Editorial & Columnas
Santa Marta y la desalinización: una opción posible para enfrentar la crisis del agua(Parte I)
Por: DAVID DE LEÓN PÉREZ
Ingeniero Civil, Universidad del Magdalena (Col)
Especialista en Estadística Aplicada, Universidad del Atlántico (Col)
Magíster en Hidrosistemas, P. Universidad Javeriana (Col)
PhD (c) en Ingeniería del Agua y Medio Ambiental, U. Politècnica de València (Esp)
Más allá del debate político, la ingeniería nos muestra que traer agua del mar no es
una solución mágica ni exclusiva de un solo sector. Es una alternativa técnica real
que, si se integra con la renovación de tuberías, el cuidado ambiental y la unión de
las instituciones, puede darle un respiro definitivo a toda la ciudad.
Durante décadas, los samarios hemos mirado al cielo esperando que la lluvia resuelva nuestra sed. Santa Marta padece un déficit hídrico estructural que ya no soporta parches temporales. La literatura científica internacional demuestra que, en ciudades costeras y destinos turísticos vulnerables al cambio climático, independizar el suministro de agua de las variabilidades del clima dejó de ser un lujo y se convirtió en una necesidad ineludible. En este contexto, el proyecto de construir plantas desalinizadoras es una alternativa altamente viable. Sin embargo, para que esta megaobra sea exitosa, el debate público debe abandonar la polarización política y centrarse en la ingeniería, los hechos y las certezas operativas [Alamanos A., 2021; Rivera, D. & Donoso, G., 2025]
Uno de los mayores sofismas que ha rodeado este proyecto es la ubicación de la planta principal (de 600 litros por segundo) en el sector de Pozos Colorados. Se ha argumentado que esto beneficiará exclusivamente al corredor hotelero y al Rodadero, dejando de lado a los barrios populares. Pero la física nos introduce en un concepto revelador: el «balance de masas». Un acueducto funciona como un sistema de vasos comunicantes. Actualmente, a la zona sur se le envían, en promedio, entre 400 y 450 litros por segundo, provenientes de la Planta de Tratamiento El Roble y de los pozos de El SENA. Si instalamos la desalinizadora en el sur, no solo abasteceremos a los hoteles, sino a barrios históricamente marginados como Gaira, La Paz, Cristo Rey, Aeromar y, con una buena proyección, hasta Don Jaca. Pero el mayor impacto ocurre en el resto de la ciudad: al inyectar esta «agua nueva» en el sur, se liberan automáticamente esos 400 a 450 litros por segundo de las fuentes tradicionales. Esta enorme cantidad de agua dulce podrá redirigirse hacia el centro y el norte. En la práctica, una planta en el sur significa agua para todos los samarios.
No obstante, producir esta agua conlleva un reto ambiental que no podemos ignorar. El proceso de ósmosis inversa concentra las sales del mar, generando una «salmuera de rechazo». Devolver esta salmuera altamente concentrada directamente al océano, sin un plan de mitigación, provocaría un choque letal en nuestros ecosistemas marinos [Alghassab, M., 2024; Somashekar V. et al., 2023]. Aquí es donde la visión de futuro es clave: la ingeniería moderna sugiere proyectar la futura Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Sur en un lote contiguo a la desalinizadora. Esta simbiosis permitiría utilizar el agua residual ya tratada para diluir la salmuera antes de su vertido al mar. Más aún, aprovecharía el choque entre el agua dulce de la PTAR y el agua salada de la desalinizadora para generar energía limpia (mediante la tecnología de gradiente salino) y facilitar la extracción de minerales industriales, aplicando verdaderos principios de economía circular marinos [Somashekar V. et al., 2023].
A esto se suma el estado crítico de nuestra infraestructura. Inyectar agua desalinizada —cuya producción demanda una altísima cantidad de energía y dinero— en una red de tuberías obsoletas con más de 30 años de servicio es como echarle gasolina premium a un vehículo con el tanque perforado. El aumento de la oferta debe ir obligatoriamente acompañado de un plan de gestión de activos y de control de fugas [Alamanos A., 2021; Rivera, D. & Donoso, G., 2025].
Finalmente, los tubos no se conectan por sí solos; requieren una conexión institucional. El éxito de esta megaobra exige que la Nación, el Departamento y el Distrito trabajen con un mismo propósito. Además, es imperativo que la ESSMAR E.S.P., como futura operadora, sea el eje técnico del proyecto desde su concepción. Solo sumando a los líderes políticos, a los gremios hoteleros y a una ciudadanía bien informada, el agua en Santa Marta dejará de ser una promesa de campaña y será, por fin, una realidad al abrir la llave.
(En la Parte II de esta columna analizaremos con rigor los números: cuánto podría costar realmente producir un metro cúbico de agua, los retos energéticos y las tarifas proyectadas)
Referencias
Alamanos, Angelos; Water resources planning under climate and economic changes in Skiathos
island, Aegean. AQUA – Water Infrastructure, Ecosystems and Society 1 November 2021; 70 (7):
1085–1093. doi: https://doi.org/10.2166/aqua.2021.061
Alghassab, Mohammed A.; A review of hybrid solar desalination systems: structure and
performance. Water Sci Technol 1 March 2024; 89 (5): 1357–1381. doi:
https://doi.org/10.2166/wst.2024.042
Rivera, Daniela., & Donoso, Guillermo, eds; Droughts in Chile : Impacts, Monitoring, and Adaptation
(Management) Policies. 1st ed. 2025. Cham: Springer Nature Switzerland, 2025.
https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-031-85040-0.
Somashekar V., Vivek Anand A., Hariprasad V., Elsehly E. M., Kapulu M.; Advancements in saline
water treatment: a review. Water Reuse 1 September 2023; 13 (3): 475–491. doi:
https://doi.org/10.2166/wrd.2023.065
