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Feminicidios en Santa Marta, Magdalena: Una realidad alarmante e impune
El feminicidio en el distrito de Santa Marta, Magdalena, es un fenómeno alarmante que ha estado en constante crecimiento, pero que a menudo se encuentra en la sombra de la indiferencia y la impunidad. Lerber Dimas Vásquez, director ejecutivo de la Plataforma de Defensores de Derechos Humanos, Ambientales y Liderazgos de la Sierra Nevada, arroja datos y reseñas sobre esta problemática en un reciente escrito.
El feminicidio, según lo planteado por Russell & Harnes, se caracteriza por la falta de esclarecimiento de los casos, la falta de acceso a la justicia y la impunidad. Además, la impunidad en los casos de feminicidio en Santa Marta se ve influenciada por una memoria de la violencia de género que ha sido suprimida o manipulada a lo largo de la historia, una memoria marcada por el poder.
El feminicidio se produce en un contexto de dominación de género, clase, raza, etnia, edad, condición física y mental. Esto refuerza el concepto de que cualquier homicidio de una mujer es, en última instancia, feminicidio.
Para respaldar su argumento, Dimas Vásquez presenta varios casos de feminicidio en Santa Marta. Estos casos muestran la brutalidad de la violencia de género y la impunidad que prevalece en muchos de ellos. Uno de los casos destacados involucra a tres mujeres asesinadas en el barrio Garagoa en 2016, cuya ocupación como trabajadoras sexuales parece haber desviado la atención de la sociedad y los medios de comunicación de su trágica muerte.
«En 2016, fueron asesinadas tres mujeres con tiro de gracia en Santa Marta, en uno de los barrios que históricamente ha sido controlado por el paramilitarismo: Garagoa. Había una particularidad en este crimen: se trataba de mujeres que ejercían el trabajo de «actividades sexuales pagas». Nadie habló de la condición de miseria y dolor; nadie se pronunció, salvo algunos medios sensacionalistas para acrecentar el morbo y, algunos otros, lo hicieron tenuemente para registrar la noticia más no para generar la reflexión. Sáez, Valor-Segura, & Expósito (2012) plantean que: “esto es una forma de menospreciar a las personas y, en este caso, a la mujer, es cosificándolas, tratando al sexo femenino como objetos que se pueden usar a conveniencia, sin respetar sus sentimientos o pensamientos”. Fueron asesinadas por un poder oscuro que usó muchas veces su cuerpo para dominación y vejámenes, pero cometieron un “error”: le dieron escopolamina al suegro de un jefe paramilitar que hoy está en EE. UU., pagando una condena que ni siquiera corresponde a este caso y hoy, nadie recuerda este crimen atroz que está en total impunidad. Puntualiza el escrito.
«Otro caso: en 2013 fue asesinada la rectora de un centro educativo en el barrio Galicia de Santa Marta, la encontraron atada de manos y pies y con signos de violencia, según la Policía. Tenía 23 años y goza también de total impunidad. Pero incluso, en el mismo 2016, cuando se da el asesinato de las tres mujeres en Garagoa, -mencionadas anteriormente- casi que, con un mes de diferencia, se produce el feminicidio, de la dueña y rectora de un importante y reconocido, plantel educativo de Santa Marta. Hubo un indiciado y capturado que luego salió por vencimiento de términos. Estos ejemplos simplifican un poco la realidad jurídica dentro de una pluralidad de mujeres violentadas.»
El texto también aborda el concepto de feminicidio en el contexto de la guerra y cómo los actores armados contribuyen a la escalada de la violencia contra las mujeres. La relación entre armas, machismo y dominación de los cuerpos se convierte en un patrón que afecta a toda la sociedad.
Además, se destaca la problemática del transfeminicidio y se mencionan casos significativos en Santa Marta que resaltan la vulnerabilidad de las mujeres trans y la invisibilidad de su sufrimiento.
«Ahora miremos un poco el feminicidio en las mujeres trans o el transfeminicidio. Y casos significativos en Santa Marta en los que, si por una parte hay una imposición de las lógicas que no permiten acercar el feminicidio ni siquiera a la violencia institucional, pues el caso de las mujeres trans, sí que menos va a trascender por el lugar o el discurso político-cultural en el que no existe la otredad y donde ni siquiera hay luchas que se entrelazan: “la violencia feminicida que viven las mujeres trans, el sistema sexo/género cobra especial relevancia, dado que ha tenido como consecuencia la vulneración de los derechos, la invisibilización de la violencia sufrida, la revictimización y la impunidad” (De Dios, 2020). Debido a esto solo nos puede quedar en la retina nombres: Ariadna Barrios, Patricia Dumond, Christina Cantillo y Betty. Entre muchas más.»
En cuanto a las cifras, se señala un aumento constante de feminicidios en el departamento del Magdalena, con Santa Marta como uno de los principales focos. La inseguridad para las mujeres es evidente, y la impunidad y la normalización de la violencia en la sociedad agravan aún más esta situación.
«Las cifras de este año no dicen nada diferente a las del año pasado y a las de hace cinco años: aumento drástico, consecutivo e impunidad. Hasta el 31 de julio de agosto, el departamento del Magdalena tiene 22 feminicidios en donde sobresalen, Santa Marta con 10 y el municipio de Zona Bananera con 3 y de hecho en las mujeres es tan creciente la inseguridad, que no existen lugares seguros, ni horarios y por lo general no pueden andar solas. Luego, adicional a la estructura de impunidad, está la noción de que el cuerpo puede ser destruido; por lo tanto, desde niñas hasta ancianas son objetos de todo tipo de agresiones en un territorio que normaliza la violencia y exonera a los hombres culpabilizando a quienes deben ser: blancas, delgadas, femeninas, delicadas, débiles, bien puestas y con el uso apropiado de ropa.»
El texto concluye destacando la importancia de un cambio en las políticas públicas y la necesidad de descolonizar el pensamiento en la sociedad. Además, se enfatiza la importancia de perseguir a los culpables de feminicidio y cambiar la percepción de que estas mujeres son reincidentes dentro de un sistema que las condena a la muerte.
El feminicidio en Santa Marta es una realidad dolorosa y preocupante que requiere atención inmediata y acción por parte de la sociedad y las autoridades.
