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Columnistas

Símbolos e identidad denostados

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Símbolos e identidad de un pueblo hacen parte  más que nunca del concepto Patrimonio Cultural, concebido como una herramienta de pertenencia sociocultural que implica que las entidades territoriales y sus gentes se sientan representados por ellos. Seleccionarlos traduce una operación con distintas aristas que hegemoniza el discurso identitario, de tal manera que lo que se eleve a tal, sintetiza un proyecto en tal sentido que además pone en juego todo el sentir colectivo, con el fin de llevar a cabo un proceso forzoso de integración con la intención de homogeneizar a la población en un sentimiento que le otorga pertenencia desde la activación sociológica y carga histórica al entrañar colores, objetos, formas, efemérides, rituales públicos, discursos sociales, sociológicos, políticos, académicos y periodísticos que le otorgan fuerza simbólica para representar una total identidad.

Nuestros símbolos, los verdaderos, los de nuestra tradición, han sido los elementos que nos han caracterizado a través de los días, nos sintetizan en nuestra identidad, nos permitieron visibilizarnos en nuestro hacer frente a los demás, con ellos hemos caminado en el constructo integral de nuestra conjunto social, cultral y deportivo,  amén de habernos sido  fundamental como generador de identidades en los más de los aspectos como fuerza del sentido común, lo mismo que legitimador y legitimante.

Son elementos activos que funcionan positivamente como una narrativa histórica que fundamenta la identidad, al tiempo que permite establecer continuidades donde se quieran presentar rupturas; cordialidad donde surjan conflictos. Agrupan, aglutinan. Son un continuo ir y venir entre el ayer y el hoy. No hay que permitir que se vilipendien, que se mancille nuestra identidad, en lo que es importante en alta significación traer las voces de ayer que lo hicieron posible, que existan voces que se eleven en su no trasgresión y ponerlas en contexto de valiente enunciación y protesta comunitaria. Lo simbólico se funde en la recuperación de todas las voces que dan sentido a nuestros fenómenos colectivos y autoreconocimiento como pueblo con simbología e identidad propia.

En tal derrotero requerimos de la acción o acciones que fueren dables para reclamarlos, recuperarlos, relegitimarlos, reutilizarlos y llevarlos de nuevo a su vigencia, independientemente del ejercicio que haya que adelantar respecto de su restablecimiento, sin importar la resistencia que pueda dar quien usurpándolos, montado está hoy en las enseñas que igual identifican a su facción política.

Mientras tanto, nuestra identidad la desconocen, la lesionan, la denostan y le montan discursos en los que desconocen símbolos e identidad, definiéndoles abiertamente reemplazo sin que medie autorización oficial, solo el querer de quien así lo ha dispuesto porqué sí. No creería que seamos personas tan indolentes que dejemos que de la noche a la mañana desaparezcan los símbolos de nuestra patria chica que como arriba anotaba, nos han identificado ante la comunidad nacional, de ahí que me permita exhortarlos a una cruzada en dirección a que lo cual no siga sucediendo, lo que constituye un irrespeto que definitivamente no debe ni puede ser por el capricho e imposición de quien ocupa hoy la primera magistratura del departamento.

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