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Presente sí, también futuro

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Saúl Alfonso Herrera

 Saben los dirigentes políticos de su desprestigio, del desprecio de las gentes por sus actividades, del rechazo popular, razón por lo que centran su interés en el propio porvenir, obligándose a ser capaces de todo por y para mantenerse en el poder, lo que los hace pragmáticos y hasta recurrir a postulaciones de personas sin trayectoria en la militancia partidista, asegurándose siempre de mover los hilos y  cuidándose de mostrarlos sin la imagen del político tradicional, sino como un conciliador de intereses y esperanza para atraer votantes indecisos, de otras banderías o para pescar incautos.

Les es muy importante su porvenir, incluso pretenden que les olviden su pasado, sus aliados de siempre o de ocasión, pero nunca de la burocracia a proveerse. Piensan siempre en hacer de cada momento un tiempo mejor en el que converjan populismo, incidencia en los manejos presupuestales, y la promesa, siempre mentirosa, que la corrupción se acabará y brillará con luz propia la honestidad como la nueva panacea administrativa pública. Exponen el futuro como un atractivo estelar en la lucha por el poder, buscando siempre ganar o sobrevivir.

Para que tengamos futuro, lo primero será entender que dependerá antes qué de algo o alguien, de nosotros, de los ciudadanos y no de los partidos y sus dirigentes; de allí que exista la democracia, o al menos su remedo. Entendamos que nosotros los ciudadanos, los da a pee, somos los responsables del futuro de los políticos y sus partidos, y es nuestra arma el voto bien utilizado en beneficio colectivo. No es ni será fácil el proceso, siempre controlado por quienes detentan poder. Hoy por hoy toca analizar que, si de futuro hablamos, la responsabilidad es de la ciudadanía, lo mismo que hacer visibles las opciones mejores, siendo obligación construirla paso por paso, desde ya, para garantizar un mañana promisorio. De no hacerlo, seguiremos en peores condiciones a las de hoy.

En este transcurso, si queremos en verdad avances significativos, tenemos que aprovechar las experiencias y capacidades de todos, puesto que la sociedad funciona mediante una red que interrelaciona gobierno, instituciones, comunidades, grupos de interés, diversos sectores y a los ciudadanos, quienes tienen un conocimiento mucho más íntimo a nivel local de las necesidades de la población. Interesa promover la legitimidad, haciéndole ver a las instituciones, organismos sectoriales, empresas y gobiernos locales, la conveniencia de confiar, apoyar y colaborar con los ciudadanos e incluirlos de alguna forma en sus decisiones, ya que tienen una mayor facilidad de promover iniciativas destinadas a hacer más eficaz el medio en que se desenvuelven.

Es ir tras el desarrollo de nuevas capacidades, integrarse, toda vez que la participación desarrolla en las personas la colaboración, identificar prioridades, lograr que las cosas se hagan y los proyectos se realicen, lo mismo que permitir a todos comprender mejor las decisiones y el porqué de algunas de ellas que traen aspectos a veces considerados negativos o regresivos, en la verdad que la actividad participativa redunda en hacer mejores ciudadanos. Lleva todo lo cual, a mejorar la calidad de vida, ya que las personas que participan en la toma de decisiones, como sostienen expertos en la temática, son más felices que los que se limitan a aceptar o aplicar las decisiones de otros, debido a que se sienten responsables del mejoramiento de su calidad de vida. Brinda, sin duda, la participación al ciudadano una grande oportunidad de mayor eficacia en la colaboración. Apuntémosle a ello.

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