Departamento
El estéril debate entre dos representantes de administraciones mediocres
Las confrontaciones entre el alcalde de Ciénaga y el secretario del Interior de Zona Bananera son una cortina de humo que desvía la atención de los verdaderos problemas de estos municipios. Y es que son los principales territorios más violentos del Magdalena, donde los homicidios, extorsiones y el sometimiento de las comunidades por actores armados ilegales se han normalizado.
Por: Arnol Sarmiento
El reciente cruce de señalamientos entre el alcalde de Ciénaga, Luis Fernández Quinto, y el secretario del Interior de Zona Bananera, Héctor Zuleta Rovira, no es un hecho aislado ni un simple episodio de confrontación política. Es, en esencia, la manifestación pública de una desconexión institucional frente a la crisis real que enfrentan ambos municipios: el colapso de la seguridad.
La discusión —cargada de reproches y acusaciones— abre una pregunta de fondo que ninguno de los dos funcionarios parece tener clara: ¿en qué realidad gobiernan, cuando sus territorios están entre los más violentos del Magdalena?
Y es que estos dos municipios se rajan en los índices de cualquier índole, en especial por su marginal gestión en la política de seguridad, que es lo que realmente mantiene a las comunidades de estos territorios huérfanas, sin dolientes y sin una representación que garantice la vida y el trabajo, frente a las extorsiones, panfletos y amenazas.
La verdadera realidad
Pero aquí es necesario aterrizar a estos dos funcionarios. En cuanto a Ciénaga, según registros de la plataforma de derechos humanos PDHAL, con base en Medicina Legal, se contabilizan 204 homicidios en los últimos dos años: 108 en 2024 y 96 en 2025, bajo la administración del alcalde Luis Fernández Quinto, lo cual demuestra que su política de seguridad ha sido nefasta y mediocre.
Cifras desmienten al alcalde: Ciénaga, el segundo municipio más violento del Magdalena
El contraste histórico es aún más revelador: antes de la actual administración, las cifras no alcanzaban estos picos. En 2020 hubo 41 homicidios; en 2021, 81; en 2022, 80; y en 2023, 67. El salto a más de cien asesinatos marca un deterioro evidente bajo el actual gobierno de Ciénaga.
Por su parte, el municipio de Zona Bananera refleja una tendencia aún más preocupante. En 2024 se registraron 74 homicidios, pero en 2025 la cifra escaló a 107, convirtiéndose en el segundo municipio más violento del departamento. No se trata solo de asesinatos: en este municipio, las extorsiones, panfletos y amenazas hacen parte del diario vivir de las comunidades y comerciantes, donde el control que ejercen estructuras criminales pasa desapercibido.
Zona Bananera se desangra bajo la fallida política de seguridad municipal
La disputa como cortina de humo
En este contexto, la confrontación entre Fernández Quinto y Zuleta Rovira no resiste análisis. Mientras ambos se enfrascan en un debate político estéril, los indicadores de violencia muestran administraciones sin resultados verificables en materia de seguridad.
El problema no es el cruce de palabras, sino lo que este oculta: la incapacidad de sus gobiernos para garantizar la vida, la integridad y el trabajo de sus pobladores.
Es así como el intercambio de acusaciones termina funcionando como una cortina de humo que desvía la atención del verdadero problema estructural: la consolidación de dinámicas criminales en territorios donde la institucionalidad ha perdido el control.
Y es que, mientras estas dos administraciones se salpican a través de sus funcionarios, las comunidades de Ciénaga y Zona Bananera viven bajo la presión criminal: son asesinadas, pagan extorsiones, reciben amenazas y enfrentan un entorno donde la violencia se ha normalizado.
Aquí no hay lugar para disputas retóricas. Hay una crisis de seguridad que se mide en vidas. El enfrentamiento entre funcionarios no solo resulta irrelevante, sino que confirma una realidad más preocupante: la seguridad en Ciénaga y Zona Bananera sigue sin dolientes institucionales.
