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Metrópolis

“Como veterinarios estamos siendo agredidos constantemente”

Opinión Caribe

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La coyuntura generada en torno al hospital veterinario San Francisco continúa vigente, pues se siguen escuchando voces de crítica que se basan en la experiencia de una ciudadana de Santa Marta, quien afirmó que por negligencia había perdido la vida uno de los cachorros que había dado a luz su perra, Sasha, internada en la clínica.

El hospital ya se pronunció al respecto, exponiendo a la opinión pública su versión de los hechos y explicando que, en realidad, la paciente demostraba poca habilidad materna pues con frecuencia pisaba a los recién nacidos. Según aseguran expertos en el tema, este, aunque no un tema frecuente, es normal que ocurra, pues el instinto animal identifica cosas que los humanos que pueden llevar a la muerte de las crías a manos de las propias mamás.

Este medio de comunicación contactó al veterinario, Andrés Yepes, quien pertenece al grupo que firmó el comunicado en apoyo al hospital y rechazó el acoso al que estaban sometiendo tanto al personal médico como administrativo por lo que ellos consideran un “hecho de desinformación”.

 

“Estamos manifestando la inconformidad, el mal trato, el mal manejo y el ciberacoso que se le dio a la veterinaria San Francisco, solamente escuchando a la parte denunciante. Yo no hago parte de la clínica, pero soy un colega que se solidariza con lo que está ocurriendo. Desde el gremio vemos con mucha preocupación que como veterinarios estamos siendo agredidos constantemente por la gente que cree tenemos la intención de hacerle daño a una mascota, cuando en realidad es todo lo contrario”, aseguró.

Además, mencionó el hecho de que para todos fue sorprendente la manera en que se manifestaron las entidades de control distritales, tratándose de una denuncia expuesta de manera informal a través de las redes sociales. Porque, aparte de la visita de la Secretaría de Salud, que verificó que todo en el hospital estaba en orden, también fueron visitados por la Secretaría de Gobierno, que posteriormente determinó cerrar el local por tres a razón de unos trámites meramente administrativos.

“Nuestra queja también radica en que por qué los entes de control no están haciendo de forma tan efectiva la búsqueda contra la gente que trabaja en esto de forma ilegal. Nos sentimos perseguidos”, afirmó.

El deseo de los involucrados es que este problema no escale a mayores estancias sin justificaciones y que pueda resolverse cualquier inconveniente que se pueda derivar de ello.

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