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Culto a la obcecación a propósito del amor y el populismo

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

Desmayarse, atreverse, estar furioso,/áspero, tierno, liberal, esquivo,/alentado, mortal, difunto, vivo,/leal, traidor, cobarde y animoso;//no hallar fuera del bien centro y reposo,/mostrarse alegre, triste,/humilde, altivo,/enojado, valiente, fugitivo,/satisfecho, ofendido, receloso;//huir el rostro al claro desengaño,/beber veneno por licor suave,/olvidar el provecho, amar el daño;//creer que un cielo en un infierno cabe,/dar la vida y el alma a un desengaño:/esto es amor, quien lo probó lo sabe//. Esto nos dice el grande poeta español Lope de Vega, en su inmortal creación “Esto es amor”, donde señala formas muchas de amor y amar, que traigo a colación para referir que estar enamorado del amor es un estado de gracia en el que la razón muchas veces desfallece y se está dispuesto a darlo todo por el otro. 

 Distinto cuando se trata de ideas, un líder o un proyecto, y entonces se vuelve ideologismo, patología que arruina a los gobiernos populistas y a sus seguidores, al administrar mal las bonanzas, atentar contra las libertades, abusar del poder, pero su amor por el proyecto o su líder, les impide salir de su obnubilación; de allí que se declaren perplejos o culpen a otros cuando despreciados son por el pueblo sensato que además exige cambios y transformaciones.

 Y como obnubilados se encuentran, avanzan ciegos y sordos, que no mudos, hasta estrellarse irremediablemente con la verdad. Hallan justificaciones para negarlo todo, perder valores que de pronto tuvieron o dijeron tener, tales como la honestidad y la ética. Se vuelven humanamente ínfimos al negar hechos incontrastables, a reconocer culpas y a rectificar, se hacen los sordos respecto de las demandas ciudadanas y aprueban todas las veces sin cuestionamientos lo que ellos hagan, independientemente de convenir o no a los intereses de la gente.

 Son obsecuentes también por razones de orden práctico mantener sus privilegios, El ideologismo es estorbo para la democracia, al estar definidas con antelación sin que importen realidades, teoría, filosofía y creencias. Y si esa realidad no les es útil, la refutan, reprimen, niegan e ignoran; razón por la que no resisten la crítica, la disidencia ni lo evidente.

 No obstante, tranquiliza que lo cual tiene fecha de vencimiento al ser la realidad más exquisita, heterogénea y concluyente que su miope visión. Cuando gobiernos y seguidores están persuadidos, catequizados respecto que su verdad es única, que su verdad es moralmente superior, es cuando debemos dar gracias al disenso y la bienvenida plena a la dubitación, la reflexión, el cuestionamiento, la libertad, la crítica, savia viva y soporte de y para una sociedad democrática que mira más hacia lo importante que a lo urgente y fanático. 

rubenceballos56@gmail.com – Jurista

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