienen la capacidad de otorgar el poder en nombre del pueblo. No es un cheque en blanco ni permanente. Por eso, la legitimación de origen ha de revalidarse día a día en el ejercicio del poder y la ley establece mecanismos judiciales y parlamentarios para apartar a aquellos individuos o gobiernos que violen la norma o traicionen la confianza ciudadana; verbigracia, lo acontecido recientemente en el Perú.

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