500 AÑOS
Avenida del Ferrocarril: De los rieles y traviesas a eje urbano
En sus 500 años, Santa Marta conmemora también los caminos que la conectaron con el mundo. Uno de ellos, hoy convertido en avenida, nació como vía férrea para el transporte de banano, pasajeros y mercancías: esta es la historia de cómo el tren trazó la ciudad y dejó una huella que sigue vigente.
Por: Arnol Sarmiento
Durante más de un siglo, la actual Avenida del Ferrocarril ha sido una línea vital en la evolución de Santa Marta. Lo que hoy es una arteria urbana de alta circulación, fue en su origen el trazado de un ferrocarril que conectó el Puerto samario con el corazón agrícola del Magdalena, impulsando el desarrollo económico y moldeando el crecimiento de la ciudad.
Antes de que existiera la vía tal como la conocemos, en su lugar corría un antiguo camino de herradura. Ya en 1848 se planteaba la necesidad de construir un ferrocarril que uniera a Santa Marta con las zonas productivas del interior. Sin embargo, fue hasta el 1.º de abril de 1881 que se firmó un contrato clave entre la Gobernación del Magdalena y los empresarios Manuel Julián de Mier y Rovira, de origen samario, y Robert August Joy, ciudadano británico. Este acuerdo fue respaldado por la Ley 53 del 17 de junio de 1881, aprobada por el Ejecutivo Nacional.
A partir de esta alianza se creó la Compañía del Ferrocarril de Santa Marta, con sede en Nueva York y un capital de dos millones y medio de pesos. La empresa recibió apoyo estatal mediante un auxilio anual de $60.000,83 pesos, con el compromiso de construir y operar una vía férrea impulsada por vapor. El proyecto comenzó oficialmente el 17 de junio de 1882, cuando se colocó la primera piedra.
Cinco años después del inicio de las obras, en 1887, entró en funcionamiento el primer tramo entre Santa Marta y Ciénaga. El trayecto se extendió a Río Frío en 1892 y a Sevilla en 1894. Aunque el plan original contemplaba llegar más allá de Fundación, la línea nunca sobrepasó este municipio. Aun así, su impacto fue significativo.
Durante décadas, el ferrocarril fue el principal medio para movilizar la producción bananera de la región hacia el Puerto, desde donde se exportaba principalmente hacia Estados Unidos y Europa. Según registros de la época, alrededor del 70% de la carga transportada en la línea correspondía a banano, mientras que el 15% era de pasajeros y el resto, de mercancías diversas.
La estación central del ferrocarril se ubicaba entre las carreras 3.ª y 4.ª, cerca del Centro Histórico, convirtiéndose en un nodo de intercambio que atrajo comercios, alojamientos, bodegas y restaurantes. Este flujo constante de personas y productos transformó el entorno urbano y configuró dinámicas de ocupación del suelo que perduran hasta hoy.
Del vapor al asfalto: el trazo que modeló la ciudad
En 1890, la gestión del proyecto pasó a manos de la Santa Marta Railway Company, bajo el control del empresario estadounidense Minor Cooper Keith, quien más tarde estaría vinculado a la United Fruit Company (UFC). Esta compañía, clave en la consolidación del modelo agroexportador del Caribe, utilizó el ferrocarril como pieza logística para el envío de banano a gran escala.
Además del impacto económico, el trazado del tren también influyó en la configuración de la ciudad. Su recorrido —que comenzaba en el puerto y atravesaba lo que hoy es la Avenida del Ferrocarril— sirvió de referencia para la expansión, la apertura de nuevas rutas y la consolidación de zonas de comercio y servicios. Santa Marta creció literalmente sobre rieles.
Con el tiempo, y ante la transformación del sistema de transporte nacional, el tren perdió protagonismo. Las locomotoras dejaron de recorrer la línea férrea y el espacio fue adaptado progresivamente como vía vehicular, dando lugar a la actual Avenida del Ferrocarril. Esta conserva su nombre original y se ha convertido en una arteria clave del tránsito urbano, conectando el Centro Histórico con los sectores nororientales de la ciudad.
Hoy, la avenida no solo articula zonas estratégicas como la Terminal de Transportes, el Hospital Universitario, instituciones educativas y áreas comerciales, sino que también conserva un importante valor simbólico. La locomotora exhibida en su separador central, a la altura de las antiguas bodegas de Dole, es recordatorio tangible del pasado ferroviario de Santa Marta.
El legado del tren sobrevive no solo en la memoria de los samarios mayores, sino en la configuración misma de la ciudad; barrios como La Lucha, La Ciudadela, Bavaria, Los Alcázares, Boston, La Territorial y hasta el actual Mercado Público por citar algunos, surgieron a partir del crecimiento orientado por la vía férrea, consolidando a la Avenida del Ferrocarril como columna vertebral del ordenamiento territorial en el oriente de Santa Marta.
Finalmente, la conmemoración de esta fecha histórica invita también a mirar hacia el futuro. Así como el ferrocarril integró territorios y dinamizó la economía, la planificación urbana contemporánea debe recuperar esa vocación de conexión. Preservar la memoria de infraestructuras como esta, valorarlas en su dimensión cultural y funcional, puede ser una herramienta útil para proyectar una ciudad más ordenada, equitativa y con sentido de continuidad histórica.
Fuente: Panorama Fundanense
