Editorial & Columnas
Ser samario con sano orgullo
Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza
Abarcar el sentimiento de pertenencia y sentirnos orgullosos de ser samarios, debe ser la raíz que nos dé fuerzas para asumir con esperanza la responsabilidad más grande de nuestras vidas, cómo es trabajar por el integral desarrollo de nuestra ciudad y poder decir siempre, todos los días de nuestras vidas, que ser samario es un sano orgullo que llevamos en el corazón. La Santa Marta de mi juventud y la referida por mis mayores dan cuenta que es la nuestra tierra de gente noble y trabajadora, de familias que nunca se rindieron y que supieron levantarse frente a la adversidad, raíz que me ha dado la fuerza para asumir la responsabilidad más grande de mi vida, trabajar en beneficio de nuestra patria chica.
Hoy, luego del paso de nuestros primeros 500 años de fundación hispánica, quiero compartir con todos una convicción que me acompaña en cada día y en cada paso, que tenemos entre todos que construir el progreso que merecemos, lo que se edifica atendiendo la voz de nuestras propias realidades y necesidades, lo que debe ser la visión de todos como comunidad, y encomendarnos en la tarea fundamental de llevar esperanza a cada barrio, a cada comuna, a cada localidad, especialmente aquellas donde hay niños, jóvenes y familias que enfrentan condiciones difíciles.
Atender las causas de nuestra general situación no como un decir ni un discurso más, sino como un compromiso real que toque vidas todos los días, como bien podemos comprobar cada que caminemos casa por casa y escuchemos a madres angustiadas porque sus hijos han dejado la escuela, cuando acompañemos a jóvenes que atraviesan problemas de consumo, abracemos a mujeres que buscan rehacer su vida después de salir de un reclusorio; ahí, en la puerta de esos hogares, comienza la verdadera transformación: debiendo tender como puentes las manos, mirar directos a sus ojos y decirles que no están solos, que aquí estamos con ellos.
Se impone trabajar en los escenarios de mayor vulnerabilidad con el respaldo institucional y privado, trabajar de manera coordinada para ofrecer educación, salud, empleo, apoyo psicológico, actividades culturales y deportivas, así como nuestros saberes en la búsqueda y procura ayudar y brindar soluciones, cambiar los destinos individuales, cambia el rumbo de las comunidades, para más tarde poder decir con toda certeza que progresar es posible e importa ir tras un mejor porvenir. lo que no es un ideal inalcanzable, sino una meta a construir día con día, esfuerzo no solo institucional, ya que requiere de la fuerza y el compromiso de cada uno de nosotros, pues desde nuestros hogares cada familia puede sumarse escuchando y aportando lo que siente y lo que se sueña, acompañando a los jóvenes en sus estudios, proyectos y pasiones, cuidando a los adultos mayores, a las personas en condiciones de discapacidad, todos de una u otra forma pilares de sabiduría y amor en nuestras comunidades, rechazando el consumo de sustancias, fomentando el deporte y la cultura como caminos de libertad, fortaleciendo los valores de respeto, solidaridad y unión que siempre han caracterizado a nuestro pueblo.
El integral desarrollo de los pueblos no empieza en los escritorios, sino en las mesas donde se comparte el pan en familia, en la calle donde jugamos de niños, en la escuela donde aprendemos, en la comunidad donde nos reconocemos como hermanos, lo que nos invita a que desde nuestros hogares nos sumemos en esta gran cruzada por la vida, por la justicia y por la esperanza. Convencernos que el que debe ser este el camino correcto bajo el liderazgo de todos, por lo que debemos trabajar a diario para acortar distancias, para que la pobreza no condene a nadie, para que el abandono no se convierta en destino, para que los sueños de todos se hagan realidad, por ello debemos caminar juntos, porque el integral desarrollo no debe ser solo una es solo una meta institucional, sino una tarea colectiva, un legado a dejarle a las próximas generaciones.
