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Unión Magdalena: la historia de una otrora victoria, deudas y el estancamiento del equipo
En 1953, Santa Marta vio nacer al Unión Magdalena, un equipo de fútbol que albergó las esperanzas de los magdalenenses para ganarse un lugar en el panorama futbolístico del país, en el cual le ha tocado sortear varios obstáculos y con una hinchada que, a pesar de las derrotas, se ha mantenido fiel.
El conjunto samario hizo historia al convertirse, en 1968, en el primer campeón de la región Caribe colombiana en un torneo de fútbol y en ser el primero en participar en un evento internacional en representación de Colombia, como fue la Copa Libertadores, cuando en la nómina figuraban jugadores samarios y paraguayos.

En 1999 fue su primer descenso a la Segunda División del Fútbol Profesional, en el 2001 ascendió, en el 2005 volvió a caer en la B y, desde ese entonces, el ‘cuadro bananero’ protagonizó campañas desfavorables que le impidieron materializar el objetivo de volver a la Primera División.
No fue hasta el 2018 cuando, finalmente, el Unión Magdalena ascendió, lo que provocó una explosión de júbilo entre los samarios y seguidores del equipo, quienes esperaron 13 años para volver a ver su nombre incluido en un torneo de la A. La dicha duró poco, a finales del 2019 cayó al final de la tabla de posiciones, lo que marcó su regreso a la B, en donde el equipo parecía sentirse ‘cómodo’.

El 4 de diciembre de 2021, disputándose el último partido de las Semifinales de la B, el Unión logró ascender en un juego disputado con Llaneros FC, la victoria fue polémica: ‘los bananeros’ anotaron dos goles en los minutos 90+5 y 90+6, generando una oleada de críticas, sobre el tema se pronunció hasta el presidente de la República, Iván Duque, pidiendo a la Dimayor una investigación de oficio por el caso, que no trascendió, debido a que, posteriormente fue archivada y su ascenso se mantuvo.
Hoy el equipo otra vez se enfrenta al riesgo latente de volver a la B, a pesar de haberse consagrado como el campeón de la Primera B 2021-II tras vencer al Cortuluá, su participación sólo le ha merecido una victoria en 12 fechas, ocho derrotas y tres empates, con 18 goles en contra y únicamente cinco tantos anotados.
Para los hinchas, su descenso es inminente si los resultados se mantienen igual, pero la duda que a todos asalta es ¿está destinado a mantenerse en la B?
Para obtener una respuesta, nos fuimos al café del parque, en donde encontramos una mesa con veteranos del tema, quienes nos privilegiaron con información importante, bajo la condición de la reserva del nombre, sobre el manejo administrativo del Unión Magdalena, que, por muchos, ha sido catalogado como “desordenado”.
Eduardo Dávila es el dueño del equipo y responsable de sus decisiones, sin embargo, lo cierto es que, de acuerdo con la fuente, su nombre no figura en los papeles como propietario, son sus empresas las que lo respaldan y las mismas que le prestaban dinero al conjunto deportivo para cubrir su pasivo.

“En ese entonces fue cuando se les dio la oportunidad a los equipos de sanearse y restructurarse, abriéndole las puertas a nuevos socios, lo que hizo Dávila fue canjear la deuda que tenía el Unión Magdalena con sus empresas, en derechos (…) quedando con un 20%”, manifestó, explicando, además, que se convirtió en el mayor accionista al ser quien representa a las otras empresas involucradas.
Antes de llegar a las manos de Dávila, el equipo pertenecía a un grupo de socios a los cuales el veterano que nos cuenta esta historia se refiere como “socios de boca”, pues ni siquiera había acciones y el conjunto deportivo no contaba con el dinero suficiente para mantenerse a flote. “A Dávila lo buscaron para que fuera aportante y él dijo que sí, se fue quedando con el equipo”, aclara.
En ese momento, comenta esta persona, la deuda con el condenado empresario ascendía a $900 millones.
“A Eduardo le daba igual porque él tenía esa plata ‘embolatada’”, asegura jocosamente.
Tanto poder tiene Eduardo Dávila sobre los derechos del Unión que, si se convoca a una asamblea de propietarios, le tocaría hacerla a él solo, en conjunto con las organizaciones que representa. “Hay unos que aparecen como accionistas a sabiendas de que no pagaron nada”, añade, haciendo la salvedad: “no quiero llámalo testaferro”.
Pero, ¿tiene solución el Unión Magdalena?, le preguntamos al veterano y conocedor de la movida deportiva, especialmente en lo que se refiere al conjunto samario, y su respuesta directa: “voy a ser franco, Eduardo Dávila no suelta al Unión”. Ahora, el problema también radica en que al socio mayoritario no lo dejan tener cuentas corrientes, por encontrarse privado de la liberta dada la condena en su contra por el homicidio de quien era su esposa, pero esa es otra historia. La cuestión es que si es dueño no puede tener cuentas bancarias, el equipo tampoco.

“Dávila no pertenece a nada ni a nadie, no le cuesta un peso el Unión porque vive de lo que le da la Dimayor, él hace un presupuesto con base en lo que anualmente se les asigna a los equipos”, expresa.
¿Podría vender el equipo? La respuesta es sí, pero su ‘ficha’ está avaluada en, más o menos, $15 mil millones o $20 mil millones, pues es socio de la Dimayor y anualmente recibe de la entidad cerca de $4 mil millones. “Una empresa que produce $4 mil millones, no la puedes vender por $8 mil”.
“Él arma su presupuesto con base en lo que le van a dar, Dávila no se coge un peso, pero tampoco le invierte y siempre le falta el centavo. Al Unión Magdalena, por ser socio de la Dimayor, le dan pasajes donde hay aeropuerto, no va en bus a ninguna parte, como hacen otros equipos, le dan participación, así esté en la B, por ser socio activo dentro de la Dimayor”, concluye.
Así las cosas, es válido inferir que a la directiva del conjunto deportivo no le incomoda su estadía en la Segunda División, es la afición la que sufre sus derrotas y una inyección de jugadores que den la pelea con todo dentro de la cancha dependerá únicamente del dueño, quien estaría conforme nada más con garantizar los ingresos monetarios que le corresponden.
