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La Firma

Y se marchó Abudinen

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Por Rosa Daza

Karen abudinen es un personaje reconocido hoy por engrosar las vergonzosas listas de funcionarios públicos relacionados con actos de corrupción nacional.
Este personaje representativo de la fascinación del horror, públicamente manifestó que -a sus espaldas- contratistas del consorcio registrado con el nombre de Unión Temporal centros poblados, habían logrado robar al Estado la módica suma de 70 míl millones de pesos por concepto de anticipo al contrato que le fue adjudicado en medio de un proceso de licitación, al menos extraño.
Por esta razón ha sido citada en los pasados días de octubre a declarar en calidad de testigo ante la Honorable Corte Suprema de Justicia, pues suena en principio irracional, que no haya observado las irregularidades que hoy sabemos todos que existían en el consorcio ganador de la licitación que pretendía llevar internet a los colegios públicos del país, objetivo de la entonces ministra de las Tics, la Sra Abudinen.
Lo que no resulta para nada irracional, por el contrario, ya es costumbre política en nuestro país, es que en las pasadas horas la ex ministra Abudinen haya decidido viajar al exterior (y se marchó y a su barco le llamó libertad, como diría perales).

Si, la generadora del término que hoy debería ser marca registrada: “abudinear” se tomó un avión con destino a Washington y desconocemos cuánto tiempo se encontrará en el país del norte o si en efecto éste es su último destino.

Mientras tanto, la víctima de siempre: el pueblo colombiano observa con desánimo cómo una vez más éste escándalo de corrupción pretende desaparecer a partir de la actitud propia de sus protagonistas, precisamente la de abandonar el problema sin que alguien logre impedirlo.
Existen herramientas jurídicas serias para combatir la corrupción, normatividad amplia y muy severa para perseguir y sancionar a los responsables de estas conductas pero ¿por qué entonces no pueden ser efectivas? No falta el oportunista político, que en su papel de legislador pretenda ahora tramitar un proyecto de ley para modificar nuestro ordenamiento -una vez más- buscando una eficacia que no llega.
Evidentemente no son la normas nuestro mas grande problema, es la burocracia política, administrativa (incluida la del poder judicial) la que hace que los colombianos debamos indignarnos temporalmente y no alegrarnos -al menos una vez- de la eficaz aplicación de la justicia frente a un acto de corrupción como los que hemos visto desfilar, sobretodo en los últimos tiempos.
No sabemos si la ex ministra en efecto supo de las dificultades que se encubrieron en ese proceso licitatorio, no podemos hoy asegurar si hizo parte de ese plan criminal que se valió de los niños más vulnerables de este país para lucrarse del dinero de todos los colombianos, pero resulta al menos reprochable y preocupante que, haya decidido salir del país en este momento.

Un Estado amarrado a su aparato burocrático, no es social ni es de derecho, porque en el nunca veremos aplicar efectivamente las normas ni perseguir a los responsables del daño social o afectación a bienes jurídicos colectivos que este tipo de hechos de corrupción producen.
Y donde no hay respeto por los principios, valores y normas, ni correcta aplicación de las mismas, reina la impunidad, la arbitrariedad, la manipulación política y de clase, exactamente aquello que sentimos reinar en Colombia, donde al ciudadano no le queda más que indignarse, mientras ve desfilar por el aeropuerto a la ex ministra, al ex ministro, al alto comisionado, a la ex funcionaria del das… en fin.

Esperemos que este vuelo de Abudinen, no haya sido denominado por la protagonista de esta triste historia de corrupción: “libertad”.