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Columnistas

El saludo de Silvestre

Opinión Caribe

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Por: Rafael Castañeda Amashta

Hace algunos años conocí a Silvestre Dandond, con el cual compartí buenos momentos, que dejaron varias anécdotas. El vivía en Valledupar y cuando tenía presentación en ciudades de la costa, me recogía en Fundación, al igual que a un amigo común y lo acompañabamos en sus correrías. 

En una oportunidad, se presentó en un baile en Fundación-Magdalena. Ese día llegué de Estados Unidos y enseguida me fuí para la caseta, en compañía de la Prince -mi novia en ese momento- y hoy mi esposa, quien me acompañó después de terminar el turno, en el hospital local donde hacia su año rural.

Cuando llegamos al sitio del baile, pude darme cuenta enseguida, que no había ese tumulto de gente que algunos cantantes logran atraer. Sin embargo, le pregunté a un vendedor de los que se ubican en las afueras del sitio de presentación, que me dijera si la caseta estaba llena, a lo que me respondió con esa viveza, que es característica de las personas que tienen acumuladas horas en la calle: 

“Mi llave, esa vaina está más vacía que el ropero de Tarzán¨. 

Apenas entramos, pude ver pocas personas ocupando las mesas y observé otras bailando en la pista. Nos acomodamos cerca a la tarima y a los pocos minutos llegó Silvestre, vestido con una camisa azul con botones blancos, un blue jeans, con correa y zapatos de color negro. Luego de saludarnos efusivamente, nos sentamos en unos banquitos de madera, a esperar el momento de su presentación, mientras una papayera tocaba canciones, en los ritmos de fandango, porro y merecumbé.

Comenzamos una amena conversación y cuando se enteró que estuve en Estados Unidos, se mostró interesado y me pedía que le contara como era la cultura y la forma de vivir de los gringos. Estaba entusiasmado con mi relato y me miraba sorprendido con las palabras que le decía. Recuerdo que me comentó que a él le gustaría vivir en ese país y que iba a luchar por ese sueño. Me percaté que era obsesivo con sus metas y que lo que se proponía lo lograba.

En esa época no eran conocidas las cámaras digitales, y en Colombia todavía usabamos las cámaras de rollo. En Estados Unidos compré una cámara digital y la estrené esa noche. Nos tomamos varias fotos con Silvestre. La cámara le gustó tanto, que en un gesto de desprendimiento de parte mía, y como reconocimiento a esa amistad que se afianzaba ese día, se la regalé sin ningún interés y sin que él me la pidiera.

Cuando Juancho de la Espriella comenzó a “registrar” el acordeón en el micrófono, Silvestre subió a la tarima. En ese momento, escuché una voz que me hablaba a la espalda, di la vuelta y encontré a un conocido al que yo le había hablado de Silvestre y lo había promocionado de la mejor manera. Tenía una cerveza en la mano y riéndose, me decía: 

-Erdaaaa…ese gordo, es el que tu dices que va a ser el mejor artista del vallenato?

Se empinó la botella en la boca y sentí que se burlaba de mi. Cuando se la estaba bebiendo casi toda, le dije:

-Nojoda, escúchalo y después me dices.

Dejé de mirarlo, volteé a la tarima y ya Silvestre había empezado su actuación. Enseguida mostró su faceta de cantante, compositor, músico e intérprete. Observé buena química entre el artista y el público y lo noté decidido, intrépido, innovador y con la personalidad de los triunfadores. Luego de la primera canción, miré hacia atrás y el que me había gritado, escuchaba atentamente y con la mano cerrada, me levantó el dedo pulgar, en señal de haber aceptado mi profecía. 

Esa noche, durante su actuación, Silvestre me nombró y me saludó en la mayoría de canciones que interpretó. Al final del baile, por iniciativa de él, me dijo: 

-Mi hermano, la otra semana comienzo a grabar el nuevo cd. Te voy a nombrar en un saludo. Vete para Valledupar y acompañame. Allá escoges la canción en la que quieras que te nombre y me dices que quieres que diga tu saludo.

En esa semana, me tocaba reintegrarme al trabajo luego de mis vacaciones y por esos días, con mi novia andabamos realizando los preparativos para nuestro matrimonio. Fue imposible ir a la grabación del cd, pero gracias a su nobleza y a que es amigo de sus amigos, Silvestre me dio un saludo en el final de la canción, “Celoso y que”, el cual dice: “Tachi Nieto y Rafael Castañeda, Fuuunndación”.

Twitter: @RafaelCastane

Facebook: Rafael Castañeda Amashta

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