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Columnistas

Por un Nuevo Pacto Ciudadano – Policía

Opinión Caribe

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Autor: Carlos Arteaga España

La propuesta de generar una nueva reforma el Código de policía actual (Ley 1801 de 2016) puede resultar plausible, sin embargo, se requiere medidas adicionales y urgentes, pues la intervención del legislativo no resuelve integralmente los problemas que se han venido presentando a lo largo y ancho del país, con autoridades de policía y su impresentable comportamiento. Ese habito de resolver todos los problemas a punta de legislación, ha conducido a este país al excesivo legalismo de dudosa eficacia o acatamiento. Adicional al componente legal, sería necesario cambio cultural y análisis sociológico.

Las normas jurídicas como las contenidas en la ley 1801 tienen principalmente dos destinatarios: Las autoridades de policía (presidente, gobernadores, alcaldes, comandantes de estación, uniformados en general, etc) y los ciudadanos sin ninguna distinción que debemos ceñirnos a esos principios y reglas que allí se expresan para conservar la convivencia pacífica y el orden público, en el sentido negativo absteniéndonos de infringir las prohibiciones o reglas tipificadas en ese cuerpo legal. Unos obrando en sentido positivo observando las disposiciones, y los otros evitando activar comportamientos que generen la intervención de las autoridades policivas.

El Código de Policía tiene dentro de su contenido una serie de principios que resaltan el respeto a la dignidad humana, la proporcionalidad en los procedimientos, el carácter preventivo de sus actuaciones, el uso de la fuerza como última medida, sin embargo estos parámetros  que son directrices y orientadores para la aplicación en los aspectos prácticos y cotidianos rara vez son usados, privilegiando la fuerza bruta,  mostrando la superioridad que da el uso de un arma, y los demás privilegios de detentar el uso de la fuerza institucionalizada.

Por el otro lado ciudadanos, que, ante el deterioro profundo de todos los estamentos institucionales, ya no respetan su policía, y de un tiempo aca ante la agresión ha empezado a responder con la misma moneda, entrando el país en el plano hobessiano:” el hombre es un lobo para el hombre”.

Ahora bien, si admitimos una restricción en el uso de armas que tienen connotaciones peligrosas y otras reformas, ello no puede quedarse en esas aristas, por lo cual es menester que la cabeza de la institución (cuerpo civil y uniformados) le apunten a las siguientes observaciones que sugiero sean analizadas en lo futuro.

  1. a) La creación de un Manual de buenos tratos que incorpore los principales principios contenidos en los tratados sobre derechos humanos, la Constitución Nacional, y los contenidos en la ley 1801 de 2016(dignidad humana, proporcionalidad, la mediación, uso de fuerza como ultimo recurso), ojalá concertado con asociaciones comunitarias, sociales y académicas que le den una visión externa al documento con el aporte de ideas. Deliberación y participación.

Toca empezar a exigir la aplicación de estas normas y principios en los procedimientos, y más allá de ello también debe el ciudadano apropiarse de los mismos, pues la interiorización de ellos por los distintos actores debería redundar en el mejoramiento sustancial de la convivencia, piénsese el caso de la protección a los animales, como día a día toma fuerza, pues empezó con una transformación cultural, u como todo cambio genera resistencias, ¡pero gradualmente se ven los progresos! ¡La humanidad debe tender al progreso, la involución nunca debe ser una opción!

Si seguimos colectivamente el rumbo de esta violencia que se visibiliza en las redes, estaremos en serios peligros, pues como bien anotaba Churchil” No existe demasiada seguridad colectiva en rebaño de ovejas camino al matadero” Urgente resolver este asunto.

  1. b) Despersonalizar O despolitizar la Policía Nacional. Esto implica un cambio de mentalidad, que no solo involucra a la policía, sino que pasa por el estamento político. Toca decirlo sin titubeos: La policía no tiene credo político. El fundamento de su existencia no es para congraciarse con políticos que detenten temporalmente el poder, pues su esencia y la razón de su existencia es la defensa de las libertades públicas, la sana convivencia y el manejo del orden público. Por eso resulta censurable que ciertos políticos que adscriben a la derecha celebren o justifiquen la arbitrariedad de los uniformados, para tener allí un nicho electoral, que observa la compleja realidad nacional con simplismo.

Tampoco resulta encomiable, la otra postura que justifica la agresión de algunos ciudadanos contra el cuerpo policivo, queizas con idénticos propósitos. Ambas actuaciones resultan reprochables, pues jamás presentan propuestas que tiendan a crear vasos comunicantes entre las personas, y sus servidores públicos para que las controversias se tramiten en un ambiente distinto al actual, donde impera la arbitrariedad, el uso desmedido de la fuerza, y el atropello.

Esa insana construcción narrativa de que nuestra fuerza publica se debe a ciertos sectores del establecimiento político, es contraria al espíritu de la Constitución Nacional, y hoy algunos uniformados se han envalentonado , no solo contra muchos ciudadanos, sino que también se muestran en abierta rebeldía con algunos mandatarios locales(Ver Bogotá, y Cartagena).Reconstruir una narrativa diferente debe ser un reto, donde quede claro:Son los ciudadanos quienes sostienen el funcionamiento de la institución policiva. Los impuestos pagados por ellos, es para encontrar en el Estado protección, seguridad, y justicia. Los políticos son instrumentos de representación, por lo cual debe quedarles claro que la policía pertenece al pueblo colombiano, que el verdadero soberano.

c)Por último que espera la policía para reconquistar al ciudadano, que espera para crear “TU POLICÍA AL BARRIO” donde lleven dosis de cultura ciudadana, espacios para la prevención del consumo de droga, estrategias

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