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UNA CRISIS ANUNCIADA
Lo ocurrido durante el fin de semana pasado fue inesperado, teniendo en cuenta que nos encontramos en una época que habitualmente corresponde al verano, sin lluvias. Este fenómeno obedeció a una alteración en el círculo polar ártico, donde se rompió el vórtice polar y se desencadenó una ola de frío que está afectando al hemisferio norte y extendiéndose hasta América Central y el Caribe.
Las lluvias registradas superaron los promedios históricos de muchos años y dejaron en evidencia múltiples problemas estructurales. Persistimos en la creencia errónea de que los ríos son conductos para arrojar basuras y residuos domésticos, sin ser conscientes de que estos terminan inevitablemente en el mar y en las playas de Santa Marta.
A ello se suma la inexistencia de un sistema adecuado de alcantarillado pluvial que permita orientar de manera eficiente las escorrentías generadas por las lluvias.
La invasión de laderas y cerros agrava aún más esta problemática, ya que la erosión genera una gran acumulación de barro y arena que desciende hacia las zonas bajas, obstruye los sistemas de drenaje y se deposita sobre las vías. El caso más grave es el del proyecto que actualmente interviene la ladera del Ziruma, frente al Rodadero, entre la urbanización Terrazas y la urbanización La Roca. Esta intervención generó una enorme cantidad de barro, arena y material vegetal que obstruyó la vía principal y la red vial del Rodadero, además de taponar los manholes del sector.
Resulta incomprensible cómo se licencia una obra de esta magnitud en una zona que no cuenta con disponibilidad suficiente de agua ni de alcantarillado. Este proyecto no solo empeorará el ya crítico suministro de agua potable, sino que incrementará el rebosamiento del alcantarillado en la principal vitrina turística del Distrito de Santa Marta. Surge entonces una pregunta obligada: ¿qué autoridad emitió la certificación de disponibilidad de agua para este proyecto?, ¿quién realizó el estudio ambiental y de impacto por la intervención de los cerros? Nunca antes el Rodadero había enfrentado una problemática de esta gravedad.
Es urgente realizar una evaluación seria e integral de este proyecto y de sus consecuencias urbanas y ambientales. Tanto el DADSA como Planeación Distrital deben actuar de manera inmediata y, de ser necesario, suspender la obra hasta que se realice una revisión técnica completa.
Otro aspecto profundamente preocupante es la caída del puente sobre el río Mendihuaca. No se entiende cómo una empresa concesionaria de ingeniería vial no ejecutó oportunamente el mantenimiento de una estructura cuyo deterioro, al parecer, ya había sido detectado. Aún más grave resulta la intención del Gobierno Nacional de cancelar el contrato de concesión, lo que afectaría la recuperación o reconstrucción del puente y complicaría la ejecución de la doble calzada desde la glorieta de Mamatoco hasta el peaje de Neguanje, una obra urgente y prioritaria para la movilidad del distrito.
La problemática del agua
La situación del agua en Santa Marta puede estructurarse en cuatro grandes capítulos:
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Acueducto (suministro de agua potable), cuya prioridad es la disponibilidad de fuentes.
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Alcantarillado (eliminación de aguas servidas).
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Alcantarillado pluvial (encausamiento de aguas lluvias para evitar inundaciones y alimentar el acuífero).
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Atención de cuencas (protección y recuperación de ríos y quebradas dentro del distrito).
Acueducto
Tres aspectos fundamentales:
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Caudal: disponibilidad permanente y suficiente de las fuentes.
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Calidad: descontaminación de fuentes y plantas de tratamiento aptas para el consumo.
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Distribución: EBAR y PETAR suficientes, redes renovadas y cobertura para zonas subnormales y poblaciones vulnerables.
Alcantarillado
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Capacidad suficiente, acorde con el crecimiento poblacional, que pasó de menos de 100.000 habitantes a más de medio millón, sumado al aumento de población flotante.
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Normalización, superando el uso de pozos sépticos y llegando a laderas e invasiones.
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Renovación, con materiales y técnicas actuales, sellado hermético, tratamiento previo y un nuevo emisario que complemente y amplíe el existente.
