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La ‘bendición’ del bonito y la cachorreta en Santa Marta 

Opinión Caribe

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Durante estos días, se ven con frecuencia en Santa Marta las carretillas cargadas de pescado para la venta en varios sectores de la ciudad, esto, gracias a que las costas del Distrito se convirtieron en el lugar de paso de cientos de peces que quedaron a disposición de los pescadores que entran al mar para llevar a cabo sus acostumbradas faenas. 

De acuerdo con las voces encargadas de la pesca, la abundancia se concentró en la cachorreta y el bonito, dos especies carnosas que los samarios conocen de primera mano, pues es aquí a donde llegan en mayor cantidad por su ubicación privilegiada en el Mar Caribe. A diario, en las redes de pesca caían cardúmenes que, al sacarlos a la orilla, llamaban la atención de todos los presentes al ver la casi increíble cantidad de pescados que quedaban dispuestos para la venta. 

Pero la pregunta frecuente entre todos es ¿A qué se deben estas subiendas repentinas?, las mismas que este año fueron catalogadas como una “bendición” por parte de los pescadores, quienes en el 2020 padecieron las inclemencias de la pandemia y el aislamiento obligatorio que los obligó a refugiarse en sus casas y pedir a los cielos para no morir de hambre, debido a que su único medio de ingreso son las ventas informales que se vieron disminuidas drásticamente por la falta de compradores. 

En conversación con el ingeniero pesquero Luis Manjarrés Martínez, quien dirige el Servicio Estadístico Pesquero Colombiano, SEPEC y el grupo de investigación de ecología pesquera en la Universidad del Magdalena, esta abundancia corresponde, por lo general, a los procesos de alimentación que se llevan a cabo entre estos animales.

“Estas especies son todas pertenecientes a una misma familia y, en efecto, cuando se presentan estas grandes abundancias puede obedecer a dos razones: migraciones reproductivas, que ocurre cuando las especies que van a desovar forman grandes cardúmenes y se vuelven muy vulnerables a la pesca o también puede suceder lo que llaman migraciones alimentarias”, explica el ingeniero.

De acuerdo con su explicación, la cantidad de peces que se pudieron ver en algunas de las playas de la ciudad se encontraban cerca de la orilla debido a que es allí es donde se encuentran las especies de las cuales se alimenta, como las sardinas o ‘pica pica’, de hecho, en ocasiones es posible encontrar estos animales pequeños en los estómagos de los pescados que ya están listos para el consumo en los hogares. 

Las mayores capturas de estos cardúmenes, se evidenciaron en Taganga, Ciénaga Puebloviejo y en Tasajera, debido a que disponen de redes llamadas trasmallos bolicheros o “boliches”, de gran dimensión, con lo que logran rodear el cardumen y logran sacarlo de agua.

Además, durante estas épocas se registran corrientes de aguas más frías en La Guajira y Magdalena, en comparación con otras épocas del año, lo que también tendría relación con la cantidad de cachorretas y bonitos que caían en las redes de pesca mientras buscaban qué comer.

“Esas aguas frías tienen relación con los vientos de estos meses, que producen un fenómeno llamado insurgencia o afloramiento, cuyo núcleo está ubicado en la parte norte de La Guajira, entre el Cabo de la Vela y Punta Gallina, pero la influencia alcanza hasta esta zona del Magdalena. Esa parece ser el hábitat más apropiado para esas sardinitas y, entonces, más atrás vienen estas especies que alimentan de ellas [sardinas]”, asegura el director del SEPEC.

Dicha teoría ha sido verificada a través de los estudios propios de su carrera y también es soportada por los pescadores del departamento, quienes, en medio de su aprendizaje empírico, también han logrado comprobar que, efectivamente, las cahorretas y los bonitos se movilizan buscando alimentos.

De acuerdo con la explicación del ingeniero Manjarrés, son realmente tres los tipos de peces que hacen parte de esta subienda: el bonito listado o cachorreta rayada, cuyo nombre científico es Katsuwonus pelamis; la cachorreta, Auxis thazard y el bonito, Euthynnus alletteratus.

Estas especies, por lo general, viven más de diez años con una longevidad intermedia y suele encontrarse también en las costas de Venezuela y Brasil, pertenecen al océano Atlántico, no al Pacífico, motivo por el cual, en el resto de Colombia, conocen poco de sus características.

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