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El ejemplo de Santa Marta

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Víctor Herrera Michel

Por razones familiares he ido a Santa Marta por lo menos 4 veces durante cada uno de los últimos 30 años. Así, sin proponérnoslo, somos testigo de excepción de la transformación que ha experimentado esta ciudad en el último lustro.

Ya hace varios años asistimos a la recuperación del centro histórico con la reducción de la avenida primera (frente a la bahía y al puerto) en favor de los turistas, que además comenzaron a disfrutar de novedosos establecimientos y hoteles boutique.

Hace unas semanas apreciamos los vistosos escenarios deportivos que se construyeron para los Juegos Bolivarianos. Son de admirar por su diseño, su moderna arquitectura y su disposición para que el público aprecie las competencias estando dentro o fuera de ellos. Colombia brilló deportivamente y Santa Marta se lució como sede.
Sin embargo, esta vez en plena Semana Santa quedamos impactados por varias novedades.

En primer lugar, la facilidad en los desplazamientos, la descongestión vehicular y, por ende, la ausencia de trancones a cualquier hora. Pues, entra uno a la capital del Magdalena a través de una doble calzada desde la Y de Ciénaga y tomando amplios puentes y avenidas, así como calles despejadas y bien señalizadas se moviliza a muy buen ritmo por toda ella.

Así mismo, el fervor de las gentes para concurrir a los actos religiosos atiborrando las iglesias y asistiendo copiosamente a las diferentes procesiones que se programaron.
Nos sorprendieron no solo el número de parques que se han recuperado (van 40 y vienen 15 más) sino el cuidado que dan los ciudadanos a los elementos de los mismos. Nos impactaron dos escenarios: la cancha sintética de Futbol en La Ciudadela con las medidas oficiales dela FIFA, unas graderías de lujo e iluminadas con luces Led y el “Parque del Agua” en el centro de Mamatoco, con un hermoso lago artificial y diversos juegos infantiles en un área de casi 4 hectáreas.

Y quizás lo más importante: la cultura de cuidado y aseo de su ciudad que ha adoptado el samario. Es sorprendente la limpieza que hay en toda Santa Marta, acompañados de un gran número de canecas gigantes y de otros tamaños que se observan en cada sector. La gente tiene tal sentido de pertenencia que no solo no arroja basura a las calles ni las acumula en bolsas en las puertas de sus casas sino que recoge y deposita los desechos en este tipo de canecas públicas mediante instructivos colocados en las mismas.

La prueba de fuego fue en “El Rodadero” en pleno sábado santo en donde miles de visitantes (muchos de ellos barranquilleros) abrumadoramente ocuparon las carpas y miles de sillas plásticas en la playa. Nos llamó poderosamente la atención – a diferencia de otros años – la limpieza de todo el sector, la señalización, las canecas gigantes y cestos de basura, los sitios de acopio para los diferentes materiales reciclables, las señoras con camisetas naranja explicando cómo tratar la basura, los funcionarios del cuerpo de bomberos, espacio público y policía charlando con la gente que animadamente departía, los orientadores de tráfico manteniendo las calles despejadas, las nuevas estaciones públicas para que las personas puedan bañarse, quitarse el agua de mar y guardar sus pertenencias durante su estancia, los baños públicos, en fin, un ambiente y una ciudad que se ha convertido en un gran ejemplo.

Por cierto, es muy significativo que los samarios están obteniendo la ciudad que soñaron sin que hayan soportado la creación de nuevos impuestos ni el incremento de los que hoy pagan.

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