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Dejar importa

Opinión Caribe

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Deben los gobernantes y más en la coyuntura actual, dejar impronta en todas las políticas públicas y obras de envergadura ciertas, reales, verdaderas, que no “obritas engaña bobos y suma incautos”. Es hora que tengamos obras fundamentales, esenciales, necesarias, mismas de las que puedan decirse marquen en individualidad y conjunto un antes y un después en nuestra vida territorial. Ser una actitud nueva, de cambio, transformadora. El Magdalena y sus municipios todos las necesitan, requieren, anhelan, demandan, claman y reclaman. Ser objetivos, inventariar lo que hay que cambiar y lo que deba conservarse.

Priorizar, en lo que primero es combatir la corrupción. Sin embargo, suspender los recursos a instituciones por capricho, sospecha o indicios de malos manejos puede llevar a un grave raquitismo a la administración pública en su conjunto; lo mismo que suspender o despedir servidores públicos por intuiciones, chismes, rumores o corazonadas, lo que además de ser una injusticia manifiesta, propicia en mucho prescindir de gente útil e indispensable; no obstante, que los sistemas políticos, todos con grandes fallas, parten del principio de la complicidad, razón para que nadie denuncie; y si lo hace, se le sataniza, hasta el punto de creerse que todos están untados y por tanto convertidos en un inmenso núcleo de complicidades, y es cuando el rigor de la disciplina degenera en la ocultación de conductas inmorales; a lo que se suma lo burócrata, que vuelve peligroso al servidor público que cumple ordenes perdiendo conciencia y quedarse sin criterio para discernir lo bueno de lo malo, ya que se robotiza y se pliega a la decisión del jefe sin cuestionar los medios para ejecutarla ni las consecuencias que acarrear ello pueda.

Debe quedar claro y es esa la indeleble y principal impronta que debe dejarse en ámbitos gubernamentales, que no debe ni puede haber transigencias en el combate a la corrupción, debiendo llegarse de ser necesario al autoritarismo y eso traduce no rehuir el gobernante a su deber irrenunciable de velar por proteger y conservar para todos los asociados las arcas del erario público, así en ello tenga que asumir y adoptar tanto decisiones como medidas impopulares en cumplimiento estricto de la Constitución y las leyes, lo que fortalece sin mientes todo cuanto representa, importa y significa el Estado de Derecho.

Dejar huellas un gobernante como base del arte político y ejercicio administrativo público, es ser respetuoso en toda ocasión, consultar el querer popular, ser justo, generoso con su entorno como una actitud de fondo que supone apertura a los problemas de los demás, acercarse y brindarle confianza a los gobernados, fortaleza para soportar con buen ánimo las adversidades,  dominarse a sí mismo y actuar con disciplina, todo lo cual entre otras virtudes, que consolida el tejido social y son imprescindible para lograr el buen orden, buen gobierno y bien común. saulherrera.h@gmail.com *Abogado. Especializado en Gestión Pública

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