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Editorial & Columnas

Los votos del Caribe no anidan donde Paloma

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Por: Víctor Rodríguez Fajardo

Hay una preocupación latente, de esas que quitan el sueño, en las huestes de la candidata del Centro Democrático. Paloma Valencia, flamante ganadora de la Gran Consulta por Colombia, ostenta una cifra envidiable: más de tres millones de votos de los casi seis millones de la coalición. Sin embargo, el diablo está en los detalles —o en la geografía—: su respaldo en el Caribe colombiano es tan escaso que roza la orfandad.

La jornada dejó sorpresas que pocos vaticinaron. El santafereño Daniel Oviedo se convirtió en el «palo» de la elección con más de un millón doscientos mil votos, barriendo a figuras con mayor kilometraje en la geopolítica nacional como Juan Manuel Galán, jefe del Nuevo Liberalismo. La lista de derrotados es larga y eminentemente «cachaca»: David Luna, Vicky Dávila, Mauricio Cárdenas y Enrique Peñalosa. Para el argot costeño, todos son cachacos (es decir, cualquiera que viva de Pailitas hacia el interior o de Caucasia hacia la montaña). En ese cuadro de honor, no asoma ni un solo nombre con sabor a coco y anís.

A la tragedia de los guarismos se le suma un error histórico que hoy le pasa factura al uribismo: la testarudez de armar listas al Congreso con «amigos de Uribe, pero sin votos». Es la paradoja del círculo cercano al Ubérrimo; se rodean de lealtades inquebrantables, pero de urnas vacías.

Nombres como Honorio Henríquez, Carlos Meisel, Enrique Cabrales, María Angélica Guerra y Claudia Margarita Zuleta no son «varones electorales», son simplemente amigos del jefe (no son jefes naturales de votos.
Solo son cuadros leales).  Salvo contadas excepciones que no logran mover la aguja, el proyecto político más importante del uribismo carece de infantería en el territorio. Como dicen donde atraca el ferry en Salamina: «el pelao es llorón y la mamá que lo pellizca».

Para colmo de este nido solitario, el avistamiento de la «Paloma» en la parroquia caribeña se ve eclipsado por un rugido que viene desde la costa. Alex Char, el verdadero dueño de las llaves de Cambio Radical, ya se paró firme por la Patria. Con el tigre Abelardo de la Espriella rugiendo en cada capital a nivel del mar, resulta irrelevante si figuras menores como Farelo deciden posar o no en el nido de la candidata.

Los «sin votos» han salido a buscar lo que no tienen. Ante el desierto en el Caribe, la campaña de Valencia tendrá que ir a rescatar los 12 millones de votos necesarios para la Presidencia en las cumbres de las cordilleras, allá donde el cóndor pasa, pero que el frio disipa el calor humano caribeño.

No se confundan. Quien redacta estas líneas tiene su decisión tomada: votaré por Oviedo. No es por regionalismo ni por amiguismo; es porque Juan Daniel la tiene clara y, al parecer, Álvaro Uribe también. Por algo no dudó en ungirlo como fórmula vicepresidencial.