Editorial & Columnas
“A 40 años del Palacio de Justicia: las brasas que aún arden”
Por: Ives Danilo Díaz Mena
Hace cuarenta años, el país se estremeció ante una escena que aún duele nombrar: la toma del Palacio de Justicia, aquel 6 de noviembre de 1985, cuando las armas silenciaron la palabra y la irracionalidad se instaló en el corazón institucional de Colombia.
Lo que debía ser un templo de la ley se convirtió en un campo de guerra. Un grupo insurgente del M-19 irrumpió con el argumento de hacer justicia, pero terminó cometiendo un acto que deshonró cualquier causa social. La respuesta del Estado, en medio del caos, también cruzó los límites del derecho y del respeto a la vida. Entre las llamas del Palacio ardieron magistrados, empleados, estudiantes y una parte esencial de la República: su fe en la justicia.
El país amaneció al día siguiente con un saldo que no se puede medir en cifras. No fueron solo noventa muertos ni once desaparecidos; fue la pérdida simbólica de la confianza entre el poder y el ciudadano, entre la ley y la humanidad.
El filósofo Hannah Arendt (1963) advirtió que “la violencia puede destruir el poder, pero no crearlo”. Eso ocurrió en Colombia aquel noviembre. Se destruyó la institucionalidad, se debilitó la legitimidad del Estado y se abonó el terreno de la desconfianza que aún padecemos. La violencia no construye justicia: la entierra.
Recordar no es reabrir heridas; es impedir que el olvido las infecte. La memoria de esa tragedia nos obliga a reconocer errores y asumir responsabilidades. Un Estado fuerte no es el que vence con las armas, sino el que responde con la verdad, la reparación y la dignidad.
Hoy, cuatro décadas después, seguimos necesitando un acto sincero de reconciliación nacional. No para justificar a los culpables, sino para que el país aprenda de su dolor. Colombia no puede seguir construyendo futuro sobre los
escombros del silencio.
Como abogado, como ciudadano y como colombiano que cree en la justicia como cimiento de la paz, sostengo que sin memoria no hay patria posible. Las brasas del Palacio aún arden en la conciencia nacional. Lo que hagamos con ellas —si apagarlas con olvido o avivarlas con verdad— definirá qué clase de país queremos ser.
Arendt, H. (1963). Sobre la violencia. Nueva York: Harcourt, Brace & World.
Centro Nacional de Memoria Histórica (2015). El caso del Palacio de Justicia:
verdad, justicia y reparación. Bogotá, CNMH.
