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500 años que le exigen a Santa Marta un nuevo comienzo
Por Harold Castañeda Robles
Santa Marta, la ciudad más antigua de Colombia, se prepara para celebrar sus 500 años de fundación en 2025. Sin embargo, de cara a este aniversario la ciudad enfrenta grandes retos si quiere estar a la altura de este hito histórico.
Uno de los principales desafíos es en educación y competitividad. Santa Marta ocupa los últimos lugares en las pruebas Saber 11, por debajo del promedio nacional. Esto limita el capital humano disponible para impulsar sectores estratégicos de desarrollo. Se requieren políticas educativas audaces para mejorar la calidad y el acceso a la educación desde la primera infancia.
Uno de los principales cuellos de botella que enfrenta el sistema educativo de Santa Marta es la limitada planta docente, infraestructura y conectividad en los colegios. La ciudad requiere con urgencia ampliar su planta de profesores, pues actualmente cuenta con una relación de 42 estudiantes por cada docente, muy por encima del ideal de 25 estudiantes por profesor. Asimismo, la infraestructura y las herramientas pedagógicas son insuficientes o inadecuadas en gran parte de las instituciones educativas. Por ejemplo, menos del 5% de los salones de clases cuentan con acceso a internet. Esta situación dificulta la implementación de metodologías educativas acordes con las necesidades del siglo XXI.
De la mano de estas inversiones en talento e infraestructura, debe mejorarse la formación docente, fortalecer las competencias pedagógicas y el uso efectivo de nuevas tecnologías educativas. Sólo así Santa Marta podrá superar el atraso educativo que hoy enfrenta y formar el capital humano que requiere para los retos del siglo XXI.
Santa Marta tiene en el turismo una oportunidad invaluable para impulsar su desarrollo económico de cara al 2025 y posteriores décadas. Gracias a sus más de 30 kilómetros de playas sobre el mar Caribe, su cercanía a atracciones como el Parque Tayrona y Ciudad Perdida y su rico patrimonio cultural e histórico, esta ciudad puede consolidarse como uno de los principales destinos turísticos de Colombia y América Latina.
Sin embargo, esto requiere un plan ambicioso de desarrollo del sector que permita aprovechar de forma sostenible todos estos activos. Se necesitan más y mejores servicios públicos, hoteleros, gastronómicos y de transporte para brindar una experiencia de clase mundial a los viajeros. También es clave cualificar el talento humano con bilingüismo y con servicios innovadores en turismo. Y por supuesto, como se mencionó anteriormente, se requiere un compromiso con la conservación de los ecosistemas y comunidades anfitrionas, para que la expansión turística no se haga a costa del entorno y la cultura local.
Más allá del turismo, Santa Marta tiene oportunidades interesantes en sectores como logística portuaria, energías alternativas y la economía naranja. El puerto de Santa Marta tiene capacidad para consolidarse como uno de los principales nodos de comercio exterior del país, pero tiene serios problemas con las vías de acceso al mismo. La industria audiovisual y de contenidos digitales también tiene potencial dadas las ventajas en costos de producción y los crecientes servicios de conectividad. Y los altos niveles de radiación solar en la región permitirían desarrollar proyectos de energía solar de gran escala. Para materializar estas oportunidades se necesita coordinación público-privada, inversión en talento humano e infraestructura y un entorno de negocios atractivo en términos tributarios y normativos.
Otro desafío donde Santa Marta muestra gran rezago es en la provisión de servicios públicos. Según cálculos del DANE, alrededor de 220 mil habitantes en la ciudad no cuentan con acceso formal al agua potable y 150 mil no tienen conexión legal a la red eléctrica. Esta situación se exacerba en los barrios de invasión en zonas periféricas. Allí también se concentran problemas de movilidad y falta de alcantarillado.
Revertir este déficit en servicios públicos demanda grandes inversiones en infraestructura por parte de las empresas de servicios públicos. Pero también se requiere mejorar los niveles de recaudo tributario y la capacidad financiera de la ciudad para acometer las millonarias obras requeridas. Y lo más importante es que todo el desarrollo urbano futuro de Santa Marta debe estar precedido por un ordenamiento territorial participativo, evitando nuevas construcciones en zonas de alto riesgo o de interés ambiental.
Enfrentar todos estos desafíos requiere un esfuerzo coordinado entre el gobierno local, la empresa privada y la sociedad civil. Se necesita una visión compartida de ciudad para trazar la ruta de desarrollo de Santa Marta para las próximas décadas. Las celebraciones de los 500 años deben ser una ocasión propicia para convocar a todos los actores en torno a esta visión.
El 2025 está a la vuelta de la esquina. Es hora de que Santa Marta asuma con decisión estos retos para consolidar sus próximos 500 años de existencia con inclusión, sostenibilidad y prosperidad. La primera ciudad de Colombia merece llegar a este aniversario mostrando lo mejor de sí misma.
Este primero de enero, cuando asuma el nuevo Gobierno Distrital, los samarios esperamos un verdadero plan de choque para sacar a Santa Marta del atraso histórico. No se trata sólo de buenas intenciones y promesas cada cuatro años. Necesitamos una visión de ciudad compartida y acciones concretas que marquen un punto de quiebre.
Si de verdad queremos celebrar los 500 años de Santa Marta en 2025 mostrando lo mejor de nosotros, es hora de decisiones valientes. Manos a la obra para invertir en la formación del talento humano, proteger nuestra Sierra Nevada y nuestras playas, y embellecer esta ciudad para locales y visitantes. Llegó la hora de los grandes proyectos que le apunten a la prosperidad compartida. No podemos seguir esperando.
