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Premios y precios

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

No podemos seguir viendo con impavidez como nuestros mandatarios amoldan a las necesidades y respuestas de momento palabras y más palabras, de conformidad con la urgencia a cubrir lo malo y peor para salir del paso. Pareciera ser una dinámica estudiada, un ejercicio bien practicado, que les permite decir lo que les place y les viene en gana, sin que les importe verdad ni objetividad, solo darle rienda suelta a su cinismo, sabidos que lo que dicen lo capitaliza un ejército de personas que validan sus peroratas al precio que sea, cuya incondicionalidad tiene su premio y desde luego un precio.

Hasta aquí nada nuevo. Ha sido este el mecanismo que han venido utilizando desde hace ya largo rato, desde que vienen siendo referente de estos actos de comunicación, donde imponen criterios que para ellos y sus aúlicos definen un inobjetable ejercicio del poder que creen tener o que en efecto tienen. Sin mientes hay en el inquilino un papel de autoritarismo y desmesura; y en sus fanáticos, la creencia que todo aquello que dice y hace es intachable, además de incuestionable; y además, toda crítica la consideran una afrenta planeada por los anteriores mandatarios… si algo resulta mal, es culpa de los de ayer, pero nunca de sus propias decisiones y consideraciones.

Entienden que deben mostrarse como los salvadores y al mismo tiempo, como víctimas de los poderes que viven conspirando en su contra y son en consecuencia los representantes de una sociedad que es víctima, lo que les ha representado significativos dividendos. Fiel a lo cual, plantean sin vergüenza que expresan la verdad y la libertad popular, lo que día tras día ajustan a las circunstancias según acomode a la necesidad que apremia.

Necesitamos mejores rumbos, ello obliga estudiar, analizar, observar, medir, saber que es lo más conveniente para todos, no para unos pocos. Adentrados estamos ya en los preliminares de campañas y muy pronto en espacio de elecciones, que se avecinan raudas y debe ser momento para también ver a quienes llevamos al Congreso de la República en nuestra representación. No podemos seguir dándonos el costoso lujo de seguir equivocándonos y eligiendo a una serie de personajillos sin voz que defiendan nuestros superiores intereses, lo que sería un error de incalculables consecuencias. Pensemos bien, pensemos mejor, veamos, miremos, optemos por lo debidamente analizado, por quienes traduzcan las condiciones mejores, personas probadas y demostradas, es ese y no otro nuestro compromiso con la historia. La respuesta la tenemos como sociedad, e itero, no debemos permitirnos más equivocaciones, so pena de seguir sucumbiendo y yendo de tumbo en tumbo y de mal en peor.

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