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Errar es humano

Opinión Caribe

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Por: Rafael Castañeda Amashta

 

En días pasados estuve en una entidad bancaria para realizar una transacción financiera, a pesar que hoy en día, las instituciones financieras ofrecen operaciones bancarias por internet, desde cualquier lugar y en cualquier momento. Por la congestión de las oficinas, los colombianos odian ir a los bancos. Las filas y esperas excesivas, están entre las principales insatisfacciones de los usuarios.

Según informe de la Superintendencia Financiera, las transacciones por internet superan a las operaciones que se hacen en los bancos. Del valor total transado a través del sistema financiero, el 45% correspondió a Internet, el 35% se hizo a través de las oficinas físicas y el 25% corresponde a transferencia de fondos entre bancos y cooperativas de crédito.

Apenas entré al banco, pude observar el numeroso grupo de personas, sentadas y de pie, que esperaban su turno para ser atendidas. Me dirigí al atril interactivo o dispensador digital, el cual imprimió un ticket donde mostraba el turno asignado y me senté a esperar, a que fuera llamado para ser atendido.Errar es humano

En la sala de espera hay varias pantallas de televisión, donde se visualizan los turnos en atención y se transmiten mensajes institucionales. Luego de varios minutos, la pantalla del monitor anunció el turno J18, pero después de tres llamados, nadie se levantó ni atendió. En vista de eso, un auxiliar de la entidad llamó con voz fuerte:

J18… J18… J18.

Al lado mío estaba un auxiliar del banco, que afanosamente anunciaba a gritos el turno. Pensé en ese momento que era una exageración la forma como llamaba a la persona que tenía el turno, y confieso que hasta molestia sentí. Como nadie atendió al llamado, pasaron al siguiente turno.

En ese momento, miré el ticket donde estaba mi número del turno y…¡oh sorpresa!

¡Yo era el turno J18!

Me levanté de la silla y en un tono de reclamo, le dije al auxiliar que iba a pasar donde el cajero, pero fue tajante al decir que tenía que tomar otro turno. Eso me molestó y a la vez me sentí como un tonto, ya que todos me miraban. No sé qué estaba pensando cuando la pantalla mostró el turno. Estaba absorto.

Me dio rabia porque caí en un típico error de los humanos: buscar culpables fuera de uno mismo. El equivocarse es algo intrínseco a la naturaleza humana. Lo importante es reconocerlo y aprender de eso, para evitar que se repitan los errores.

De regreso a casa, comencé a entender que los demás no tenían la culpa y que el error había sido mío. Pensé en lo que sucedió y en lo que debí hacer en ese momento y reflexioné que muchas veces nos pasa así en la vida.

Cuando estamos por el camino equivocado o cometiendo errores, tenemos personas a nuestro alrededor que constantemente nos hacen un llamado para bien nuestro. En muchas ocasiones no prestamos atención. Nos insisten con voz fuerte, pero no nos gusta. Nos molestamos con esas personas, creyendo que la razón la tenemos nosotros y si nos tratan de demostrar que estamos equivocados, buscamos cualquier argumento para defender lo que pensamos o alguna justificación para no cambiar de opinión.

Debemos mejorar nuestra actitud hacia las demás personas y pensar positivamente de ellos. Esto hace, que resolver cualquier problema, sea una experiencia más agradable y que a la vez nos permita tener una mejor convivencia.

Dejemos de pensar mal de las personas y reconozcamos nuestros errores. Eso fue lo que pensó el filósofo y escritor romano, Cicerón, cuando expresó la frase:

“Todos los hombres pueden caer en el error, pero solo los necios perseveran en él”.

 

Contacto

Twitter: @RafaelCastane

Facebook: Rafael Castañeda Amashta

 

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