Alcantarillado pluvial
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Encausamiento de escorrentías superficiales y colectores adecuados.
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Protección de áreas de infiltración del acuífero.
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Construcción de colectores y depósitos de aguas lluvias para reponer el volumen del acuífero y frenar su salinización.
Atención de cuencas
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Vigilancia de la tala y reforestación desde los nacimientos.
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Reubicación de invasores de las riberas.
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Control de desechos y basuras.
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Dragado y canalización para desobstruir los cauces.
Cultura ciudadana y control
No menos importante es el trabajo de cultura ciudadana:
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Protección y conciencia sobre los ríos como fuentes de vida.
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Disposición adecuada de residuos (el río no es una alcantarilla).
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Vigilancia y control de redes para evitar el robo.
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Conciencia sobre el consumo responsable.
Aspecto financiero
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Estímulo al pago del servicio.
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Combate a la cultura del no pago y al fraude.
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Concurrencia del Gobierno Nacional para el financiamiento y fortalecimiento de la inspección, vigilancia y control.
Existen miles de conexiones fraudulentas antes de la planta de tratamiento de Mamatoco, desde Bonda. La construcción de urbanizaciones en Santa Helena —como Ciudad Equidad y proyectos de Constructora Bolívar— eliminó zonas de infiltración, generando escorrentías que hoy inundan sectores como la Universidad Cooperativa.
El uso de geotextil en el lago del Parque del Agua impide la infiltración y la recarga del acuífero, situación similar a la de urbanizaciones como Los Mangos y las áreas aledañas a la Universidad del Magdalena. A esto se suman los pozos sin control que extraen agua del acuífero, permitiendo el avance de la cuña salina más allá del Polideportivo.
Se taparon zonas naturales como la Poza de los Fundadores, provocando inundaciones en barrios afectados por quebradas como La Lata. Las escorrentías aumentan y las inundaciones en sectores como Pescaíto se hacen recurrentes.
La saturación del alcantarillado en Buenavista, Los Cocos, la Avenida Primera y el Rodadero es evidente. Además, la zona de expansión turística (Pozos Colorados, Bello Horizonte, La Paz, Cristo Rey, Aeromar) carece de un sistema adecuado de alcantarillado y requiere un nuevo emisario.
La quebrada Tamacá, que viene de Gaira y desemboca en el río Gaira, fue tapada y bloqueada; es urgente su reapertura. Resulta lamentable la cantidad de basura que los ríos arrastran hasta el mar, una situación que se agrava en temporada de lluvias. Quienes han invadido las cuencas drenan sus aguas servidas directamente a los ríos.
En los últimos 15 años, Santa Marta ha sufrido una profunda desatención, priorizando intereses políticos sobre el bienestar de los magdalenenses y samarios. Sin embargo, también es necesario un ejercicio de autocrítica. Como miembros de la veeduría del agua, fuimos testigos de la manipulación sistemática del problema durante más de una década, con supuestas “soluciones” y estudios llenos de inexactitudes que solo aparecían en periodos preelectorales.
Se eliminaron empresas para “crear” otras convertidas en nidos de corrupción, se anunciaron pozos que nunca funcionaron, se devolvieron recursos al Gobierno Nacional por falta de ejecución y se engañó a comunidades enteras con falsas soluciones, como los carrotanques, convertidos en un negocio electoral. El crecimiento urbano descontrolado, la sobreexplotación del acuífero, la inacción institucional y la ausencia total de control han generado un escenario de impunidad absoluta.
La corrupción ha sido la constante. Cabe preguntarnos: ¿tenemos alguna responsabilidad por acción u omisión?, ¿hemos cumplido un papel efectivo? La veeduría logró frenar iniciativas improvisadas, sin estudios técnicos ni respaldo financiero, así como anuncios rimbombantes de soluciones milagrosas que en otros lugares han fracasado.
Este no es un llamado al pesimismo, sino a adoptar una postura real, responsable y permanente. No una reacción momentánea. Más de una vez, ministros y viceministros nos devolvieron a la realidad al evidenciar que no existían propuestas técnicas sólidas ni estudios presentados a nivel nacional, mientras se pretendía endeudar irresponsablemente al distrito sin respaldo del Gobierno Nacional.
