Editorial & Columnas
Explorar nuevos liderazgos…
Hace algunos años, conversando con un colega en los pasillos de la Universidad del Magdalena, surgió una pregunta que en ese momento parecía lejana:
—¿Y quién vendrá después?
En ese instante no hablábamos de una persona en particular. Hablábamos de algo más profundo: del momento inevitable en que toda institución debe empezar a pensar en su siguiente etapa.
Hoy esa conversación comienza a tomar forma real. Con la deseable, pero imposible, nueva reelección del rector Pablo Vera Salazar, la universidad entra, poco a poco, en una fase natural de transición institucional. Y en lugar de verlo como una incertidumbre, deberíamos verlo como una oportunidad para explorar nuevos liderazgos.
Sería mezquino desconocer lo que se ha construido en los últimos años. La universidad ha avanzado en infraestructura, en posicionamiento nacional, en presencia regional y en orgullo institucional. Muchos samarios que antes veían la universidad con distancia hoy la sienten como un símbolo de ciudad.
Pero precisamente por eso surge una pregunta fundamental:
¿quiénes están en capacidad de continuar, mejorar o reinterpretar ese camino?
Las universidades fuertes no dependen de un solo líder. Dependen de ecosistemas de liderazgo.
Y la buena noticia es que la Universidad del Magdalena ha venido formando durante años perfiles interesantes que hoy se mueven en escenarios nacionales, regionales e institucionales.
Si uno mira con calma el panorama, aparecen nombres que representan estilos distintos de liderazgo.
Por ejemplo, el profesor Stalin Ballesteros García, académico de la universidad y con experiencia en el gobierno nacional, quien ha ocupado responsabilidades de alto nivel en políticas públicas y en la dirección de entidades del Estado. Su perfil combina universidad y Estado, algo especialmente valioso cuando se trata de gestionar recursos, relaciones institucionales y agendas nacionales.
También aparece el nombre de María José Navarro Muñoz, egresada de la universidad y hoy con responsabilidades en el nivel nacional como superintendente de la economía solidaria. Su trayectoria refleja algo que muchas universidades buscan con orgullo: egresados que trascienden el campus y se proyectan hacia el país.
Y está también Carlos Jaramillo Ríos, con una trayectoria vinculada al desarrollo económico territorial, la innovación y la relación entre universidad, empresa y región. En un territorio como el Magdalena, donde el desarrollo regional es un desafío permanente, este tipo de perfil resulta particularmente relevante.
No se trata aquí de lanzar candidaturas ni de iniciar campañas adelantadas. Nada sería más perjudicial para la universidad que convertir prematuramente este debate en una competencia política.
La reflexión es otra.
Lo importante es entender que la universidad ya está produciendo una baraja de liderazgos posibles: perfiles académicos, gestores públicos, líderes territoriales, egresados con proyección nacional.
Eso es, en realidad, lo que distingue a las instituciones maduras.
Porque el verdadero problema de una universidad no es cambiar de rector.
El verdadero problema es no haber cultivado suficientes líderes cuando llega ese momento.
Las grandes universidades del mundo no improvisan sus rectores.
Los forman durante años.
Por eso tal vez la pregunta más importante hoy no sea quién será el próximo rector de la Universidad del Magdalena.
La pregunta realmente importante es otra:
¿Estamos preparados para que el próximo liderazgo sea tan bueno —o incluso mejor— que el actual?
Si la respuesta es sí, entonces la universidad habrá demostrado que ha alcanzado algo mucho más importante que cualquier rectoría:
haber construido una institución capaz de producir su propio futuro.
¿Cuál creen que es mi favorito?
