Editorial & Columnas
Santa Marta y el Magdalena: ¿hay vida política más allá de Fuerza Ciudadana?
Por: Edgar Jafet Hernández
En Santa Marta y el Magdalena se libra desde hace más de una década una disputa política que parece, cada cuatro años, girar en torno al mismo interrogante: ¿puede alguien fuera de Fuerza Ciudadana (FC) disputarles seriamente el poder? La respuesta, hasta hoy, ha sido negativa. La hegemonía de este movimiento, construido alrededor de la figura de Carlos Caicedo y consolidado con sus herederos políticos, ha demostrado que la oposición ha carecido de visión, cohesión y, sobre todo, capacidad para ofrecer un proyecto alternativo.
La coyuntura actual es reveladora. Hoy la ciudad es gobernada por alguien distinto a FC, lo cual en teoría debería significar un respiro y la posibilidad de oxigenar la vida política local. Pero la realidad es otra: pese a que la oposición logró ese resultado, termino influyendo significativamente las propias dinámicas internas del movimiento naranja y los accidentes de la política.
Esto explica por qué, de cara a 2027, el escenario sigue estando abierto a que Fuerza Ciudadana retome con fuerza la alcaldía y mantenga la gobernación. De ahí que sea imperativo que la actual administracion de la ciudad pueda entregar mas y mejores resultados, ello para desmitificar la imagen construida a fuerza de comunicación y retorica que hoy innunda santa marta y el magdalena.
Las elecciones atípicas a la gobernación, podrian significar un punto de quiebre en la hegemonía caicedista, o terminar siendo una muestra más de la incapacidad de los opositores para articular un frente sólido. Los políticos de la región, atrapados entre la lógica de la politica tradicional y la improvisación de candidaturas sin estructura, podrian allanar el camino para que FC mantenga el rumbo sin mayores sobresaltos.
En este contexto aparece Rafael Noya como figura de transición. Su caso es ilustrativo de la fragilidad de los sectores alternativos y tradicionales en el Magdalena: con un pasado más cercano a los partidos tradiciones que a los movimientos progresistas, hoy encarna, por azares del destino, una suerte de abanderado del cambio. Pero la paradoja es evidente: Noya no representa un liderazgo emergente ni mucho menos una fuerza ciudadana en sentido amplio, sino el reciclaje de cuadros que encontraron en su candidatura un refugio frente al desgaste del caicedismo.
El apoyo que lo respalda es igualmente cuestionable. Decenas de desertores de Fuerza Ciudadana lo acompañan, pero la mayoría de ellos carece de capital político real. Sus votos se reducen al propio, a pequeños círculos familiares o a clientelas fragmentadas. Esto debilita la idea de una verdadera transición y refuerza la percepción de que, en el fondo, la política samaria sigue girando en torno a Caicedo, ya sea en apoyo o en oposición.
Mirando hacia adelante, lo más probable es que Fuerza Ciudadana conserve la gobernación y mantenga una posición dominante en la alcaldía. Su principal amenaza no está en la oposición externa, sino en la “antropofagia” interna: las tensiones que podrían surgir si se intenta imponer un candidato sin historia ni arraigo en el movimiento, como el caso del yerno de Caicedo. Tal jugada podría abrir fisuras profundas, pero no garantiza por sí sola que surja una alternativa sólida fuera de FC.
La enseñanza de este panorama es clara: la hegemonía no se derrota esperando errores ajenos, sino construyendo proyectos propios. Santa Marta y el Magdalena necesitan con urgencia liderazgos nuevos, con capacidad técnica, sensibilidad social y un discurso que convoque a las mayorías desencantadas. La simple sumatoria de disidentes no basta; hace falta un proyecto colectivo que interprete las necesidades de la ciudad, desde el acceso al agua y la movilidad urbana hasta la planeación ordenada del territorio y la recuperación de la confianza ciudadana.
Y tal vez la clave esté en mirar hacia otros espacios donde la política no suele poner la lupa: la academia. Allí se han venido formando liderazgos que, sin depender de maquinarias ni de caudillismos, han mostrado gestión, resultados y una visión de ciudad moderna e incluyente. Hoy quizá su influencia no alcance para articular una candidatura ganadora, pero en 2027 —o incluso en 2031— podrían convertirse en la alternativa real que logre romper con la inercia caicedista y ofrecer una nueva narrativa de poder local.
Santa Marta no puede resignarse a elegir siempre entre el continuismo de Fuerza Ciudadana y la improvisación de sus detractores. La política necesita abrirse a nuevos liderazgos, menos personalistas y más orientados a resultados. Solo entonces podrá hablarse de un verdadero cambio y de una democracia local que no dependa de un único proyecto hegemónico.
