Connect with us

Territorio & Poder

SI QUIERES QUE ME QUITE DE AQUÍ, ME VOY

Published

on

Por Víctor Rodríguez Fajardo

El día anterior habíamos recibido en las oficinas de Opinión Caribe al presidente de CAMACOL Magdalena. Lo atendimos con el respeto que merece cualquier persona que llega a nuestra casa periodística. Ayer, el gremio nos convocó «de manera urgente y especial» a un almuerzo en el piso 16 de la Torre 2 del Hotel Zuana Beach Resort para homenajear a líderes de la región. Esperaba encontrar la misma consideración.

Llegué y vi sillas disponibles, sin tarjetas ni indicaciones de reserva. Elegí una buena ubicación. Unos diez minutos después, una funcionaria se acercó a decirme que debía abandonar la mesa: estaba destinada a afiliados e invitados especiales. Los periodistas debíamos ir al mezanine.

Le respondí: «Si quieres que me quite de aquí, me voy». Y me fui.

Una silla puede parecer una minucia. Lo que incomoda es descubrir que la importancia atribuida a nuestra presencia en la invitación desaparece cuando llegamos. Uno organiza la agenda, se desplaza y acude a cubrir un acto porque considera que puede ser de interés público. Luego le informan, sobre la marcha, cuál es el lugar asignado a «los periodistas».

No pido una silla preferencial, comida especial ni un puesto junto a los homenajeados. Si la mesa estaba reservada, bastaba con señalarlo antes de que alguien se sentara. Mi reparo es que me pidieran levantarme diez minutos después y me enviaran a otro espacio por mi condición de periodista. Un invitado asiste. Un periodista va a trabajar. Confundir las dos cosas es el origen de estos tratos.

Este episodio toca una costumbre que conocemos bien en Santa Marta. En otros eventos aparecen frases como «su lugar es atrás» o «el bufé para ustedes es otro». La prensa aparece como urgente en la convocatoria y como residual en el salón. Cuando alguien protesta, se le responde que así quedó el protocolo. Y muchos periodistas aceptamos la explicación para no afectar la relación con una fuente de la que quizá mañana necesitaremos una declaración.

Ahí también nos corresponde una parte de responsabilidad. Cultivar relaciones profesionales es necesario; acostumbrarnos a callar ante las desconsideraciones, no. Las entidades pueden decidir cómo organizan sus eventos, y los periodistas podemos decidir si aceptamos esas condiciones. La cobertura no es una contraprestación por una invitación ni por un almuerzo.

No atribuyo al presidente de CAMACOL Magdalena la decisión de moverme de mesa. Digo que lo recibimos con respeto en nuestras oficinas y que, en el evento de la entidad que preside, yo no encontré un trato recíproco. Mi salida tampoco disminuye los méritos de las personas homenajeadas. Mi reparo es con lo que ocurrió cuando llegué a cubrir el acto.

En Opinión Caribe no hubo cobertura de aquel almuerzo. Si allí ocurrió algo de interés público, podremos examinarlo por otras vías. Irme fue una decisión sobre las condiciones en que se esperaba que trabajara, no sobre el valor de la noticia.

En esta casa periodística procuramos recibir con respeto a quien se sienta frente a nuestros micrófonos, sea gobernador, empresario, líder comunitario o un ciudadano que trae una denuncia. No siempre estaremos de acuerdo con lo que diga. Eso no cambia la atención que merece. Espero la misma consideración cuando llegamos a trabajar a la casa de otro, sea yo o alguien de mi equipo.

Por eso, si una oficina de prensa no puede garantizarme un trato respetuoso, prefiero que no me invite. Y si una mesa tiene destinatarios específicos, que lo indique antes de pedirle a alguien que se levante de ella.

Nos gusta decir que somos el «cuarto poder». Yo prefiero una tarea más difícil que buscar asiento en la mesa del poder: observarla, hacer preguntas y conservar la libertad de levantarnos. Somos un contrapoder. O deberíamos serlo.